Para Chile, una sociedad de la Igualdad

A un año del proyecto constituyente…  / MPL

El 19 de Octubre del año 2009 se dio inicio a uno de los proyectos más ambiciosos de la historia de Chile: la unión de la izquierda política, de la izquierda social y de las grandes mayorías que creen en un Chile distinto. Esta posibilidad histórica está conferida porque los movimientos sociales, somos también los motores de otra izquierda. Estamos unidos, tenemos estrategia, programa y política. Luchamos contra un sistema injusto y desigual y proponemos un Chile democrático, igualitario y feliz. Sabemos que la estrategia no se reduce a la conquista del Estado sino se proyecta a la transformación de las relaciones de poder y la construcción mancomunada de una nueva sociedad, una que los pueblos libremente elijan en un proceso constituyente. Pero también sabemos que las redes de solidaridad, amor y cooperativismo  que construimos diariamente requieren del control de aparato público para su reproducción masiva. Nuestro proyecto no es el futuro, es el presente. La construcción permanente de institucionalidades sociales que vayan forjando este Chile distinto al punto máximo de copar el Estado y dispersarlo entre todas y todos.

El presidente Evo Morales en la 2da reunión de Unión Sudamericana en Cochabamba señalaba que los nuevos gobiernos en la región debían tener como horizonte el “Vivir Bien”, la nueva Constitución de Ecuador se propone el “Buen Vivir”, y el documento central de la Nueva República Bolivariana de Venezuela declara como línea estratégica la conquista de la “Suprema Felicidad Social”.  En Chile algo está pasando, desde este fuego de encuentro se habla de una “Vida Buena”, una comunidad organizada en equilibrio colectivo, con respeto a la naturaleza, en armonía familiar y en plenitud corporal y espiritual.

El proyecto de la Igualdad reconoce, al igual que estos nuevos paradigmas, que no necesitamos ni vivir mejor que antes ni vivir mejor que otros, sino más precisamente Chile requiere de una forma diferente de relacionarnos, una manera distinta de construir país. Se necesita de un horizonte que se aleje de la idea del progreso de la modernidad y que se inspire en las cosmovisiones, saberes y prácticas de los pueblos de nuestra Amerindia.

Estas nuevas formas de ser, saber y actuar en el mundo, que empujamos las igualitarias e igualitarios se oponen al concepto dominante de “desarrollo” como trayectoria lineal y obligada de los Estados, y al crecimiento económico como fin irrenunciable de los gobiernos. Evidencias sobran acerca de las consecuencias nefastas que ha provocado este paradigma en las naciones del Sur. Un régimen económico que produce una concentración brutal de la riqueza y por defecto hambre y miseria; un esquema laboral que genera trabajo penoso e inseguridad; un sistema político que reproduce un Estado al servicio de intereses corporativos y la exclusión de bastos sectores de la población; una matriz productiva depredadora de la naturaleza; y un sistema de valores que exacerba el individualismo consumista y que niega la diversidad (sexual, etárea y étnica) del género humano. En definitiva es un sistema civilizatorio que produce un estadio de desigualdad y de injusticia global donde la mayoría de la población mundial sufre los privilegios de un grupo reducido; patrón similar al que ocurre dentro de nuestros países.

Hay algo claro: no necesitamos progresar, ni de una etapa más avanzada de lo que está, requerimos de un proyecto alternativo. Una perspectiva centrada en el proyecto de la Vida Buena, no busca ciegamente tener mas educación, mas trabajo, mas vivienda, mas salud, sino se pregunta -mirando hacia la libertad- sobre qué educación, qué trabajo, qué vivienda, y qué salud queremos para construir una sociedad feliz, igualitaria y radicalmente democrática.

En efecto, el paradigma de la Vida Buena contraviene la idea de desarrollo desde un pensar el tiempo de otro modo. No debemos superar nada; no hay proceso lineal que establezca un estadio anterior o posterior. No hay visión de un subdesarrollo que debe ser superado ni de un desarrollo que debe ser alcanzado a toda costa. También acecha al paradigma del desarrollo desde una comprensión del mundo diferente. Asume que la naturaleza tiene vida y por ello derechos. Somos todos (humanidad y naturaleza) un todo en relación permanente; por cual un sistema que atenta contra la vida natural es un sistema que se autodestruye, es un sistema de la muerte. Y además enfrenta la idea del desarrollo desde una posición ética, que supera la racionalidad y la maximización de beneficios como razón de ser, y la sustituye por nuevos principios y valores de convivencia fundamentados en la solidaridad, la armonía, la cooperación y  el reconocimiento.

En definitiva el buen vivir, el vivir bien, la felicidad y la vida buena, todos ellos son un cuestionamiento radical a las ideas tradicionales de la modernidad, a su mal desarrollo y sus malos gobiernos, y se presenta como la oportunidad para construir colectivamente un nuevo régimen de organización de la vida, en Chile y en América toda.

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Foto mutan rashen

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