Monolito mantendrá viva la memoria de cuatro ejecutados en Quebrada Honda durante la dictadura

escrito por MEV
monolitoCésar Cabrera tenía sólo 3 años cuando su padre, Tránsito del Carmen Cabrera Ortiz fue ejecutado, junto a otros dos compañeros, por funcionarios de la Armada, en el sector Quebrada Honda, en el camino Lirquén-Tomé. Desde entonces ha honrado su memoria y por eso, junto a otras personas cooperó arduamente para levantar el monolito que los recuerda, y que fue inaugurado oficialmente este martes.

Banderas rojinegras y un gran letrero con las fotos y la leyenda “Asesinados en Quebrada Honda 9 de octubre de 1973“, marcaban el lugar donde se realizó el homenaje. Justo, 200 metros hacia abajo, por el antiguo camino que unía Lirquén con Tomé, 40 años antes la vida de Tránsito Cabrera Ortiz, Miguel Ángel Catalán Febrero y Héctor Lepe Moraga, militantes del MIR, había terminado a manos de marinos que les dispararon por la espalda y después pretendieron hacer creer que fue un intento de fuga.

Para que ese hecho no se perdiera en la nebulosa del olvido, la Corporación Mutualista Bautista Van Shouwen, integrada mayoritariamente por ex presos políticos miristas, se dio a la tarea de levantar un memorial. Fue un proyecto de más de cuatro años, que finalmente vio la luz el día en que se cumplieron 65 años de la promulgación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Juan Cisternas, secretario de la Corporación Mutualista Bautista Van Shouwen, explicó el sentido de este memorial: “Que los jóvenes sepan por qué se produjo un acto tan vil, donde fueron asesinados muchas personas.. Los primeros caídos en Concepción son los compañeros del MIR que hoy recordamos… Es un monumento memorial para que la gente no se olvide de lo que ha pasado,  por qué aún se sigue reclamando por justicia y por verdad, que todavía no ha llegado, recién ahora después de 40 años los tribunales están investigando”.

El trabajo y el compromiso de los integrantes de la Corporación dio sus frutos y permitió la cristalización del proyecto. A ellos se unió el apoyo de los municipios de Penco y Tomé, pues el memorial se alza en el límite entre ambas comunas.

Una piedra esculpida con los nombres de los asesinados, incluyendo a Mario Alberto Ávila Maldonado, militante socialista de Penco, cuyo cuerpo fue arrojado en el lugar donde fueron ejecutados los tres tomecinos.  Un verso de Pablo Neruda, y cuatro rostros tallados, unas manos, una paloma y una estrella, coronan la obra del escultor Igor Reyes.

Previo al momento de la inauguración, César Cabrera desgrana sus recuerdos: “Tenía tres años y mi hermano tres meses, cuando mataron a mi padre, pero hay recuerdos. Nosotros somos tomecinos, y cuando murió mi padre, a los meses después quemaron nuestra casa, nos fuimos a Chiguayante, pero la represión hacia nuestra familia se prolongó por un par años en especial a mi madre, era permanentemente detenida pero ella nos enseñó a luchar y lo primero que nos enseñó fue a decir la verdad de cómo había muerto nuestro padre, en ese sentido soy un eterno agradecido de su valentía”.

Familiares y autoridades comunales descubrieron el monolito, dando por inaugurado el memorial. Luego se leyeron algunos saludos de miristas viviendo en el extranjero que enviaban su reconocimiento y abrazo fraterno.

Tanto la alcaldesa de Tomé, Ivonne Rivas como el representante de su par de Penco, Esteban Llanos, destacaron el hito memorial y hablaron de la importancia de homenajear a los caídos. “Al reconocer a estas víctimas, se hace un aporte a mantener viva la dignidad y la memoria. Esto nos permitirá contar con este memorial que representa a quienes murieron por ideales y por buscar una sociedad más justa”, recalcó la alcaldesa tomecina.

A su vez, Esteban Llanos recalcó la necesidad de “recordar a cada uno de ellos como a muchos miles de chilenos que sufrieron la pérdida de un ser querido en esos momentos aciagos, también a quienes sufrieron los duros momentos detenidos, exiliados, torturados, no queda más que decir que las balas no podrán matar los ideales ni los sueños de estos chilenos”.

Un emocionado César Cabrera, quiso resaltar la figura de su padre y sus compañeros como hombres que se la jugaron por sus ideales. “Mi padre, obrero textil, igual que Héctor Lepe, eran compañeros de trabajo. Miguel Catalán era estudiante de Sociología… Recuerdo cuando era  muy pequeño y era maravilloso llegar a la tumba de mi padre que estaba con Lepe, era tan hermoso llegar y encontrar una pequeña cinta roja y negra en la cruz de su tumba, ese símbolo nos hacía sentir absolutamente acompañados. De esa cinta a lo que tenemos hoy, hay mucho esfuerzo y trabajo…”

Y relató también cómo finalmente se concretó el memorial: “Muchas veces cuando se construye algo así se contrata a una empresa, en este caso los miembros de la sociedad, algunos amigos, mi hermano y otros veníamos los sábado en la mañana,  desde las 9 de la mañana y hasta las 20:00 estábamos acá construyendo este memorial. Es el mejor memorial que se les pudo haber construido porque tiene que ver con el esfuerzo de cada uno,  con el sentimiento, las ganas y la necesidad de seguir luchando”.

La emoción que se fue instalando en cada momento de este acto especial, combinaba con el paisaje y la luminosidad del sol. Un paraje para reflexionar, para recordar, para mantener viva la memoria… Gesto que quedó plasmado cuando cada uno de los asistentes depositó un clavel rojo ante el memorial.

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