Más libertad de expresión, más democracia

La falta de una normativa en la comunicación es una de las principales deficiencias de Brasil expresa Laurindo Lalo Leal Filho, en un artículo publicado en Zé Direceu. El país se enorgullece de estar entre las diez economías más grandes del mundo, sin embargo es una de las “raras democracias en que los medios de comunicación actúan sin límites, según los intereses de quien los controlan”, mientras las voces disonantes permanecen calladas, dice.

Agrega que de esa forma la democracia deja de funcionar plenamente por no contar con uno de sus principales instrumentos: la amplia circulación de ideas. Para enfrentar el problema es necesaria la regulación de los medios, capaz de ampliar el número de personas que hoy tiene el privilegio de hablar con la sociedad.

De ninguna forma se trata de imponer cualquier tipo de censura a los medios de comunicación como sus controladores insisten en decir. Al contrario, la regulación tiene como objetivo acabar con la censura que ellos practican cuando esconden los hechos que no les interesan.

El uso de la palabra censura por los que se oponen a la regulación busca interferir el debate sobre el tema. Se trata de una palabra de fácil comprensión que carga una carga negativa muy grande, contraponiendo los argumentos más complejos más necesarios al entendimiento de lo que es la regulación de los medios.

Inicialmente se debe recordar que hoy estamos en una sociedad capitalista donde impera la libre concurrencia comercial y el derecho a la libertad de expresión y opinión. Las empresas concurren entre sí en busca de consumidores, mientras al Estado le corresponde impedir que controlen artificialmente el mercado convirtiéndose en monopolios u oligopolios. “Cuando eso ocurre, ellas ganan un poder capaz de imponer los precios que quisieran en la compra y venta de sus productos, acabando con la libre competencia y perjudicando a los consumidores.

Esa regla vale para los supermercados y debería valer también para las empresas de comunicación. En este caso, por trabajar con la oferta de ideas y valores, el monopolio u el oligopolio ya son prohibidos por la Constitución con el objetivo de garantizar la libertad de expresión de toda la sociedad y no solo de aquellos que controlan los medios.

En la práctica, sin embargo, lo que vemos es el Estado evitando el monopolio en la producción y venta de pastas de dientes o de chocolates, por ejemplo, pero permitiendo que el monopolio exista en el sector de periódicos, revistas, emisoras de radio, de TV e internet. La regulación económica de los medios es la forma de impedir la existencia de monopolios también en el área de la comunicación.

Sin embargo la regulación puede y debe ir más allá de los límites económicos extendiendo sus reglas para garantizar el equilibrio informativo, el respeto a la privacidad y la honra de las personas, los espacios en la radio y en la TV a los movimientos sociales, la promoción de la cultura nacional, la regionalización de la producción artística y cultural y la protección de niños y adolescentes frente a programaciones inadecuadas a las respectivas fajas etárias, dice el artículo.

Para leer completo el artículo (en portugués) se puede acceder en el FNDC

Fuente: Signis

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