¿Nueva política?

Wilson_TapiaPor Wilson Tapia Villalobos.-

La política comienza a redibujarse a nivel mundial. La derecha surge fortalecida con fórmulas antiguas y la izquierda genera propuestas que borronean su imagen tradicional. Pareciera que nada es nuevo.  Sin embargo, resulta evidente que las exigencias ciudadanas han obligado a un profundo análisis de los estamentos valóricos que, hasta ahora, soportaban las ideologías políticas. La aparición de factores, el empoderamiento de sectores postergados, el descrédito de las instituciones tradicionales, la violencia, la corrupción, han creados escenarios inéditos. Y allí, mientras los políticos tradicionales se hayan empantanados, la nueva generación lanza propuestas que, hasta el momento, tienen por sustento más emocionalidad que realismo.

Hasta ahora son respuestas que intentan acomodarse a los esquemas conocidos de izquierda y derecha. Una división que, cada vez resulta más evidente, no será la que imperará en el futuro.  Al menos no como se ha conocido hasta ahora.  En Europa, los desafíos de la inmigración han obtenido réplicas que parecían superadas. El último país es sumarse a la lista de gobiernos derechistas ha sido Italia. El primer ministro (Presidente del Consejo de ministros) es Giuseppe Conte. Su ministro de Interior Matteo Salvini, ha sido implacable con los inmigrantes y ha rechazado los barcos de las ONG que colaboran en los salvatajes de miles de estas personas en el Mediterráneo.

Para la mirada del actual gobierno italiano, los problemas económicos que soporta el país provienen de la carga que significan los inmigrantes.  Cuestión que aún es más determinante en el desempleo, sostiene. Estas argumentaciones ocultan los reales problemas de la economía italiana, que no son nuevos como lo es el incremento de la inmigración. Pero tales posturas atraen electores entre los desempleados y de una masa rural y urbana con bajos niveles de preparación técnica y escasos grados educacionales.

La postura del régimen de Conte logra resultados semejantes a los que cosecha Donald Trump, en los Estados Unidos, con su retórica xenófoba, aislacionista y ultra conservadora. Según las últimas mediciones, el presidente norteamericano ha subido en el apoyo de los electores, llegando al 45% de aceptación. De allí que a nadie sorprendió que en la reciente visita que Conte hizo a la Casa Blanca, Trump hablara de él como “su nuevo amigo”.

Sin embargo, en todas partes las tácticas no son iguales. En cada región, los esquemas que se aplican obedecen a problemas puntuales. En América Latina, si bien la derecha tiende a seguir los cánones que se imponen en Europa, también se adecua a las circunstancias locales. El racismo es aplicado cuando la inmigración sobrepasa su sensible tolerancia al color de la piel, Pero, en general, hay otras urgencias. En Chile, por ejemplo, en el segundo gobierno del presidente Sebastián Piñera han desaparecido las imágenes religiosas católicas de los ministerios. Ahora se acerca más a las jerarquías protestantes.  En ello influye, sin duda, la baja del prestigio de la curia católica. Y, también, la creciente afición de los protestantes por ingresar raudos en la política, confirmando que desde allí también se ha buscado siempre el poder. Por ello es que la voz gubernamental se levanta crítica y fuerte sólo en temas que tienen significado relevante, como el aborto libre. Pero ya están llanos a aceptar las tres causales, y ante las reivindicaciones feministas se opta por un silencio que habla a las claras de una capacidad de adaptación bien impuesta.

En la izquierda, la búsqueda resulta más compleja. Mientras la derecha intenta adecuar sus postulados conservadores a las nuevas exigencias, la izquierda no encuentra un nuevo paradigma como lo era el mundo idealizado del comunismo. Y hoy somos testigos de cómo los líderes muestran un pragmatismo que, a veces, no cumple con las exigencias ideológicas tradicionales. Un ejemplo que pareciera ser exitoso de ello, es China. Ya convertida en una de las dos principales potencias mundiales, en lo económico es una buena muestra de exitoso capitalismo, mientras en lo político sigue sin aplicar los cánones tradicionales de la democracia.

En Cuba, la nueva Constitución no identifica como fin último al comunismo, se abre a las reformas económicas implementadas durante el mandato de Raúl Castro y acepta el matrimonio homosexual. La llegada al poder de Miguel Díaz-Canel, no sólo representa la aparición de una nueva generación de dirigentes, sino que es posible esperar adecuaciones más rápidas a los cambios que se están experimentando en el mundo. Y esto es especialmente significativo en naciones en que la revolución socialista caló profundas estructuras. Estructuras que se basaban en esquemas tan conservadores -y aún más- como los que ocupaban las sociedades capitalistas más retardatarias. Hoy parece razonable preguntarse si sería posible un mundo mejor administrado por Partidos que hasta ahora no habían dejado de lado el machismo y que la libertad en las preferencias sexuales no era considerada. Como como en todo el mundo, éstas son posturas que dejan huellas profundas difíciles de superar.  Es cuestión de mirar hacia lo que era la cabeza del mundo socialista.  Allí está Rusia, en que la administración del presidente Vladimir Putin aún no supera estos resabios y, es más, los enarbola como bandera triunfal de campaña.

Hasta ahora, los signos que anuncian una nueva política son variados y difusos. Lo único claro es que donde el miedo -al delito, a la violencia, a la fragilidad de las fuentes laborales-  es mayor, se seguirán imponiendo regímenes de derecha. Mientras tanto, izquierda y derecha tendrán que seguir buscando para mostrar una real cara nueva de la política….hasta ahora desconocida.

Encuentra y comenta este y otros Aportes en: http://www.wilsontapia.cl

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