Las huellas del incendio forestal de Florida, tres días después

escrito por M.E.Vega
floridaTres días después del gigantesco incendio que consumió más de 6 mil hectáreas de plantaciones y redujo a cenizas 16 viviendas, en el sector Chancal Alto, de la comuna de Florida, visitamos el lugar y constatamos las huellas que dejó el fuego.
Un perro flaco y de ojos tristes deambula entre los restos calcinados, mientras Hernán Villalobos, revisa algunos escombros por si encuentra algo que le sirva. De sus casas, situadas en un predio de 15 hectáreas en Chancal Alto, comuna de Florida, no queda nada. Se salvó el cobertizo de los cerdos, donde hoy duerme este campesino de 70 años.
“El fuego llegó de repente. ¿Qué íbamos a hacer? Arrancar no más”, dice casi resignado en medio de las cenizas de su propiedad.

“El miércoles ( 15 de enero) fue el día del temor en Florida. El cielo oscuro, humo por todas partes, mucho calor, un drama como hacía mucho tiempo no se veía acá”. Es lo que relata Magaly Cortés, concejala de Florida, mientras recorremos algunos de los lugares más afectados por las llamas, que consumieron más de 6 mil hectáreas de plantaciones, bosques y matorrales y quemaron al menos 16 casas, además de un aserradero y un taller mecánico.

Tres días después del siniestro, aún se advertía el persistente olor a humo y a cenizas en el sector amagado. Un paisaje desolador, en medio del cual de pronto emergen personas buscando algo que se pueda salvar.

Así encontramos a Hernán Villalobos. Su flaco perro merodea sin esperanzas de hallar algo para comer, mientras unas gallinas se dan vueltas en medio de la tierra ennegrecida por los restos dispersos del incendio. Una cocina a leña en el patio, pedazos de lata, enseres destruidos… muy cerca, una viña que se salvó de milagro, contrasta con un manzano que se quemó por completo.

Quien también vio destruido su esfuerzo fue David Espinoza, que perdió el aserradero con el que daba trabajo a seis familias. Maquinaria, madera y varias casas pre fabricadas que tenía fueron consumidas por el avance implacable de las llamas, sin que pudiera hacer nada. Afortunadamente, su casa se salvó. Estima en cien millones de pesos sus pérdidas y ahora busca la forma de pararse nuevamente. No quiere que le regalen nada ni “abusar del sistema”, pero requiere alguna ayuda inicial para iniciar el proceso de recuperación. Pese a todo, está esperanzado.

Por el camino a Chancal, emergen los árboles quemados y la tierra erosionada cubierta de una capa de cenizas oscuras. En uno de esos rincones, está Marcos Tapia. Es impresionante acercarse al lugar donde estaba su casa y su taller mecánico. La vista sobrecoge: de lo que fue un automóvil, sólo quedan latas calcinadas. También hay pedazos de herramientas y de fierro esparcidos por todos lados, además de los restos de lo que fuera un horno. Marcos vivía con sus padres. Su padre había muerto hace poco y a su mamá debió llevarla a Concepción. Tras el incendio, le pidió que volviera a rescatar los recuerdos que encontrara. Pero ya no había nada que salvar. Las llamas arrasaron con el que fuera su hogar dejando convertidos en cenizas sus recuerdos.

Cuando llegamos al lugar, Marcos junto a otras personas, removían los escombros, separando lo que ya no sería y rescatando lo que pudiera serles útil. También en él existe la intención de salir adelante.

Son las huellas que dejó el implacable avance del fuego, en una comuna que de a poco se recupera de las horas de temor vividas.

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