La seducción del poder

Por Raúl Pierri /IPS

Los gobiernos y los grandes medios privados de comunicación de América Latina libran una guerra por conquistar a la opinión pública, verdadera legitimadora de poder, y la única solución parece ser una alianza.

“Batalla” fue la palabra más repetida en el seminario “Comunicación, pluralismo y papel de las nuevas tecnologías. El escenario latinoamericano: una mirada al futuro”, organizado este viernes 24 en Montevideo por la agencia de noticias Inter Press Service (IPS) con el apoyo del Banco Mundial y el gobierno de Uruguay.

Del encuentro participaron autoridades de medios públicos y estatales de la región, periodistas, representantes de la sociedad civil y expertos en comunicaciones.

Esa batalla entre gobiernos y medios privados por el manejo de la información quedó en primer plano en los últimos años en América Latina, y tiene como marco una ola de administraciones de izquierda y su enfrentamiento con ciertos monopolios u oligopolios.

Estos gobiernos tuvieron que pactar la paz con el gran capital pero a la vez apostaron a una transformación de las comunicaciones, tratando de democratizar los medios incluso mediante leyes, explicó Fábio Zanini, editor internacional del periódico brasileño Folha de S.Paulo.

Zanini citó el ejemplo del expresidente brasileño Luiz Inácio Lula Da Silva (2003-2011), quien para llegar al gobierno “tuvo que hacer un movimiento político estratégico, mediático, para mostrarse confiable ante los bancos, el gran capital, los latifundistas, y para atraer a su coalición a partidos de derecha”, indicó.

En definitiva, los gobiernos de izquierda, y también de derecha como el de Sebastián Piñera en Chile, han reconocido la importancia vital de los medios, con los que “tienen una relación conflictiva”, señaló.

El secretario de la Presidencia de Uruguay, Alberto Breccia, prefirió calificar la relación de la izquierda con la prensa de “esquizofrénica” y pidió a los participantes que aportaran elementos para sanearla.

Zanini destacó los esfuerzos de los gobiernos para ampliar los espacios públicos de comunicación, creando o renovando canales y radios, pero expresó sus dudas sobre que estos sean realmente imparciales y alertó que podrían terminar simplemente en fines de propaganda oficialista.

Por su parte, Alberto Medina, co-director de noticias de la privada Cadena Caracol TV de Colombia, estimó que existe una “guerra por la información entre el sector público y el sector privado”.

“No estoy convencido de que (los gobiernos) abran los canales suficientemente como para que entren todos los sectores a debatir”, señaló.

“Descreo un poco de esos medios públicos ‘tan democráticos’. No veo espacios abiertos a la oposición en los canales públicos. Son canales que defienden las tesis del gobierno de turno”, afirmó.

En medio de este enfrentamiento, la misión de los medios comunitarios “es poder instalar la lucha por la libertad de expresión como una demanda general”, dijo a IPS la presidenta de la Asociación Mundial de Radios Comunitarias, la chilena María Pía Matta.

“Nosotros tampoco queremos que nos transformen en actores del gobierno de turno. Creo que hay que acercar más la discusión sobre las libertades en general, sobre la libertad de expresión, y por qué se ha alejado tanto el Estado de estas libertades”, indicó.

En la región, “el Estado siempre fue considerado un depredador natural de la libertad de expresión, y eso se instaló”, agregó.

En tanto, el director del diario uruguayo de izquierda La República, Federico Fasano Mertens, opinó que no había dos partes en la batalla, sino tres: el Estado, los medios y la sociedad en general.

“La información es un bien público, un bien común, patrimonio de la humanidad”. Y aunque está “sujeto a apropiación privada, porque el sistema así lo ha determinado, debe estar a la orden del día desalentar los monopolios y fomentar el pluralismo”, indicó.

Fasano Mertens, también director de la Radio AM Libre y del canal TV Libre, señaló que el hecho de que en un país haya varios medios y de diferentes dueños no supone necesariamente pluralismo. “Si es uno solo el pensamiento hegemónico, aunque sean medios distintos, es un cuasi monopolio”, sostuvo.

El seminario fue seguido en tiempo real por Internet, y decenas de personas comentaron en un chat los contenidos e hicieron llegar preguntas a los panelistas.

Por allí desfilaron las experiencias de las redes sociales, como Twitter, en los alzamientos árabes y el en el movimiento de descontento ciudadano 15M (15 de Mayo) español.

En tanto, el director de Comunicación del gobierno de El Salvador, David Rivas, defendió las medidas de ese país para controlar la información y para eliminar programación de medios estatales que, dijo, era “nociva para la psiquis”.

“Quitamos programas que los gobiernos anteriores habían dejado en los medios del Estado con una carga ideológica impresionante, donde nos vendían la sociedad entre ricos y malos, se denigraba a la mujer y se planteaban cosas que rayaban con el delito”, señaló.

Rivas también insistió en que había que “perderle el miedo a la regulación” de los contenidos y a leyes para “asegurar un mayor acceso de la población a los medios”. “No hay un derecho absoluto, ni siquiera el de la libertad de expresión. Los que nos dijeron que ‘la mejor ley es la que existe’ nos engañaron todo este tiempo”, afirmó.

Esa frase fue citada durante el seminario, y pertenece al orador principal: el presidente de Uruguay, José Mujica, que la utilizó meses atrás para desestimar una propuesta de legislar sobre los medios de comunicación de este país que nació, paradójicamente, de un ámbito instalado por su gobierno.

Pero no fue Mujica quien reiteró esa frase en el seminario. En cambio, instó a los presentes a la “lucha permanente” por la libertad.

“Si bien los medios modernos y contemporáneos son capaces de darnos recursos inimaginables para comunicarnos, también pueden ser los instrumentos más formidables de opresión que ha conocido el hombre. Pueden ser los instrumentos más negadores de la libertad”, afirmó.

“Quiere decir que la cuestión de cómo se usa y para qué se usa el progreso tecnológico es una batalla central y casi desesperante”, añadió.

Miguel Wiñazki, secretario de redacción del diario argentino Clarín, eligió empezar por una definición de opinión pública: “un colectivo que concede poder”, generador por tanto de un mecanismo de seducción que ponen en práctica los políticos y los medios.

“Percibidas las creencias, prejuicios e ideologías dominantes de la opinión pública, tanto los gobiernos como la corporación política y los medios privados tienden a exonerar el valor de la información en sí para concederle a la opinión pública la fábula que está creyendo”, dijo Wiñazki. A ese concepto le llamó la “noticia deseada”.

Esa noticia deseada, en definitiva, no es más que propaganda.

“La acción periodística propiamente dicha es la batalla cotidiana de los trabajadores de la prensa para imponer la información por sobre la noticia deseada”, señaló.

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