Los minutos de Serrat con integrantes de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos

Un breve pero muy emotivo encuentro sostuvieron dos integrantes de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos de Concepción, con el cantante Joan Manuel Serrat, poco antes del concierto que ofreció la noche de este lunes, en el Teatro Concepción.

De repente, alguien gritó:
-¡Ahí viene!
De una van blanca, detenida frente a la Plaza de la Independencia, descendió Joan Manuel Serrat junto a su equipo.
Apenas lo vio, Ester Araneda avanzó rápidamente hacia el cantante que ya ingresaba al Teatro Concepción, donde un par de horas después daría el penúltimo concierto de su gira por Chile. Eran poco más de las 19 horas del lunes 3 de diciembre y ya había público aguardando.

Sin mayor inconveniente, Ester se situó a su lado y empezó a hablarle.
-Somos de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos de Concepción y queremos entregarle un libro.

Serrat la miró, la abrazó y le dijo: Vamos.

Hilda Espinoza enfocaba su celular para captar alguna imagen, mientras el artista mantenía abrazada a Ester y seguía caminando con ella hacia el acceso al recinto.

Habían traspasado la puerta cuando Ester le dijo:
-Viene otra compañera.
Hilda apareció, Serrat le tomó la mano y pudo entrar. Cuando los guardias cerraron la puerta, intentaron alejarlas del cantante.
-Respeto con las señoras- les dijo perentorio.
Ya en el hall, los guardias nuevamente buscaron que se quedaran ahí.
Pero Serrat no quiso.
-Aquí no, en mi privado.
-Hay que subir la escalera –le respondieron.
-La subimos –replicó.
Subieron la escalera y al llegar a la oficina, los guardias quisieron quedarse.
-Ustedes se van, yo me voy a quedar con las señoras –les ordenó.

En el lugar, Ester le explicó que querían entregarle el libro “No hay dolor inútil”, que recoge gran parte de la historia de los detenidos desaparecidos de la región del Bío Bío y de las violaciones a los derechos humanos ocurridas en dictadura, que había sido escrito por una periodista de la zona.

-Conozco el tema –les dijo.

El encuentro fue en un marco de mucho respeto y cariño. Serrat se notaba emocionado. Miraba a Ester Hilda con afecto sincero.
Cuando le entregaron el libro, lo tomó, lo puso cerca de su corazón y dijo:
-Lo voy a atesorar.
En ese momento, una de las personas del equipo del cantante, ingresó a la sala y le pidieron que les tomara una foto, algo que aceptó de buen grado.
Cuando Hilda y Ester se colgaron los retratos de sus maridos detenidos desaparecidos, la mirada de Serrat se enterneció, las miró y las abrazó a ambas.

Los minutos transcurrían y él se notaba tranquilo. Ni siquiera miraba la hora. En menos de dos horas debía dar su concierto en el marco de su gira Mediterráneo Da Capo, pero él seguía conversando con Hilda y Ester. Les preguntó a quiénes tenían desaparecidos y hacía cuánto tiempo. Cada una le contó, brevemente, su historia. El escuchaba y las abrazaba.
También quiso saber si tenían hijos y nietos.
-Los nietos son lo más maravilloso del mundo –les dijo sonriente.

Ester trataba de hablarle rápido, consciente del tiempo. Hilda, en tanto, le escribía una dedicatoria en el libro y buscaba un folleto de la Agrupación de Familiares para entregárselo también.

Antes de despedirse –aunque en ningún momento el cantante les hizo algún gesto indicando que tenían que marcharse-, le agradecieron. Serrat miró el libro nuevamente y les reiteró:
-Tengan la seguridad que lo voy a atesorar.
Emocionadas y contentas, ambas salieron de la oficina.

“Nunca esperamos una cosa así. Nos dio todo el tiempo y fue muy amable y cariñoso con nosotras. Nos demostró cercanía y afecto en el abrazo que nos dio”, comentaba Ester a la salida de este “maravilloso encuentro”, como lo definió.

Ya en el acceso al teatro, compartieron con amigos que las esperaban el momento vivido. Muchas personas las habían visto entrar con Joan Manuel Serrat, y algunas no entendían qué pasaba.

-¿Y ustedes quiénes son? –le preguntó una mujer que esperaba en la fila.
-Somos de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos –respondió Ester.

La emoción y alegría por esos diez minutos con Serrat permaneció y las acompañó durante todo el concierto. Y si bien el artista no mencionó ese encuentro durante su actuación, seguramente sí alcanzó a percatarse –hacia el final del concierto-que en lo alto del balcón se había extendido la bandera de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos con la palabra Justicia escrita con letras rojas.

Por M.Eliana Vega TBB

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