Mi cuerpo hoy protesta

Por Cristobal Cornejo
El Ciudadano

Bajar libro
No deja de ser sorprendente que en una civilización que nos vende a diario kilos y kilos de carne humana (mayoritariamente femenina), impresa en periódicos, transmitida por las ondas electromagnéticas y al alcance de cualquier persona y de cualquier edad, aún el desnudo -en su brillantez minimalista- sea un potente soporte de reflexión y discurso estético.

Sin embargo, no es tan raro. Se nos vende carne, no se nos vende humanidad; se nos venden migajas, carnadas para agudizar el deseo pre-formateado, no se nos transmiten las ideas del llamado amor libre o la deconstrucción del género; se nos vende nuda vida, no la crítica al más básico de los extrañamientos: el desconocimiento e insatisfacción que tenemos con nuestro cuerpo (simultáneo a la venta de nuestra fuerza de trabajo). Es decir, diariamente nos vemos enfrentados al cuerpo en su valor de cambio y no en su valor de uso, negándonos uno de los territorios básicos de nuestra conciencia.

Por lo mismo, un libro de fotografías como “Mi cuerpo siempre habla… hoy protesta” de La Girola (Sara Baeza) es una propuesta necesaria y estimulante, más aún cuando desde su inicio es fruto de las casualidades y pretende transmitir un proceso de comunicación recíproca, no el capricho conceptual de tal o cual individualidad artística.

Es que es casi imposible no comprometerse personalmente en un proyecto como “Mi cuerpo…”. Cuando miles de artistas se amargan y gastan energías en la elaboración de proyectos de financiamiento público que no se adjudican, un inocente spam llega hasta la casilla de tu correo relatando la fantasía de un libro de fotografías, linkeando a la maqueta, haciéndote parte de su felicidad e invitándote a colaborar con dinero u otro tipo de aporte a cambio de copias.

A poco más de dos meses de ese hecho, el libro hoy es una realidad. Cobijado por la muy interesante editorial La Picadora de Papel, “Mi cuerpo…” reúne en sus páginas a casi una treintena de mujeres, chilenas, mapuches, argentinas, españolas, francesas, coreanas y brasileñas que utilizan su cuerpo desnudo como soporte para transmitir un mensaje que, aunque en ocasiones no sea ni muy militante ni original, trasunta la inconmensurable belleza del que se muestra transparente y valioso.

Baeza es autodidacta en la fotografía. Y no es artista. Podría ser considerada más bien una facilitadora de encuentros y procesos personales y colectivos que desembocan en objetos estéticos. Desde el comienzo desecha el YO artístico para provocar un encuentro entre ella y la fotografiada, para generar un producto consensuado donde la una gana con la auto-aceptación y alegría de la otra, donde no hay dicotomía entre lo artístico y lo político, entre lo individual y lo social. El mensaje es personal, ocurrencia individual, la mano es quizás la suya; la fotografía y su interpretación de todas y todos, donde, sin embargo, no hay pretensiones ideológicas, sino carne viva y humanidad reluciente.

Tal como señala la socióloga María Emilia Tijoux en el prólogo, estos cuerpos ajenos nos permiten contemplar nuestro propio cuerpo, “haciendo del espejo un objeto útil a esta contemplación y no imprescindible para el sufrimiento de la forma corporal”. Quizás ahí radica uno de los tantas lecciones que nos deja “Mi cuerpo…”: de territorio clausurado, idealizado, cada una de estas fotografías invita a la apropiación, a la toma de posición en una guerra de máquinas humanas cuyo combustible sigue siendo invariantemente la comunicación y el afecto.

Contacto en www.lagirola.cl

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