La Polar pagó 25 milones de pesos para llegar a acuerdo

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Liga Ciudadana rechaza dineros que empresa entregó a su presidente

A fines de año 2012, un abogado de La Polar contactó al representante legal de la Liga Ciudadana, para que se bajara y aprobara el acuerdo de La Polar con Sernac. El día 28 de diciembre del 2012, el representante legal de la Liga, recibió un “cariñoso estímulo económico”, un vale vista de 25 millones de pesos. Rápidamente, el representante legal procedió a firmar en el tribunal. Pero, no había acuerdo del directorio de la Liga Ciudadana. Los directores de la Liga Ciudadana le solicitaron de forma reiterada al representante legal que devolviera los dineros, que pidiera disculpas públicas y que renuncie. Desgraciadamente, nada de eso ha ocurrido.

Es muy difícil ser persona en Chile.

La dignidad inviolable de la persona se pierde como un faro en la niebla, en la negra y compacta sociedad de clases y donde las condiciones laborales de la mayoría son inhumanas y donde la solidaridad no se valoriza.

Por ejemplo, un solo ejemplo, miles de niños chilenos son enviados por sus madres a las escuelas municipales con el único objetivo de recibir comida. No tienen comida en el refrigerador. No tienen dinero para ir de vacaciones o para comprarse un par de zapatillas nuevas. Van todos los días a la escuela en un curso que tiene 45 o 50 compañeritos.

¿Qué es una persona entonces? ¿Dónde está el valor de la persona?

Por eso es que hay razones para estar indignado. Se necesita hablar de solidaridad y comprensión con el amplio e inútil sufrimiento de las clases populares.

El pinochetismo logró que el capitalismo en Chile se convierta en lo que Karl Marx creía que sería por naturaleza: la fuerza eminente y el significado de todas las cosas, la degradación del ser por el tener, el poder del capital que transforma la política libre, en algo insignificante, al ciudadano en trabajador y en consumidor, la esfera de lo público en «el Estado» y el Estado en un instrumento de represión que protege el capitalismo de la amenaza de la libertad y la igualdad. Es el sistema capitalista puro realizado contra las mayorías y sin ellas. La persona ha sido desmontada y ha sido transformada en una mercancía, en un humillante y vacío objeto de explotación.

Vivimos una dolorosa sociedad de clases dividida en dos: los que tienen y los que son explotados.

Es muy difícil notar esto y quedarse callado. Sobre todo cuando uno es escritor y cree en la palabra como elemento pilar de una cultura. Callarse es estar muerto. Uno es persona y está vivo y tiene el deber como persona de hacer resistencia. Hay que hablar. Resistencia contra esta sociedad de clases que no quiere ver el atropello a la persona, o la pobreza de los niños y sus trágicas consecuencias para la vida entera.

¿Cuánto puede soportar un niño pobre en una clase municipal de 45 o 50 compañeritos? ¿Qué futuro tiene ese niño o esa niña?

Así, Chile está convertido en uno de los países más desiguales del planeta. Poderosas corporaciones, controlados por una ínfima minoría egoísta, utilitaria, narcisista, dominan la economía, un sistema único de dominación y asfixia. La Nación está en manos de corporaciones que especulan en la bolsa, personas ricas que lo único que hacen es aumentar su riqueza mediante la usura, la especulación y la expropiación de la riqueza que produce la mayoría que sufre. Esta minoría rica no produce nada. No realizan nada productivo. No producen trabajo. Son usureros. Son avaros. Estos innobles establecen mecanismos de expropiación de la riqueza que produce la mayoría del pueblo asalariado. Las grandes corporaciones cuando se ven descubiertas de sus operaciones fraudulentas, intentan por todos los modos de llegar a un acuerdo extrajudicial con las partes.

La Corporatocracia, el gobierno de las corporaciones, tiene mucho dinero y “poderoso caballero es don Dinero” (Quevedo). El dinero hace “correr a los cojos y al mudo le hace hablar” (Arcipreste de Hita). El dinero, el “gran río podrido” (Gonzalo Rojas). La Corporatocracia paga para silenciar y poder seguir con sus abusos.

Paulmann & Golborne & Cencosud

En marzo de 2006 el cobro de la tarjeta de mantención de Jumbo Mas era de $460. Cencosud la subió a $990. Es decir, de un momento a otro empezó a cobrar $530 más de lo que estaba autorizado por contrato.

¿Por qué? ¡Simplemente Paulmann y Golborne querían más dinero!

¡Dinero, dinero, dinero!

Dinero, dinero, dinero para enviar a paraísos fiscales.

Subieron los costos a más del doble de un momento a otro, sin justificación alguna.

Sernac afirmó que eso contravenía la Ley del Consumidor y estableció una demanda colectiva de la que nos hicimos parte con las asociaciones de consumidores, Liga Ciudadana y Conadecus.

Hoy la Corte Suprema nos ha dado la razón y ha ordenado la restitución de los 530 pesos cobrados mes a mes desde el 2006, que deberán ser reajustados. Cencosud debe colocar ese dinero en las cuentas de los 600 mil clientes afectados.

Aún así, este fallo es muy conveniente para Cencosud.

¿Por qué?

Cencosud sólo tiene que devolver el dinero que chuparon a 600 mil chilenos asalariados. Y Cencosud no fue obligado a indemnizar a los clientes estafados, como debiese ser. Además, la multa que se le cobró a Cencosud es solo de 50 UTM, cerca de dos millones de pesos, una risotada.

El ex gerente general de Cencosud, Luciano Golborne y su patrón, Horst Paulmann, estos grandes egoístas, estos grandes esquiladores de la gente asalariada, sostienen hoy que el robo fue un asunto de interpretación jurídica.

¡No les bastó que el año 2006, el director del Sernac, José Roa, los llamara a su oficina y les dijera que estaban violando la ley!

No. Paulmann y Golborne, al director del Sernac en el 2006 lo miraban como un pelele, un don Nadie, un pobre funcionario público. ¡Les importaba un soberano pepino lo que pensara el director del Sernac!

Ellos eran impunes.

Sí. El acto era ilegal el 2006. Y es ilegal hoy.

Caso La Polar

El caso de La Polar, con toda la similitud, tiene un final distinto y más grave aún. La corporación estafó de modo sistemático y científico a un millón de chilenos. Usaron a ingenieros comerciales e informáticos, usaron computadores de última generación, para crear un sistema de robo de carácter bíblico.

Cuando fueron demandados, La Polar se las jugó velozmente por un acuerdo extrajudicial. La Polar llamó a César Barros Montero, experto en deshacer entuertos de las corporaciones. (“I solve problems” , dijo el limpiador de cadáveres Wolf en el film Pulp fictions).

Barros ya había solucionado los problemas de las corporaciones del salmón. Barros puso a trabajar a expertos en comprar conciencias. Primero llegó a un acuerdo con el actual director del Sernac, Juan José Ossa, un chaval entrenado en los criaderos de las corporaciones.

El acuerdo que llegaron Barros y Ossa fue también un fraude, un nuevo fraude para los clientes estafados. No podía ser de otro modo.

¿En qué consistía?

Los clientes afectados recibirán un bono de $ 15.641, si el cliente tiene saldo a favor. En caso de ser acreedor (o sea la mayoría), el bono se descontará de la deuda que mantiene con La Polar. Es decir, la mayoría de los estafados no verá ese bono, pues pasará directamente a La Polar. Negocio redondo para los estafadores.

Lo más grave es lo siguiente: las primeras repactaciones unilaterales de la Polar son del año 1998, hasta el año 2011. Las deudas prescribieron a los 5 años. Es decir, todos los que tienen deudas de antes del 2007, quizás 300 o 400 mil clientes, tiene sus deudas prescritas, ya no le debían nada a La Polar. Pero, aquí está la nueva estafa. En este acuerdo, La Polar recuperó por arte de magia una cartera de clientes, que ya estaban prescritos. Negocio redondo para los estafadores de La Polar. Ahora con el acuerdo Sernac-La Polar, esos clientes vuelven a ser deudores de La Polar.

Para las organizaciones de consumidores el acuerdo era y es indigno. Por eso, la Liga Ciudadana presentó un recurso de apelación impugnando el arreglo Sernac-La Polar, acusándolo de tramposo con las deudas prescritas.

Gran río podrido

Entonces, La Polar uso un arma muy persuasiva. Pongan atención.

A fines de año 2012, un abogado de La Polar contactó al representante legal de la Liga Ciudadana, para que se bajara y aprobara el acuerdo de La Polar con Sernac. El día 28 de diciembre del 2012, el representante legal de la Liga, recibió un “cariñoso estímulo económico”, un vale vista de 25 millones de pesos. Rápidamente, el representante legal procedió a firmar en el tribunal. Pero, no había acuerdo de directorio de la Liga Ciudadana.

La noticia del acuerdo extrajudicial se publicó e inmediato esa mañana del 28 de diciembre en los diarios de temas económicos. Y esa noticia cayó como un balde de agua fría en el directorio de la Liga.

Doloroso, penoso para nosotros saberlo. Duro para nosotros enfrentar esto. La voluntad política de mantener la dignidad frente a las gigantes presiones de una clase social inhumana es rasgada, como si un cuchillo nos rasgara el rostro.

No me enorgullece, me enardece. Pero, como persona, tampoco me puedo quedar en silencio.

Y no fui sólo yo. Los directores de la Liga Ciudadana le solicitaron de forma reiterada al representante legal que devolviera los dineros y que pidiera disculpas públicas. Desgraciadamente, nada de eso ocurrió.

La mayoría de la directiva de la Liga Ciudadana le solicitó la renuncia al representante legal. Sobre los dineros recibidos, la asociación no tuvo conocimiento de su destino. La Polar se encargó inmediatamente, junto con el Sernac, de cerrar el caso y dejar a firme el acuerdo, otra estafa.

Así están las cosas, tristes, muy tristes, en este país, en este querido país de ají y de pimienta, que llamamos Chile. Estamos en medio de una noche. La dignidad de las personas está en juego.

Omar Pérez Santiago es escritor y dirigente de la Liga Ciudadana. Ha publicado recientemente “Nefilim en Alhué y otros relatos sobre la muerte” (Mago Editores) e “Introducción para inquietos. Tomas Tranströmer. Premio Nobel 2011” (Cinosargo ediciones)

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