Pobre condición humana

Por Wilson Tapia Villalobos

En medio de anuncios apocalípticos, los seres humanos parecen esperar con ansiedad el fin del 2012. Y si bien esas miradas son rechazadas por el ámbito científico y positivista, el mundo no muestra un aspecto muy alentador. Aunque, justo es precisarlo, ese cariz no proviene sólo del a veces inasible mundo esotérico, ni de un planeta enloquecido por cambios incomprensibles de Gaia. Hay tensiones provocadas por el agotamiento de un sistema, de una manera de organizar la sociedad, de una forma de repartir la riqueza. Las convulsiones que sacuden distintas latitudes no tienen un solo origen.  No se pueden atribuir a exceso de ideologización. Más bien responden al agotamiento ciudadano ante la contradicción, la incoherencia entre la propuesta y la acción. Al rechazo frente al pisoteo de valores que los mismos referentes sociales se encargaron de imponer, pero no de respetar.

Una manifestación evidente de lo que sostengo es el ejercicio de la política.  Me refiero a la política como columna vertebral de una sociedad equilibrada. Ésta hoy se encuentra en crisis.  Su valoración es mínima y cada día da más razones para devaluarla.

Chile y Perú  llegaron hasta la Corte Internacional de La Haya a dirimir diferencias.  Fue por un reclamo peruano relacionado con límites marítimos. Chile aceptó ir a ese foro.  Una demostración de integración a un mundo en que las diferencias se resuelven con apego a derecho. Lejos del ambiente guerrerista que dio origen a las diferencias. Dos naciones que han tenido problemas graves en el pasado llegaban, respetuosas del orden internacional y del nivel que se esfuerza por mostrar la civilización, a una Corte Internacional. Una imagen idílica de cómo ha avanzado el mundo desde que Perú y Chile se desangraron en una guerra en el siglo IXX. Pero esto parece ser sólo un envoltorio.  El contenido sigue siendo el mismo de antaño. Al menos así lo muestran los medios de comunicación. Y provoca un resultado que es totalmente contrario al que aconseja la sana convivencia.

Antes que comenzaran los alegatos, ex presidentes chilenos se reunieron con el actual jefe de Estado, Sebastián Piñera.  Una manifestación de unidad nacional.  Allí estaban tres ex mandatarios -Patricio Aylwin, Eduardo Frei y Ricardo Lagos- militantes de lo que hoy es la oposición. A la salida de la reunión, Frei enfatizó que en La Haya no habría fallo salomónico, sino una definición jurídica acerca de los Tratados vigentes. Una frase de pocas luces, seguramente estimulada por lo ocurrido en el diferendo, también abordado por la Corte Internacional, entre Colombia y Nicaragua. Lo que lleva a preguntarse: ¿Si los jueces no deben fallar de acuerdo a su criterio, sino al de los recurrentes, para qué perder el tiempo haciendo la presentación?

En fin, puede que Frei haya tenido un desliz. Pero luego vinieron las informaciones de los medios. Perú había comenzado sus alegatos.  Y como se presentaron en la prensa chilena, la Corte Internacional estaba de más. Cualquiera fuera la solución que se alcanzara, las heridas serían profundas.  La epidermis del pueblo chileno quedaría con llagas difíciles de restañar. Según los representantes del Perú, Chile había falseado los hechos, mantenía una actitud altanera negándose al diálogo, sus posturas eran inciertas. Y los esfuerzos dialogantes del Perú se habrían estrellado en una muralla de incomprensión y arrogancia.

Hoy comienza la presentación chilena.  Ya se ha anunciado que será menos altisonante que la peruana.  Pero eso no ha sido óbice para que autoridades de distinto rango y dirigentes políticos de pelaje diverso, descalifiquen a los vecinos. Las heridas ahora comienzan a producirse al otro lado de la frontera.

Ante tal realidad, justo es preguntarse: ¿Para qué recurrir a la Corte Internacional si la beligerancia iba a ser mostrada sin tapujos, envenenando el entendimiento entre los dos pueblos? ¿Se olvidaron los dirigentes de ambos países que lo que hoy negocian es producto de una guerra? ¿Olvidaron los dirigentes peruanos que las heridas de esa guerra han sido mantenidas con esmero durante más de un siglo? ¿Si lo que buscaban era aumentar la incomprensión, para qué ir a La Haya? Y en Chile ¿ésta más de una centuria no ha dejado ninguna lección? ¿Hasta cuando la actitud altanera que sólo dificulta seriamente la relación con dos de los vecinos -Perú y Bolivia- con quienes compartimos fronteras y nos debilita en el concierto latinoamericano? Porque hay que ser realistas, en la actualidad La Moneda cuenta sólo con dos aliados seguros: México y Colombia.

Pero independiente de la miopía local, hay verdades que son globales. Y una de ellas es la que provoca la falta de coherencia. El Derecho Internacional, entre otros objetivos, busca evitar las confrontaciones.  Pero éstas no sólo son enfrentamientos armados -que hoy difícilmente podrían llegar a producirse sin la anuencia del poder central- esencialmente las constituyen la falta de comprensión, respeto y cariño, entre pueblos hermanos.

La triste condición en que se encuentra la política a nivel mundial hace que olvidemos que el avance de la Humanidad no se mide por el crecimiento del intercambio comercial. El verdadero desarrollo está en superar intereses secundarios y avanzar hacia la unión entre los seres humanos. Mientras eso no se entienda, nuestra condición seguirá siendo pobre, por más Cortes Internacionales que existan. Es posible que eviten guerras. Pero continuará proliferando el envenenamiento de la mente.  Eso nos llevará a estar cada vez más lejos, aunque tengamos que compartir extensas fronteras. Y, lo peor, es que todo el daño será para beneficiar a tres o cuatro familias propietarias de grandes empresas pesqueras. Porque eso es lo que está en juego en el “conflicto” peruano – chileno.

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