No saber y omitir

Por Samuel Jiménez

Lo que sucede en Chile es que la institucionalidad ha perdido credibilidad y capacidad para conducir la movilización de su pueblo, que se manifiesta en las calles por diferentes motivos, pero todos unidos por un mismo factor, el abuso.

La implementación del sistema económico en los años del gobierno militar se ha mantenido con las administraciones de los 5 gobiernos civiles luego del proceso de recuperación de la democracia.
Si no es posible utilizar en tribunales como atenuante el “desconocimiento de la leyes”, que se suponen conocidas por todos, tampoco es posible que la “clase política” que está concluyendo su ciclo, se excuse alegando un “no saber” sobre la existencia y efectos que han tenido las AFP y las facilidades para actuar de los bancos, cobrando intereses que exceden los criterios de trato justo y que comprometen la estabilidad de su propio sistema.

El Congreso y los Gobiernos civiles viven una situación de crisis, el poder de los partidos de gobierno y oposición, es meramente administrativo, facilita la inscripción de candidaturas y se reduce en directivas que sin el apoyo de los medios de comunicación, especialmente la televisión, simplemente serían entidades en condición de olvido.

A la clase política y la institucionalidad chilena se le ha muerto su cuerpo y sólo queda de ella un alma debilitada, que espera su proceso conclusivo. El pueblo está en las calles exigiendo el fin de los abusos de bancos y AFP, exigiendo cuentas sobre la explotación de la minería, haciendo ver la necesidad de una política publica que permita a la agricultura preservar sus potencialidades, proteger el suelo y las aguas disponibles.

Es necesario que en situaciones como las actuales la comunidad logre construir sus propuestas y asumir la responsabilidad de su propio destino, para ello las elecciones municipales pueden ser un ejercicio de acuerdos y programas comunitarios, de liderazgos reconocidos, con trayectoria y con acento comprometido en la participación y organización.

Los medios de comunicación no se pueden sumar al argumento de “no saber” para hacerse cómplices de la extensión del abuso y la exclusión, deben sincerar posiciones, reconocer y explicitar sus apoyos a los representantes del sistema que vía publicidad financia su existencia.

En estos 40 años al país se le impuso un sistema que hoy muestra sus efectos en las actividades económicas, marcadas por la dependencia, en los sistemas de educación y salud que cada vez se han comprometido más con la idea del negocio y distanciado de la calidad y el servicio.

Tendremos una población de más de 4 millones de personas mayores de 60 años, que han financiado con sus dineros en las AFP el abuso y la ganancia de unos cuantos grupos de poder y que no tendrán ingresos suficientes para garantizar su derecho a la alimentación y la salud. El 70% de ellos ganará menos de un ingreso mínimo mensual.

Todos estos temas son de conocimiento de la clase política y su institucionalidad, son conocidos por la prensa, pero se ha preferido omitir y ampararse en un “no saber” con los que pierden confianza, credibilidad, prestigio y generan condiciones desestabilizadoras que nos afectan y comprometen con riesgos y dependencias.

Por eso se mueve el pueblo, necesita reemplazar ordenadamente lo existente, generando propuestas para resolver sus problemas, creando equipos y organizaciones de trabajo que garanticen su soberanía y reconociendo el liderazgo de personas que den garantía de respeto, tolerancia y voluntad democrática.

Se omite lo que se sabe y eso es complicidad, lo que no se sabe proporciona la oportunidad de aprender, facilita y sincera preguntas y respuestas,eso sucede,la realidad ha terminado por exceder a los grupos de poder existentes y se construye una realidad nueva a la velocidad de la unidad, con la evidencia de la necesidad de nuevas estructuras de participación y organización que nos permitan dar un punto final y crear un futuro más amable con la dignidad y la solidaridad, un país sin explotados ni explotadores,una país que necesita de acuerdos y no de abusos.

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