Periodistas proponen Código del Ciudadano

Periodista Carlos Oliva Quezada

El destacado periodista Carlos Oliva planteó al Colegio de Periodista la iniciativa de difundir un Código del Ciudadano. Inició su exposición con las palabras del Premio Nobel de Literatura Camilo José Cela:

“El periodista no es el eje de nada, sino el eco de todo”.

Y es en virtud de esta semblanza que hoy me encuentro aquí, para hacer oficial una sugerencia entregada al Colegio de Periodistas hace algunas semanas.
Igual como en la redacción de las noticias, lo primero es el desenlace: Por eso es que debo comenzar por informarles que he propuesto una especie de Código del Ciudadano, algo así como una normativa que pueda darnos, a la comunidad toda, un aporte para hacer de nuestras relaciones cotidianas un todo más armónico, más amistoso más fraterno, más tolerante, más solidario, y que, por cierto, pueda ayudarnos a convivir con nuestras legítimas diferencias.
Los periodistas no somos eje de nada, pero si eco de todo.
Ciertamente, no somos los periodistas los únicos que hemos podido palpar una realidad que inquieta, a veces conmueve, no pocas veces irrita y en muchas ocasiones es preferible hacerse el desentendido frente a ella.
Los tiempos en que vivimos han significado una notable disminución del aspecto valórico en nuestras relaciones del día a día.
La competitividad nos aturde. En diversos frentes prevalece la búsqueda de la eficiencia a todo evento.
El entendimiento a través del diálogo no siempre es posible de lograr, lo que genera, de manera frecuente, severos conflictos.
Las metas de los equipos de trabajo, muchas veces, se postergan porque se hacen más fuertes y poderosas las metas individuales.
La solidaridad se hace escasa o nula.
Surge de manera natural en los jóvenes la ambición de Tener más que Ser.
La generosidad quedó extraviada en algún lugar. No es habitual ver gestos amistosos y de fraternidad plena.
El saludo cordial, el dar las gracias o pedir por favor, no son ya marcas registradas en nuestro lenguaje habitual.
Por su cortesía y caballerosidad, a los chilenos se los bautizó hace algún tiempo como los “ingleses de América”. Los tiempos han cambiado. Desde afuera ahora nos miran con cierta curiosidad por nuestros niveles económicos. Y es que nos tuteamos con grandes números, con enormes cifras en variados aspectos. Estos índices, que pocos pueden discutir, no son, sin embargo, necesariamente sinónimo de felicidad o al menos de igualdad.
El encono y la agresividad le han sacado enorme distancia a la tolerancia y al respeto hacia los otros.
Hablamos demasiado, pero escuchamos poco.
Cuánta gente ha multiplicado sus posesiones económicas, pero ha reducido sus principios valóricos.
Hay gente que tiene gran dominio de ciertas especialidades, pero no tiene prudencia, no tiene tino, carece de tacto.
Hay un gran grupo de dirigentes y líderes, a los que se les extravió en algún momento, el sentido común.
Con este panorama se mezclan hoy los niños y los jóvenes de nuestro país.
Es, precisamente, porque pretendemos dar mejores ejemplos, que los periodistas de Concepción venimos a sugerir lo que hemos llamado el Código del Ciudadano.
Se trata de ideas sencillas, pero tremendamente significativas, que al ser aplicadas con disciplina y sincero compromiso, podremos encauzar una convivencia más plena, de mayor respeto y de mayor confianza.
Es una propuesta que hoy pregonamos en el plano regional, pero que perfectamente podría extenderse al plano nacional.
Reitero,
Los periodistas no somos el eje de nada, pero sí somos el eco de todo.
Hemos visto reiteradas situaciones complejas y conflictivas que comprometen a personas, a grupos, a organizaciones. No han sido buenos ejemplos. Lo más en boga es la colusión de las farmacias. Bien sabemos que hay otros tantos malos ejemplos. Sin ir muy lejos, hoy conocimos un nuevo informe de Transparencia Internacional y sus resultados no son, precisamente, favorables a Chile. El asunto de la corrupción sigue creciendo y el enfoque principal envuelve a los partidos políticos.
Vivimos en la era de la inmediatez. La prisa es unos de los signos de nuestra época. El hombre moderno vive apresuradamente, corriendo de acá para allá, devorando el tiempo. En su intento de tratar de hacerlo todo, algo o más de algo le sale mal. Nos queda poco tiempo para la charla franca y amena. No son muchas las familias que mantienen la costumbre. El mínimo tiempo de que disponemos nos obliga a seguir, muchas veces, el camino más corto, el más cómodo, el más rápido o el más peligroso.
Una de las demandas más repetidas en el último tiempo de la comunidad nacional, es el mejoramiento de la educación. No obstante, en muchos discursos ha estado ausente el elemento fundamental en la pirámide. Me refiero al profesor. Gran personaje, que ha tenido que ceder paulatinamente el lugar de privilegio que siempre tuvo en nuestra sociedad.
Es esta misma sociedad, iluminada por un creciente materialismo, que a nuestro juicio, requiere cambios.
Qué duda cabe de que hoy necesitamos desprendernos de los espejos y disponer de más ventanas. Es preciso salir del enorme individualismo que nos aqueja. Lo mío, sólo lo mío, debe dar paso a un equilibrio, donde también esté presente lo suyo, lo de él o lo de ellos.
Es en virtud de esa imagen descrita, que los periodistas de Concepción levantamos nuestras voces para hacer esta proposición.
Pretendemos el apoyo de todos los colegios profesionales, de todos los organismos representativos de la sociedad, y de todos aquellos que se sientan identificados con el propósito central que esta invitación tiene y preferentemente de las autoridades, de modo especial de las educacionales, de manera de insertar este código entre las materias a compartir con los estudiantes de la enseñanza básica y media.
Buscaremos el apoyo de las fuerzas vivas de nuestra comunidad y esperamos tener el pleno respaldo de todos los medios de comunicación, de manera de poder estructurar una campaña promocional acorde con los nobles objetivos que tiene esta iniciativa.
Este conjunto de normas que se sugiere, no pretende cubrir todas las situaciones a que cada ciudadano se ve enfrentado en el diario vivir. Además, no se puede omitir, a la hora de actuar en sociedad, el cúmulo de leyes, decretos, reglamentos y otro tipo de disposiciones que regulan nuestra convivencia. No obstante, esta iniciativa sí se puede tener en cuenta como un genérico referente que ayude, en definitiva, a que podamos encauzar nuestro esfuerzo hacia una convivencia más estrecha, más fraterna, más tolerante, más solidaria.

¿En qué consiste nuestra sugerencia?

He aquí los diez artículos que conforman este Código del Ciudadano:

Código del Ciudadano

1.- La familia es el núcleo fundamental de nuestra
sociedad. Debemos estimular su unidad.
2.- La responsabilidad debe marcar cada una de
nuestras actividades educacionales, laborales,
vecinales, recreativas.
3.- Debemos respeto a todo ser humano, lo que debe
expresarse en la tolerancia hacia sus ideas,
principios y proyectos.
4.- Un pueblo inclusivo se previene de muchas
discriminaciones.
5.- La libertad es un valor regulador de nuestra
convivencia cotidiana, pero como derecho se
termina donde empieza la libertad de otros.
6.- La democracia es signo de paz, a la que todos
debemos contribuir con claras demostraciones de
generosidad y compromiso cívico.
7.- La fortaleza hace grande a los hombres. Hay que
afianzarla cada día.
8.- Las tecnologías son sólidas herramientas de las
que las personas pueden disfrutar, pero nunca
debemos ser sus esclavos.
9.- La serenidad y la prudencia son un poderoso
sustento que nos ayudan siempre a tomar mejores
decisiones.
10.- Un país que vive en torno a su democracia,
estimula la convivencia en un ambiente de justicia.

Estimados amigos:
A nombre del Consejo Regional del Colegio de Periodistas, agradezco vuestra atención. De paso os solicito que tengáis la gentileza de volver a leer este Código del Ciudadano, analizarlo y discutirlo con vuestro entorno. Estamos seguros de que habrá de multiplicarse, en corto plazo, el conocimiento y, ojalá, la aprobación que se pueda dar a estas ideas.
Para nosotros, los periodistas, habrá de quedar, en una fecha tan especial, la satisfacción de haber presentado ante la opinión pública una noble iniciativa, que no responde sino a ese concepto que hoy he repetido con orgullo:
“Los periodistas no somos el eje de nada, pero si somos el eco de todo”

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