Lecciones futboleras

Por Wilson Tapia Villalobos

Que Arturo Vidal, con tragos en el cuerpo, volviendo atrasado a la concentración de la selección chilena de fútbol, destrozara su Ferrari 458 a solo tres días de haberlo estrenado y pagado por él $150 millones, es casi una señal de los tiempos; que, en medio del incidente, tratara de manera altanera al carabinero que intentaba detenerlo y negara su responsabilidad en el hecho, puede ser otro signo; que, después, medio Chile se emocionara con sus lágrimas de arrepentimiento, quizás sea también una pista; que dentro de la otra mitad de Chile haya quienes ponen bajo sospecha la sinceridad de sus lágrimas y hasta de si estas existieron realmente, sin duda es una manifestación más de la realidad que vivimos.

La lista sigue. Allí también está la ausencia de alguna sanción para el infractor de la disciplina. El claro mensaje, para los seguidores más pequeños del ídolo, es que el fin, siempre, justifica los medios. Y como corroborando que este no es un mal solo local, el Grial de América 2015 se queda sin uno de sus máximos exponentes. En un berrinche de soberbia superlativa, Neymar Jr. se hace expulsar del certamen. ¿Será necesario citar el caso de México, que envía una selección B y que ese desprecio se acepta por razones económicas, las mismas que determinan su actitud?

Resulta evidente que el modelo se replica en todas las manifestaciones de la sociedad. Y solo ésta puede determinar el cambio. Pero para ello es necesario comprender que las reformas sobre el mismo fondo, servirán de nada. En definitiva, con sofisticaciones más o menos dramáticas, en esto hemos estado en los últimos cinco mil años, por lo menos.

Las ataduras son férreas y obedecen a los condicionamientos que cada persona lleva sobre sí. Es cuestión de mirar con atención y se observan las contradicciones. No se trata de contradicciones determinadas solamente por la incapacidad de los líderes. Existe una orientación para llegar a lo que estamos y salir del atolladero con más condicionamientos impuestos a través del miedo o de la zanahoria multifacética que crea el sistema consumista.

En Chile, por la herencia de la dictadura que aún vivimos y que los demócratas no han sido capaces de desmontar, existen algunas particularidades que se notan con más fuerza que en otros países. Una de ellas es la prensa. Pese a la influencia que puedan tener las redes sociales, los medios de comunicación tradicionales siguen imponiendo criterios y líneas de acción. Y, a diferencia de aquellas, trazan maneras de pensar y modos de actuar que perduran. Los medios de mayor influencia -por el poder económico político que está detrás de ellos- se encuentran en manos de los sectores más conservadores de la sociedad. Por eso es que cualquier reforma suena a atropello a lo establecido, cuando, en realidad, no es más que el intento de cumplir con lo ofrecido en un programa presidencial que logró un apoyo mayoritario.

Sin embargo, hoy se escuchan declaraciones -y se conocen acciones- que llaman la atención. El presidente del Partido Comunista justifica una especie de “doble militancia”. En una entrevista aparecida en el diario El Mercurio, trata de explicar su condición de miembro de la coalición gobernante y de líder de uno de los grupos que mayores contradicciones dice tener con el sistema neoliberal. A la pregunta sobre esa doble condición, responde: “Sí, estamos en la Moneda y en la calle. Así están las cosas, qué le vamos a hacer”. ¡¡¡Brillante!!! Y aclaratoria.

Los socialistas, por su parte, acaban de descubrir que es necesaria la gradualidad en las reformas. Y ello, especialmente, por el comportamiento de la economía, lo que impediría contar con el financiamiento suficiente. ¿No sabían eso antes y durante el período eleccionario? ¿O plantearon las reformas solo con la intención de ganar votos? Porque el comportamiento de la economía está dentro de los rangos previsibles. Si no fueron previsores, quiere decir que fallan en una de las responsabilidades esenciales que debe tener un dirigente político.

Socialistas y comunistas, que alguna vez se plantearon como alternativa al capitalismo, hoy demuestran que no lo son. Y, lo que es peor, que tratan de mantenerse con vida haciendo concesiones en lo que alguna vez fue su ideario.
El Partido por la Democracia (PPD) insiste en avanzar sin tranzar, como si tuviera fuerza para hacerlo o como si no supiera que carece de ella. Son la expresión contraria a lo que intentan hacer radicales y democratacristianos. Pareciera que el PPD intenta ocupar el lugar que ha dejado vacante la izquierda por estar en la Moneda y en la calle al mismo tiempo. PR y DC, en cambio, se esfuerzan por ocupar el centro, en un intento por disputarlo a la derecha, como si el mapa político fuera el mismo de antes.

Habrá que seguir esperando para ver si alguna vez se entra en lo que Claudio Naranjo llama “la revolución que esperábamos”. Mientras tanto, como decía un hincha eufórico, refiriéndose a Vidal, después del triunfo de Chile frente a Bolivia por 5 a 0: “No haguemos leña del árbol caído”.

Son lecciones futboleras.

Encuentra y comenta este y otros Aportes en: http://www.wilsontapia.cl

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