La democracia de los lobos

Por Wilson Tapia Villalobos

Al observar la semana política que pasó, es natural pensar en la frase: “Parece mentira”.  No, es la pura verdad.  Pero las razones profundas que provocaron la situación, es una mentira. Es la gran mentira de la democracia que nos ordena el sistema político vigente.  Y una demostración palpable de lo que ocurre a nivel global. Es por eso el desprestigio de la política.  Por eso es que las instituciones aparecen sobrepasadas.  Y, también por eso, decir que las instituciones funcionan aquí o en cualquier parte del mundo, resulta una falacia. Si la democracia sirve sólo para unos pocos que la manejan -manejan el poder-, no es democracia.

En los últimos siete días tuvimos una muestra, en Alta Definición, de lo que es la política actual.  La que practican quienes llevan el pandero gracias a este sistema binominal que les da el poder a un pocos que dominan los Partidos.  Y se lo quita a los ciudadanos. La bajada del pre candidato presidencial de la derecha, Laurence Golborne, fue vergonzosa. Tal vez sólo comparable con la vergüenza que podía producir el ver que el Partido con mayor arrastre a nivel nacional, la Unión Demócrata Independiente (UDI), elegía a su presidenciable como si se tratara de un perfume. Y con ello dejaba fuera de carrera a personeros de su propia colectividad que creían haber hecho méritos.  Si por eso se entiende haber ayudado a llevar al Partido al sitial en que se encuentra. Hoy, que está a la baja, representa al 16,16% del electorado.

Pero el “bochorno Golborne” es pasado.  Y sólo resta por decir que la UDI comprendió que el marketeo no funciona en política como con los perfumes.  Lo defenestró de inmediato cuando comprendió que con ese candidato no iba a ganar una elección y difícilmente recuperaría votación. Y designó, a dedo también, al ex ministro de Economía, Pablo Longueira, en su reemplazo. Una demostración de como la ultra derecha entiende la democracia.  En especial, la democracia interna. Todo lo resuelve la cúpula, que también ha sido elegida a dedo por el grupo que domina el Partido. La militancia sólo tiene derecho a ser escuchada al aplaudir las decisiones que se toman en su nombre.

La semana recién comenzaba.  Y, para reafirmar que la democracia chilena es transversal, después le tocó el turno a la oposición. Conscientes de que el sistema electoral chileno adolece de una enfermedad congénita -nada democrático puede nacer de una dictadura- se había aprobado el sistema de primarias.  Así, la ciudadanía, aunque fuera en grado espurio, participaría en la designación de sus candidatos a parlamentario. No lo harían de manera exclusiva los Partidos, como ha ocurrido en las dos últimas décadas. Pero la oposición -Concertación incluida- no llegó a acuerdo y la posibilidad de mayor participación del elector se vino abajo.  Se impuso el sentido del sistema binominal, que es asegurar el poder en manos de dos bloques. No importa que eso signifique segar la democracia.

Hasta ahora las explicaciones van y vienen. La ex presidenta Bachelet trató de golpear la mesa, pero lo hizo con tal finura, que su llamado no surtió efecto.  Incluso, portavoces de los partidos que apoyan su candidatura, el Socialista (PS) y por la Democracia (PPD), hicieron declaraciones ambiguas.  Dirigentes máximos apoyaron a Bachelet, pero casi instantáneamente otros salieron a decir que los parlamentarios no eran considerados por su comando. Finalmente, los opositores harán  primarias privadas.  Una especie de chocolate para que el niño deje la rabieta.

Voces desde el interior de la Concertación culparon a la Democracia Cristiana (DC) de ser la responsable de no haber llegado a acuerdo.  Su presidente, el senador Ignacio Walker, respondió instantáneamente.  Muy político, dijo: “No nos gustan los acusetes que andan apuntando con el dedo sin asumir sus propias responsabilidades”.  Si hubo acusetes y no mentirosos, es verdad que la DC fue el gran escollo. Y si los otros no asumen  sus responsabilidades, él debería hacerlo para enseñarles.

Es pedir demasiado. La política chilena está como está.  Y para quienes pensamos que este no es un mal local, el horizonte se muestra oscuro. El poder se enseñorea sin respetar límites.  Me dirán que siempre ha sido así.  Y tienen razón.  No sólo es Israel bombardeando Siria.  Antes fue Estados Unidos e Inglaterra destrozando Libia.  Estados Unidos solo o con compañía fue a imponer democracia en Afganistán, luego en Irak. Y América Latina ha conocido de sobra a los marines. Para completar la mirada a este poder transversal, podríamos ir a 1968.  Recordar como en plena Guerra Fría, la Unión Soviética y sus aliados comunistas -a excepción de Rumania- invadieron Checoslovaquia.  Allí aplastaron los deseos de liberalización  política que encabezaba Alexander Dubcek.

Se podría pensar que todo sigue igual.  Pero la democracia formal que hemos conocido los chilenos, no está dando respuestas adecuadas.  Y resulta claro que no es sólo aquí.  Entre nosotros, conoceremos pronto los resultados del malestar de ciudadanos que no aceptan este juego para bobos.  Y si la abstención superó el 60% en las elecciones de concejales del año pasado, es posible que tal desastre aumente en las votaciones de noviembre. Está por verse.

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