Medios machistas, medios a medias

13626508_527189067466211_5655119042260999112_n-700x325“El amor y los celos la mataron”. Con tamaño titular, el diario La Cuarta, de propiedad del consorcio Copesa, informaba el 10 de marzo de este año, sobre el femicidio de Yuliana Aguirre a manos de su pareja.

El asunto, implicó la reacción del Colegio de Periodistas, y la movilización activa de organizaciones y colectivos feministas que acudieron hasta las puertas del diario. Meses atrás, la misma publicación, había festinado con un femicidio frustrado en Arica (“Hizo anticucho con la polola”; “(…) discutía en la vía pública con su pierna, cuando le clavó el adminículo dieciochero”, La Cuarta, lunes 14 de septiembre 2015).

Lo graficado, no es exclusividad de ese medio, ni es explicable por su carácter de “diario popular”. No es porque La Cuarta sea La Cuarta. La misma lógica, naturalizadora y reproductora de violencia, se encuentra en toda la prensa escrita, televisión, avisos radiales, revistas de papel couché, publicidad dirigida a todos los segmentos socioeconómicos, redes sociales, y en toda producción que bajo cualquier soporte, sea transmisible por los medios de comunicación de cualquier lugar del mundo.

Tampoco se excluyen los medios fuera de los consorcios duopólicos: la ya tradicional misoginia – y el clasismo- del periódico The Clinic (1), en un ejercicio de aparente irreverencia periodística que consiste, las más de las veces, en presentar en portada montajes fotográficos o ilustraciones donde priman nalgas, pechos u otras partes del cuerpo de las mujeres para referirse a temas contingentes de la realidad nacional, o la reproducción de temas suponemos, de “interés femenino” por parte de El Ciudadano, con titulares del tipo “Conoce la edad en la que las mujeres son más atractivas para ellos”, “Mujeres revelan las mentiras que les dicen a los hombres durante el sexo” o “4 errores que las mujeres cometen en el matrimonio y que terminan en divorcio”, son clara muestra de que las prácticas machistas son ampliamente transversales, mucho más allá de la línea editorial del medio. Relativizar la violencia, naturalizarla, o trivializar con ella, son acciones constantes, permitidas, editorializadas, naturales.

“Friolento abusó de lolita en fiesta de cumpleaños” (2) ; “El enfermizo perfil (…) del sujeto que tajeó a su polola” (3) , “Le pegó y quiso quemar con parafina a su amada” (4), “Loco de celos mató a ex polola porque tenía nuevo mino” (5) ; “el sábado (el marido) le dio una paliza que no pasó a mayores “ (6).

Así, la violación de una adolescente no es más que una anécdota. El agresor no es un violador, sino una persona afectada por el frío, o un tipo de perfil enfermizo, o un sujeto presa de los celos, o un hombre dispuesto a quemar a su pareja, que es de todos modos, su amada. La violencia no es grave: no pasa a mayores, carece de consecuencias posteriores, es relativizada, no tiene sanción.

La relación celos-locura-amor-crimen, aparece en los medios como una constante más que razonable: “La mujer identificada como Nabila Rifo es madre de cuatro pequeños, su esposo de nombre Mauricio Ortega tuve un fuerte arranque de celos y golpea a su mujer” (7); “El crimen pasional de María Magdalena que estremeció a Chillán” (8)

En la prensa, hay una progresión constante de agresores patologizados, de sujetos cuya actuación es explicable desde el contexto periodístico: minutos de furia, momentos de locura, se salió fuera de sí. A última hora, y como argumento final, el motor es la pasión, el amor, y como tal, toda acción queda minimizada ante una razón tan irrefrenable como sublime. Pese a lo avanzado, y a la instalación del término femicidio en el glosario de varios medios, la utilización de “crimen pasional” sigue completamente presente, construyendo explicaciones y realidades.

Nos enfrentamos a un escenario donde la reproducción de estereotipos, sea en piezas publicitarias o informativas, la banalización en la construcción de noticias relativas a casos de violencia, la objetivación y el fraccionamiento del cuerpo de las mujeres, siguen siendo prácticas cotidianas.

Es una especie de negocio redondo: la formación periodística, en la mayoría de las Escuelas, es carente, cuando no nula, en contenidos que estimulen un tratamiento noticioso adecuado. Aquello que podríamos llamar “perspectiva de género” en el constructo informativo, es una asignatura ausente en el currículo. Los y las profesionales, reproducen con funcionalidad lo que los medios necesitan tanto para su propia mantención como para soportar y nutrir a su vez, a un sistema que tiene un pie en el capitalismo y otro en el patriarcado, y que requiere mujeres objeto, estereotipadas, deseables, asequibles, víctimas.

Más visibilización de las mujeres como sujetas de derechos. Menos medios que “rapiñen el cuerpo de las mujeres” (9) Menos medios machistas, menos machismo en los medios: tarea pendiente.

Fuente: La Radioneta 

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