La crisis de la educación en Chile y un homenaje merecido

Por Sebastián Jans Pérez

Después de la llamada “revolución de los pingüinos”, que se desató cuando comenzaba el gobierno de Michelle Bachelet, no había habido un movimiento de protesta de los estudiantes chilenos, como el que ahora esta manifestándose. De hecho, por estos días, un grupo de colegios de enseñanza media han sido ocupados por sus estudiantes y sus organizaciones representativas, como una manifestación de protesta contra las políticas gubernamentales, que pretende dar un nuevo zarpazo a favor de la comercialización de los servicios educacionales, buscando favorecer la educación universitaria privada.

El modelo actual, fundado en el lucro, entrega una educación discriminatoria, basada en la optimización de las ganancias de los prestadores del servicio. Actualmente es uno de los mejores negocios, que reporta grandes ganancias, entregando una educación mediocre, selectiva y mercantilista.

La demanda de los estudiantes va en sentido contrario, clamando por una educación fiscal, que garantice la calidad, la igualdad de oportunidades, la movilidad social y el derecho igualitario para todos, más allá de los ingresos económicos.

Los estudiantes repudian el actual modelo privatizador y mercantil de la educación, basado en premisas neoliberales y subsidiarias, donde la educación es sometida a las reglas del mercado, transándose como cualquier otro producto, sobre factores de oferta y demanda donde cada cual compra el servicio que puede pagar, produciendo un abismo social entre los que pueden pagar el acceso a mejores colegios o mejores universidades y los que tienen que aceptar colegios paupérrimos, sin recursos,  o una educación terciaria deprimida por las reglas del mercado.

Los estudiantes rechazan el proyecto de dominación ideológica y social, que consagra el actual modelo, donde el Ministro de Educación es un paradigma. Para ellos la educación es un derecho social que solo puede ser abordado por el Estado, cuestión que viene a sr compartida por sectores cada vez más crecientes de la población, y que deberá ser uno de los grandes desafíos de los próximos años a fin de construir una conciencia política y social favorable para ese objetivo superior.

En ese contexto se ha producido un pequeño homenaje a uno de los colegios que simboliza el drama de la educación chilena.  Un grupo de hombres de pensamiento libre, se ha reunido en uno de los patios de ese colegio, para reconocer su historia y su aporte a la educación pública y su compromiso con el rol social de la educación.

Se trata del segundo establecimiento educacional fundado por la república, y el primero luego de que Chile conquistara su independencia nacional: el Liceo Gregorio Cordovéz de La Serena, que este año celebra sus 190 años de existencia. Su fundación se produjo e, 1821, por Decreto de la República firmado por el Padre de la Patria, Bernardo O´Higgins, un librepensador que consideraba que la educación era uno de los principales tareas de la naciente república independiente.

Nació el liceo con el nombre de Instituto Departamental San Bartolomé de La Serena, y con el paso del tiempo tomaría el nombre de uno de sus principales artífices, el coronel de milicias, patriota y político, Gregorio Cordovéz del Caso, gobernador y parlamentario, unido a O´Higgins en propósitos y exilio en Mendoza, y que le correspondió cumplir un importante rol en la consolidación de la república y la independencia en la hoy Región de Coquimbo. Compartió con O´Higgins la preocupación por la educación, y su obra destaca por ello, junto a los primeros canales de regadío y el apoyo a la gestación de la primera Escuadra de la Marina de Guerra, con la compra de “La Coquimbo”, conocida luego como la “Chacabuco”.

El “Instituto Departamental”, que luego llevará el nombre del coronel independentista, ha sido el alma mater de la educación chilena en el norte del país, y de ella emergerán luego otras instituciones educacionales memorables: la Escuela de Minas, la Universidad Técnica del Estado local, y la sede provincial de la Universidad de Chile. De sus aulas han salido importantes figuras nacionales (políticos, militares, cultores del arte, profesionales destacados, etc.).  El más destacado en vida es el Premio Nacional de Educación, Marino Pizarro.

Con esa enorme tradición, en cualquier país, un colegio de ese tipo estaría entre los principales del país, señalando con su trayectoria la fortaleza de su tradición y la trascendencia de su legado. Sin embargo, hoy es un colegio municipalizado, con pobres recursos, sin un Estado que asuma el valor de su propia obra en el proceso de construcción cultural, que debe arrendar sus recursos físicos (su imponente teatro y sus amplios comedores) para eventos sociales, a fin de obtener recursos monetarios para seguir cumpliendo su noble labor educadora promoviendo la movilidad social y el compromiso con su historia. En la modalidad de financiamiento compartido, sus casi 600 alumnos pertenecen al segmento de ingreso mensual que va entre los 400 y los 700 dólares.

Recorrer su construcción de más de 12.000 metros cuadrados, permite sentir la fuerza espiritual de su historia, de su tradición y de su enorme legado cultural y social al país. Una herencia que el sistema de educación actual desprecia para favorecer el mercantilismo y las ganancias de los mercaderes, refugiados en mentirosas campañas publicitarias y en supuestos logros que son incapaces de pasar cualquier test de medición de resultados en calidad, y que carecen del mínimo compromiso con el rol emancipador de las conciencias que debe cumplir la educación.

Fue un agrado acompañar al ex rector de la Universidad de Chile y actual Gran Maestro de la Masonería Chilena, Luis Riveros, al rector del Liceo Gregorio Cordovéz, José Araya, y al Alcalde de La Serena, Raúl Zaldívar, para descubrir una placa de homenaje a los 190 años de historia de este establecimiento que es el alma mater de la educación del norte chileno, y que es un paradigma histórico de lo que los estudiantes chilenos quieren hoy y demandan hacia el futuro. En cada una de las alocuciones ese deseo profundo de contar nuevamente en Chile con una educación mejor, pública, laica y con un profundo sentido social, estuvo fielmente representado y reivindicado.

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