Obispo de Aysén: necesitamos nuevo modelo económico y cambio cultural profundo

EVARED

Al concluir el año Bicentenario de la Nación chilena, durante la Eucaristía del Te Deum de las Fiestas Patrias, Luis Infanti De la Mora, osm, obispo Vicario Apostólico de Aysén, levantó su voz indignada y  profética contra el modelo de sociedad que cada vez más se aleja  del bien común y del Evangelio.

Haciendo un paralelo entre el templo de Jerusalén (casa de Dios) que había sido transformado en mercado, y la sociedad chilena que ha endiosado las leyes y las exigencias del mercado, por sobre la dignidad, la solidaridad, el bien común; el obispo dijo, que había llegado el momento también de hacer cambios profundos por la paz social y por el bien de la Patria, al igual que hizo Jesús cuando “echó a los vendedores, y derribó las mesas desparramando el dinero por el suelo”.

“La reacción, los gestos y las palabras de Jesús, son profecía también hoy, cuando queremos celebrar nuestra independencia y libertad, nuestra pascua nacional, y sin embargo reconocemos con asombro e indignación que hemos hecho que el mercado global sea nuestro templo”, cuestionó monseñor Infanti.

El obispo de Aysén dijo que hemos cambiado a Dios por el ídolo del dinero, del poder, “adoramos al dios-dinero a tal punto que lo usamos para engañar y abusar de los hermanos. Con el dinero y por dinero estructuramos tal poder, hasta llegar a marginar y esclavizar más a las personas y a depredar y destruir más a la amada tierra en que vivimos”.

Las leyes han sido endiosadas y las exigencias del mercado también por sobre la dignidad, la solidaridad, el bien común, los derechos y los deberes de las criaturas de Dios, denunció Infanti.

Refiriéndose al malestar de amplios sectores sociales en los últimos meses, cuestionó el afán de lucro en la educación, en el comercio en la salud, el afán de lucro en el comercio de los fármacos, en el agua potable, en el comercio de las semillas, en la energía, en la minería, “nos desgastamos en largas discusiones para fijar los límites de un sueldo mínimo para los trabajadores, y por otro lado dejamos infinito liberalismo para los sueldos máximos y el descontrol de las ganancias”, señaló el obispo.

“Necesitamos reconocer que la economía no es sólo un problema técnico y político, sino esencialmente ético, en que debe prevalecer el bien común, la equidad, la solidaridad, la austeridad, el respeto por los derechos y deberes de las personas, especialmente de los más débiles, y de la madre tierra, de la cual somos íntimos integrantes”, exigió el pastor.

Dijo que amplios sectores sociales exigen cambios de fondo a nivel social, económico, político, jurídico, espiritual. “Necesitamos un cambio cultural profundo que requiere tiempo, sabiduría, generosidad y buena voluntad”.

Así como Cristo, en el templo de Jerusalén echó fuera a los vendedores, abusadores y comerciantes, porque no quiso renovar, sino que quiso destruir ese modelo mercantil en que habían transformado al templo, e “instauró un templo nuevo”, con signos y presencias nuevas; así también necesitamos de la “ acción propia de Dios” para  “edificar, resucitar”, para  hacer de Aysén, de Chile y de América Latina una tierra de Dios, una “mesa para todos, sin excluidos de los bienes y de las decisiones relevantes que atañen la vida”.

Coyhaique, TE DEUM 18 de septiembre de 2011

Foto lost_for_woods

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