La Ley Mordaza más allá del entrampamiento de la labor periodística

Por Tomás García Álvarez *

Con mordazas rojas en nuestra boca y un lienzo que mostraba claramente nuestra posición, los y las estudiantes de la comunicación del ICEI adherimos a la recién pasada marcha por la educación para denunciar la esencia de la problemática Ley Mordaza.

Sumado a esto, hace algunos días el Centro de Estudiantes de la Comunicación de la Universidad de Chile (CECO) organizó un foro-debate en torno a esta temática que contó con la participación de María Olivia Monckeberg y Javiera Olivares, teniendo por objetivo compartir visiones acerca de la bullada ley y que nos permitió pulir ciertas apreciaciones que más de alguna vez hemos planteado.

En los últimos años la labor periodística ha estado supeditada al ajetreo diario y al interés por conseguir la mejor primicia de un hecho noticioso, lo que ha devenido en el descuido de su real sentido, que pienso, es el de potenciar la reflexión acerca de los diversos acontecimientos. Con el regreso de la democracia todos los medios que se atrevieron a denunciar las barbaridades del régimen dictatorial fueron desarticulados, y por ende, un nicho tan importante como la denuncia quedó desolado.

Sin embargo, la rigurosidad de algunos medios ha permitido que casos como los de corrupción y de influencias varias salgan a la luz, tensionando un debate aun más profundo: la sucia relación entre política y dinero.

Pese al esfuerzo de algunos periodistas y comunicadores por develar las prácticas que se esconden en los tapetes del Parlamento, aún falta mucho más. Digo esto porque quien hoy rige la labor periodística, y quien en futuro permitirá que otros casos puedan conocerse es el marco legal que envuelve al periodismo hoy. Y la Ley microfonoMordaza que se pretende instaurar es muestra de ello. Siguen siendo las diversas leyes quienes determinan el ejercicio del periodismo, y con esto no busco atacar la regulación de una práctica responsable y rigurosa, sino que cuestionar que el trabajo de las comunicaciones y el sentido que debería perseguir solo se amparan en la legalidad.

Con la llegada de los 90’ se nos olvidó preguntarnos para qué y para quién debemos hacer periodismo, se nos olvidó la importancia de cada palabra que decimos y escribimos. Y esa es la mayor falta a la ética que podemos cometer. Más aun hemos permitido que sea el mercado quien establezca los principios de nuestra labor, que bien sabemos están sólidamente determinados por la competencia entre los medios. Es decir, durante todo este tiempo hemos dejado que el “oficio más lindo del mundo”, como lo han llamado algunos, quede en manos de grupos reducidos de poder y su libre arbitraje.

Una vez leí por ahí que después de recuperar nuestra educación será el tiempo de recuperar la información. Pues bien pienso que ese tiempo debe ser hoy. La Ley Anti Filtraciones se nos presenta como una oportunidad para dialogar entre periodistas, comunicadores y estudiantes de la comunicación sobre el periodismo que requiere nuestra sociedad. Se abre la posibilidad para sentarnos a conversar, pero también para responder a las diversas interrogantes que presente más arriba.

Para todo esto debe existir algo que en los últimos años no ha existido: voluntad política. Voluntad, porque es el paso primero para recuperar el periodismo y ponerlo en favor de las mayorías. Y Política, porque entiendo la enorme responsabilidad que significa poseer información para luego compartirla.

Se vislumbran en los rincones de nuestra sociedad ansias de transformación, y es nuestra decisión el construir un periodismo vigilante y sin temor a la denuncia. La tarea de impulsar una comunicación que sirva realmente a la población, favoreciendo el cuestionamiento y el reconocimiento de nuestra realidad, no puede quedar en palabras. Debemos ser capaces de echar abajo la Ley Mordaza y, al mismo tiempo, pensar un nuevo periodismo. Todo esto y más está en nuestras manos.

*Vocero de carrera de Periodismo de la Universidad de Chile

Fotografía destacada/Andy Valderrama

Fuente: Radio JGM

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