Lo mejor del ser humano

(Notas experienciales que me hacen quererte más,  joven homínida) Ignacio Espinoza Fincheira

Nací en Talcahuano.  Este es el segundo terremoto  que vivo en esta ciudad, así es que cuando el pasado sábado 27 de febrero del año en curso, hace unos días, me desperté cerca de las 03:30 horas, en plena oscuridad, sobre mi cama con ruedas,  bailando junto con todos los muebles, al son de los brincos de la Pachamama.  La copresencia de toda una vida preparándose para una “salida de mar”, quedo en el centro de la pantalla y ya estábamos entre caminando y corriendo junto con mis cohabitantes y vecinos hacia el cerro más cercano.

Esta jugarreta de la naturaleza por cierto que causó muchas desgracias, también aparecieron cosas humanas muy feas, lugar hacia el cual, luego del susto al terremoto y al mar, se nos traslado el temor … hacia “los otros”, esos que saqueaban en las noches, pero sobre todo hacia esos saqueadores que proliferaron en nuestra imaginación, cargados por años de competencia individualista y terrorismo-informativo.

Ahora, lo interesante es que por entre las grietas de “la realidad” trastocada, apareció también lo mejor del ser humano.

Respeto y primeros acercamientos

Llegamos al pie del cerro y no dejó de sorprenderme el orden con que tanta gente subíamos la empinada cuesta. Ya arriba, un mar de gente nos reunimos bajo una gran luna, entonces comienza a romperse la barrera que “normalmente” nos separa; las conversaciones iban y venían entre perfectos desconocidos, en un momento alguien comenzó a aplaudir y todos lo seguimos, no faltaron las bromas y diálogos con cierta inspiración e intimas confesiones, siempre al ritmo intermitente de esta esfera que nos cobija.

¡Hola vecino!

He desarrollado algunas actividades sociales voluntarias en mi comuna, incluso fui candidato a alcalde en la última elección para esta función pública; no soy un tipo encerrado en su casa precisamente, pero nunca tanta gente me había dicho ¡Hola vecino!  Y jamás ¿Están bien? Tampoco me había sentido con tanta propiedad para responder el saludo e inquirir a mi vez sobre sus vidas, así fue al ir a ver a mi hermana que vive bastante cerca, me demoré el doble de tiempo por esta agradable y reconfortante nueva práctica vecinal.

La amistad

Retornando a mi casa a las 06:00 de la mañana, luego de pernoctar en otro barrio, en cada esquina hay grupos de gente alrededor de fogatas.  Sé que están allí reunidos para proteger los hogares, pero los escucho y observo conversando, riendo, contándose anécdotas humorísticas y al pálido amanecer veraniego mi cara se ilumina de alegría; siento que la aurora no solo trae un nuevo día,  sino también el retorno de la amistad perdida. Luego todos estos días, en los cuales estuve en diferentes puntos de las comunas de San Pedro, Hualpen, Concepción y Talcahuano observe con alborozo estas escenas aumentadas en cantidad y calidad de relación.

Solidaridad

De noche me trasladaba a una población vecina, un par de personas en auto, lo detuvieron, me llamarón desde lejos, desviaron su ruta y me fueron a dejar muy cerca de donde iba.

Salíamos al mediodía luego del “toque de queda”, con destino a San Pedro.  Llegar allí es distante, sin auto y teniendo que atravesar un maltrecho puente sobre el rio Bio Bio a pie obligadamente.  Llegando a la avenida próxima, quien va conmigo hace dedo (auto stop), el primero que pasa, nos lleva hasta cerca del puente, en una animada conversación. Nos despedimos deseándonos suerte.

Regresamos hacia nuestro domicilio, atravesando el puente, al filo de la hora de comienzo del toque de queda.  Al llegar al final de este, están los autos que sus conductores dejaron allí para atravesarlo a pie.  Una pareja está subiendo, nos miran y sin que les digamos algo, nos invitan a viajar con ellos.  De esas situaciones vimos muchas durante estos días.

Los trabajadores de un edificio en construcción, han estado todos estos días, voluntariamente, entregando agua a cientos de personas, a un ritmo cansador que se nota en sus rostros y miradas. Al pasar de estos días, observo que esto lo hacen en varios puntos, diversos voluntarios.

Comenzó a recolectarse algo de basura y en el camión, junto con los trabajadores habituales, iban voluntarios y las personas ayudaban con la basura, todo esto entre bromas y risas.

Me regalaron galletas, harina, levadura, y material de aseo.

He observado a personas ayudando a llevar los pesados envases con agua, a otros que nunca habían visto.

Una mañana despertamos con alguien que tocaba a nuestra puerta.  Era una persona que habíamos conocido la noche anterior, trayéndonos de regalo unas conservas de pescado.

En casa de mi hermana, conversábamos sobre su escases de sal. Tocan a la puerta y es un vecino con un salero lleno, que también sabía de esta escases.

Hoy la vecina nos regaló un rico pan amasado.

Saltando sobre la separatividad

Miles de personas están pasando agradablemente sus noches, alrededor de fogatas en las calles, cuidando las viviendas. Digo agradablemente, pues escucho sus risas y observo sus distendidos rostros, además de su desobediencia a retirarse luego de que se desplegó el ejército.

Cada tanto me cruzo con los voluntarios de toda la vida, en su interminable accionar, los bomberos (voluntarios en Chile).

Cada nuevo día, en estos días, salgo a la calle, saludo a mis vecinos próximos, a los más distantes a gritos y señas y no paro de saludar a todo ser humano con quien me cruce, ellos me responden siempre amigablemente.

En una calle donde nadie se reúne para nada, una escena repetida en otras; un grupo de alrededor de seis personas de ya una cierta edad, han sacado sus asientos y uno al lado del otro, conversan bajo el cálido sol, niños que corretean cerca, otros que conversan cerca.  Un ramalazo de recuerdos infantiles, de los poblados agrícolas de mi niñez me invadió; imágenes de gentes conversando así, saludándose como lo normal ¡Juntos, juntos!  Con un nudo en mi garganta, me grito hacia el interior    ¡No quiero que esto termine!   ¡Quiero que continúe esto tan hermoso!

Más allá de la inhibición

En estos días:

Una persona que casi no me toca, me dio un apretado y cálido abrazo.

He apretado la mano de numerosas personas, sin ningún cálculo ni prevención.

Varios hombres lloraron mientras conversábamos.

Con numerosas personas nos hemos mirado a los ojos y sostenido las miradas un tiempo poco habitual.

En un lugar de entrega de agua, extraída de una napa subterránea, mientras muchos hacían fila para llenar sus envases, otros tantos, mujeres, hombre, grandes y chicos, se bañaban entre risas y jugarretas          ¡¡¡¡¡¡Quiero que esto continúe!!!!!!!

La esperanza al alcance de la mano

Ayer visité a alguien con quien estaba resentido.  Conversamos sobre nuestras vidas, las vidas de seres queridos y amigos, nos pasamos mensajes para seres queridos y amigos que no hemos logrado contactar y quedamos en hacer actividades voluntarias otra vez unidos.

Ayer, luego del inicio del toque de queda y continuando con la actividad hacia los patios (cuyas divisiones materiales han caído por el terremoto), un guardia de una fabrica próxima me hace señas.  Nos juntamos a conversar y a mirar el mar que llego en su salida hasta el borde de donde estamos. Descubro en el dialogo que el también es voluntario, músico percusionista y ya se ofrece para capacitar voluntariamente a nuestro colectivo de teatro y colaborar en otras actividades.

Hace un par de horas y al calor de la fogata afuera de nuestra casa, conversábamos con las vecinas y vecinos sobre el positivo acercamiento que nos ha brindado todo esto, entonces proponíamos celebrar con algún acto artístico… los jóvenes propusieron que fuese a fines de marzo.

Mientras observo la noche estrellada, escuchando el crepitar de la fogata, sintiendo el cansancio de las caminatas y el pedaleo en bicicleta, y un pequeño malestar por no lograr hacer más, siento que resuenan en mis oídos las siguientes palabras “Yo que doy de mis manos lo que puedo, que recibo la ofensa y el saludo fraterno, canto al corazón, que del abismo oscuro, renace a la luz del ansiado Sentido” (1. 177)

En honor a los miles de mujeres y hombres que durante estos días velan el sueño de  otros tant@s.

Talcahuano, Chile    05 de marzo de 2010

Ignacio Espinoza Fincheira

Centro de Estudios Humanistas

www.cmehumanistas.org

Foto: Polycarpio

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