Más sorpresas que triunfos

Por Wilson Tapia Villalobos

La democracia chilena estrena y estrena ropajes.  Sin embargo, cual quinceañera poco agraciada, los nuevos trajes no la transforman en exitosa debutante. Más bien parece confirmar aquel añoso refrán: “La mona aunque se vista de seda, mona se queda”. O, para estar más a tono con la época, sus males no se arreglan con ingeniería electoral.  Hay que picar más a fondo y eso, hasta ahora, los políticos locales no lo hacen.

La elección municipal que se realizó hoy fue el estreno del voto voluntario con inscripción obligatoria.  Un cambio cosmético a la fórmula dejada por la dictadura, de inscripción voluntaria y voto obligatorio. Se elegían alcaldes y concejales. Si se quiere, un ejercicio menor, en que las directrices son marcadas por una serie de factores que no operan en parlamentarias o presidenciales. Nadie esperaba, sin embargo, que la abstención llegara a rozar el 60% del electorado. Y nadie pensaba, tampoco, que las encuestas fracasarían rotundamente en sus predicciones. Empezando por desconocer la verdadera dimensión del electorado dispuesto a ir a las urnas. Y sería injusto pensar que el ausentismo debe ser cargado sólo a los casi cinco millones de nuevos electores.  La realidad parece confirmar un malestar que es transversal a todas las edades y clases sociales.

Pero por lo que se ha escuchado hasta esta noche, los dirigentes políticos siguen observando un horizonte inexistente. Cuestión que es difícil atribuir sólo al interés por mantener un sistema electoral que los favorece al eternizarlos en sus cargos parlamentarios o en el disfrute de otras cuotas de poder. Más bien la situación parece demostrar que hay una alta cuota de incapacidad en una generación de dirigentes que se ha creado al alero de la farandulización de la política. En que más que el contenido de la propuesta, vale el ángulo en que lo capte la cámara de la TV.  Y como ese medio está siempre presionado por los tiempos, los mensajes se remiten a frases hechas muy lejanas a contenidos que apunten a cambios estructurales que la sociedad chilena necesita.

Junto con la abstención se pueden rescatar otros mensajes. Algunos alcaldes considerados “emblemáticos” perdieron sus cargos.  Uno de ellos es Pedro Sabat Pietracaprina, en la comuna de Ñuñoa. Ejerció ese puesto por dieciocho años. Fue electo en 1996 y reelecto hasta el 2012.  Contaba, además, con experiencia alcaldicia gracias a que había sido designado por la dictadura militar, entre 1987 y 1989.  Otro jefe comunal defenestrado fue el coronel (r) Cristián Labbé Galilea. Fue alcalde de la comuna de Providencia desde 1996 hasta 2012. Durante la dictadura del general Augusto Pinochet ejerció como su encargado de seguridad y miembro de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA). Entre 1989 y 1990 ocupó el puesto de ministro Secretario General de Gobierno. Otro caso también significativo es el de Pablo Zalaquett Said. Al igual que los dos anteriores, también militante de la ultra conservadora Unión Demócrata Independiente (UDI).  Se postulaba a la reelección por la comuna de Santiago, cargo que ocupaba desde 2004. Las encuestas lo daban como seguro ganador, al igual que a Sabat y Labbé.  Los tres fueron derrotados por oponentes mujeres.  En Ñuñoa se impuso, por escaso margen, Maya Fernández Allende -nieta del ex presidente Salvador Allende. En Providencia, a Labbé lo derrotó la independiente Josefina Errázuriz. Y en Santiago, la nueva alcaldesa será Carolina Tohá.

Los resultados que arrojaron las elecciones de hoy no permiten hacer proyecciones válidas para las elecciones presidenciales que tendrán lugar el próximo año. Lo ocurrido este domingo es una noticia en desarrollo. Pese a lo señalado por el oficialista diputado de la UDI Iván Moreira, que asumió una derrota importante y advirtió que lo ocurrido hoy no era más que “la reafirmación de que Chile es un país mayoritariamente de centroizquierda”, esta elección tendrá aún varias lecturas.  Y todas ellas seguramente irán más allá de triunfos o derrotas. Sobre todo que con el nivel de abstención, el apoyo a los partidos sigue siendo paupérrimo.

Es posible que hoy los chilenos hayan dado a conocer nuevamente un malestar que no se resuelve con acuerdos parlamentarios ni con propuestas copulares.  Su cansancio de la política tiene que ver con los políticos actuales y su incapacidad de interpretar correctamente lo que la sociedad desea.

Tal mensaje deberá ser analizado en profundidad. De no dar con las respuestas adecuadas, la democracia chilena pagará las consecuencias. Y el crédito que ella tiene actualmente no es de gran envergadura. Aquí aún impera un sistema electoral binominal que impide que los electores puedan desligarse de las decisiones que adopten los partidos.  Los chilenos que residen en el extranjero aún no pueden sufragar.  Y la vida de los partidos políticos depende de un financiamiento que se define en la oscuridad de las dádivas de los grupos económicos. Además, los jóvenes carecen de cursos de educación cívica.  Tal asignatura fue suprimida por la dictadura y la democracia no la repuso.

Esto es lo que hoy los chilenos rechazaron mayoritariamente al no ir a votar.

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