Los Medios Mandan.

Por Samuel Jiménez M-

Los que deciden son menos que las masas gobernadas, son los “grupos de poder”, “la clase política” las que dialogan entre la elite que gobierna y la elite del mundo de las mayorías sociales, con las que interactúan y generan acuerdos o negociaciones, que en  cualquier sentido afectaran al pueblo.

Sin una revolución cultural, es decir sin un proceso colectivo del modo de pensar nuevas formas de vida, la pirámide de la monarquía será la que defina la arquitectura de la sociedad y su sentido, adquiriendo la expresión de democracia representativa, el sentido común, el deber ser y la democracia participativa un bien de la teoría, del sueño social, de un horizonte de esperanza.

Nada ha resultado más complejo que la liberación de esclavos resignados y más aún, de esclavos contentos.

Es posible analizar la situación desde siempre, pero tomemos como referencia la Revolución Industrial, el surgimiento de los Estados Nacionales hasta llegar a la institucionalidad post Guerras Mundiales que crea el sentido de lo global.

La guerra supone lucha, enfrentamiento poder de fuego, armamento y ciertamente la existencia de contrarios.

La civilización es más poderosa que la guerra, supone la presencia de una mentalidad que acepta los modos y formas del que domina, de los que entienden que la vida viene con desigualdad, explotación, con un organigrama social que considera grupos que dominan y pueblos que obedecen.

Es el paso de los militares a los civiles, de los que combaten a los que enseñan las formas de vida al mismo tiempo que proporcionan conocimientos funcionales a los sistemas dominantes.

Los sistemas educacionales desde la base y los medios de comunicación para mantener y marcar el rumbo, como los timbales y trompetas antes del combate.

Los trabajadores del campo y la ciudad debieran incrementar los esfuerzos por su formación social y política, que permita ir desde el realismo de la gradualidad y la suma de intereses de trabajadores manuales e intelectuales, a la recuperación de sus roles, cedidos primero a los partidos y a los grupos de poder.

La democratización de la educación y de los medios de comunicación es una tarea urgente para avanzar en la construcción de modos de vida que logren la rectoría de los modos de producción, hasta que la naturaleza vuelva a tener en el “hombre” un facilitador de sus procesos y no un “interventor” más interesado en el poder, que en la vida y su diversidad.

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