La solución política

Por Samuel Jiménez

Desde Chile observamos nuestra realidad y la del mundo, por el reclamo de las personas y comunidades, en situación de conflicto social y económico.

Los modos de producción y de vida no logran la armonía de la estabilidad y la justicia, por el contrario se agudiza la desigualdad y se “globaliza” el abuso como concepto que explica la inestabilidad y la crisis.

Las llamadas “grandes economías” como Europa y USA, han tenido que intervenir militarmente para asegurar el uso de de recursos naturales y mantener condiciones de ordenamiento social que hagan posible su predominio en diferentes partes del mundo.

La fuerza es nuevamente necesaria; es el argumento del poder que no es lo mismo que la de una autoridad que proviene de la confianza de su gente.

Los llamados ajustes a las economías afectan a las mayorías sociales y los números de los abusos cierran las esperanzas a millones de personas que culminan sus sacrificados ciclos de actividad laboral.
Para “salvar la banca y las grandes empresas” se adoptan medidas que agudizan la dependencia y el drama de la pobreza.

Los medios de comunicación, para crear condiciones que justifican las acciones de fuerza, no lograrán evitar que finalmente se conozca la verdad y la responsabilidad de cada uno.

La pequeña prensa de las comunidades, da cuenta de sus realidades y se hace parte de ellas, actúan como un factor de unidad en experiencias como las de Magallanes y Aysén en Chile.

Los medios de cobertura trasnregional, para usar una terminología equivalente a las “transnacionales”, persisten en mostrar “la violencia” de la reacción popular y trabajan con evidente prolijidad en ocultar y omitir las causas de los descontentos, como sucede en Chile para justificar el uso de la fuerza.

Tenemos una “noticia en desarrollo”, los pueblos construyen una nueva institucionalidad y será armoniosa e inteligente si los actuales “representantes y sus instituciones” comprenden que lo que corresponde es facilitar dicho proceso, de lo contrario veremos un problema complejo, una institucionalidad sin partidos, por lo menos sin los de ahora…

La riqueza más importante no es la minería ni el dinero acumulado ni la cantidad de combustible y energía disponible; es la gente, son las personas, los pueblos, los que hacen posibles desarrollos sustentables, complementariedad, igualdad y justicia.

Los programas de “protección social” sirven menos que los de de inversión social, es decir aquellos que logran que las empresas ganen menos para ganar más,con igualdad y transformando la pobreza en riqueza social.
La opción por los pobres, por los valores de vida, se hará parte de la nueva institucionalidad que viene autogestionando la comunidad y que reclama atenciones, respeto y consideración.

Los medios de comunicación deben optar entre ser “operadores de prensa de un sistema injusto” o en honrar el compromiso con sus comunidades.

Es necesario reparar el mal causado por los abusos y colaborar con una institucionalidad popular y democrática.

Los problemas sociales y económicos en Chile y en el mundo “globalizado” demandan una solución política y sabia.

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