¿Las reformas asustan?

Por Wilson Tapia Villalobos

Sólo a los ingenuos asustan verdaderamente las reformas.  Y ese temor es inducido por aquellos que sienten que el cambio les hará perder dinero y/o poder. Es lo que estamos viendo en este comienzo del régimen de la presidenta Michelle Bachelet. Con el anuncio de la Reforma Tributaria los clarines sonaron fuerte.  Desde la campaña presidencial que venían anunciando catástrofes si se aumentaba el tributo a las utilidades de las empresas.

En otras palabras, si se subía el aporte que debe hacer el 1% de la población de Chile, que es la más rica, para que todos los ciudadanos del país tengan un mejor trato en servicios básicos como educación y salud. Y así, la reforma permitiría que Chile intentara dejar de ser unos de los países del planeta que distribuye más desigualmente su riqueza, según el Banco Mundial.

Hasta ahora, sólo se conoce cómo se van afinando los procedimientos. Se trata de lograr que la idea de la equidad atraiga a la mayor cantidad de actores posible. Y eso se logra cediendo ante algunos sectores que podrían verse realmente perjudicados. Es lo que ha ocurrido con los productores de alcoholes. También se ha tranquilizado a las pequeñas y medianas empresas (PYMES) que, en definitiva, son las que aportan la mayor cantidad de plazas de trabajo a los chilenos.

Sin embargo, quienes manejan verdaderamente el poder económico mantienen una batalla enconada. A los anuncios de que las inversiones se esfumarían, han seguido los de atroces deterioros por sector.  El último es el de la construcción, que ya ha anunciado que aumentará considerablemente el valor de la vivienda.  Agregando que este es un golpe muy duro para un sector al que se intenta manipular constantemente: la clase media.

También han aparecido otros actores en el escenario.  Recientemente, las Asociaciones de Fondos de Pensiones (AFP) ocuparon otra estrategia. Y es que se quieren cubrirse ante una reforma que parece inminente: el sistema de pensiones. Han anunciado que cuando bajen las cotizaciones de las inversiones, devolverán el 10% de las comisiones que pagan los afiliados. Sólo los ingenuos pueden creer que con eso resolverían un problema creado por un sistema que transforma en cada vez más pobres a los chilenos. Las devoluciones serían de un monto ridículo, no pasarían de los $20.000 anules.  En contrapartida, cuando un asalariado se jubila, las AFP sólo le pagan un monto mensual cercano al 30% de lo que percibía en actividad.  Este es el único sistema en el mundo en que quienes aportan el capital para el negocio, asumen las pérdida y quienes manejan el negocio, los dueños, sólo reciben ganancias, nunca pérdidas. Realidades como esta -que no es la única- es lo que hizo decir al periodista Ricarte Soto que: “Chile es la Corea del Norte del capitalismo”.

Recientemente también, la Iglesia Católica hizo oír su voz.  Y lo hizo en relación a otra reforma, la educacional. Héctor Vargas, Obispo de  Temuco, Presidente del Área de Educación del Episcopado, se pronunció al respecto. En el documento que entregó se establece que a la Iglesia no le gusta que se le ponga condiciones a la subvención estatal.  Ello, porque apuntaría hacia la unificación de la educación, según afirma. En resumen, la postura de esta confesión señala que se opone a la similitud curricular, disciplinaria, ambiental, organizativa y financiera. Aboga por la libertad total de enseñanza. El obispado sabe lo que defiende. Sus colegios atienden a 596.586 alumnos, lo que representa el 16,8% de la matrícula del país. Rechazan abiertamente la selección de alumnos, pero apoyan los sistemas de admisión. Un esquema tan segregador como el otro.

Es necesario agregar que el obispo Vargas también apunta a un hecho que es sustancial. Señala que todo lo que se ha escuchado respecto a la reforma no clarifica que entienden sus autores por educación de calidad. Aunque no lo dice Vargas, uno se pregunta: ¿Seguiremos intentando crear chilenos eficientes o le daremos importancia a la cultura con una mirada más amplia?  La respuesta la deben las autoridades. Digamos, en todo caso, que no se sabía que esto preocupara a la Iglesia hasta que se supo de la posibilidad de que el gobierno actual introdujera cambios de fondo en el sistema.

Lo que está defendiendo la Iglesia no es sólo el negocio de la educación, sino mantener los vínculos con el poder. Para nadie es un misterio que en las sociedades, y especialmente en aquellas como la nuestra, las redes relacionales establecidas por el dinero, la política, la educación, los apellidos, son las que manejan el poder. Y la educación católica desarrolla su labor con mayor énfasis entre los sectores más acomodados del país.

En el plano político, es la Unión Demócrata Independiente (UDI) el Partido que representa los intereses de los grandes grupos económicos. También algunos se expresan a través de Renovación Nacional, pero hay diferencias importantes que quedaron de manifiesto en la última elección presidencial. La cantidad de publicidad desplegada por la UDI fue exagerada en relación a sus contendores. Si a ello se agrega que cambió tres veces de candidato y a cada uno se le hizo una campaña sustanciosa, queda en claro la capacidad financiera de este Partido. Y, también, de donde vienen los millonarios aportes. De allí que hoy la vocería es aplicada.

Encuentra y comenta este y otros Aportes en: http://www.wilsontapia.cl

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