Juan Polizzi: “Haría lo mismo si tuviera que empezar de nuevo”

escrito por TBB 

polizzidetieneGanador de la Distinción “René Louvel” Vecino Destacado 2013 de Concepción, Juan Polizzi dice que ha tenido una buena vida y por eso se declara feliz.

Yo soy una especie rara”, dice y se sonríe. Es que Juan Salvador Polizzi Contreras, a sus 67 años tiene un largo camino recorrido como ex trabajador de Huachipato, dirigente vecinal, anarco sindicalista, escritor, ex relegado,  seguidor de las enseñanzas de Clotario Blest,  pero sobre todo como una persona que se declara contenta con la vida que ha vivido.

Con su tradicional boina negra, sus ropajes oscuros y su barba, es un personaje inconfundible en manifestaciones, actos culturales, actividades de homenaje y marchas en Concepción. Nunca ha militado en partido político alguno y se define sin vacilar como “anarco sindicalista cristiano”.

“Somos contados”, dice y cuenta que en 1991 fue uno de los que organizó el Primer Congreso Anarquista en Concepción. “Éramos poquísimos, no más de 30. Hoy existen cientos, pero yo les digo a los cabros a mí me gustaría verlos en 50 años más, es re fácil cuando uno es cabro decirse anarquista, vestirse de negro y tirar piedras, pero llegar a madurar la cosa, ahí ya es más difícil”, asevera con la voz de la experiencia.

Y es anarquista, explica, porque le gusta la libertad. Eso mismo ha hecho que, por ejemplo, nunca haya ejercido la actividad de la cual egresó: Contabilidad. “La contabilidad no me agrada, porque eso de tener un orden va contra mi espíritu. Perder libertad y estar encajonado a normas no comulga conmigo”.

Desde niño, Juan Salvador ya anticipaba lo que serían su carácter y sus convicciones. Algo que, aclara, se lo debe a su padre Juan Polizzi Rojas, ex director del Tránsito de la Municipalidad de Concepción.

“A mí me echaban del colegio siempre. Cuando eso pasaba, me preguntaba: ¿qué pasó? Me echaron del colegio, le contestaba. Ya, me decía, el próximo año te pondré en otro, pero trata de estudiar, después  no vas a tener qué hacer, me aconsejaba”. Pero a lo más duraba dos años en un mismo colegio, reconoce.

“Era jodido, era desordenado, no ponía atención en clases, andaba inventando diabluras. Por ejemplo, estuve en el Salesiano y  lo que detonó mi salida fue un día que el cura director nos estaba haciendo una arenga en el patio a todos los alumnos, éramos como mil. Hablaba sobre el infierno, que nos íbamos a quemar en el infierno. Yo estaba en sexta preparatoria y cuando escuché eso levanté la mano  y el cura me dijo: ¿qué quiere Polizzi?  Y le contesté que lo que estaba diciendo era mentira, porque Dios es bueno y no me puede condenar a estar quemándome como un asado con un fierro en el poto dándome vueltas- relata riéndose- Quedó la escoba, me echaron para la consejería y llamaron al viejo… Yo creía en un Dios bueno y lo sigo creyendo. Finalmente terminé en la nocturna del Comercial. Ahí ya estaba más grande, había madurado un resto”. relata y los ojos se le achican como pillado en falta.

En la casona de Camilo Henríquez, en el sector Chillancito, transcurrió la infancia de los Polizzi. Su padre era altamente sensible a la situación de los niños y cuando encontraba alguno en la calle, le preguntaba quién era, qué estaba haciendo y si el chico le decía que no tenía padres, se lo llevaba para la casa. “Cuando lo veíamos entrar con un cabro, a todos nos daba miedo porque a alguien le iba a quitar ropa, porque empezaba a vestirlo con ropa nuestra… En el barrio nos decían los Polichentos, porque no sabían quién era Polizzi… Llegamos a ser como”, relata no sin orgullo hacia los gestos de su padre.

Sin embargo, pronto Juan Salvador se empezó a rebelar, porque sentía que la sobre protección de su padre a la larga no lo beneficiaría. Así que empezó a salir a trabajar en los veranos, cosa que a su padre no le gustaba. Incluso se dedicó un tiempo al boxeo, algo que para su progenitor era terrible. “Pero yo quería aprender a defenderme…”, argumenta Polizzi.

Su paso por Huachipato

Ya egresado del  Comercial, se puso a trabajar. Estuvo en la construcción y tiempo después, entró a Huachipato. Fue allí donde lo pilló el 11 de septiembre de 1973.

“Yo no era dirigente, pero sí actuaba como activista de base. Siempre he sido libertario, no he fichado por ningún partido político, pero he militado en la izquierda y por eso al poco tiempo sufrí  algunas alteraciones en el trabajo, me enviaron a lugares inhóspitos y contaminados, donde se trabajaba muy duro. Lo normal era que al personal lo tuvieran tres meses y a mi me tuvieron un año y nueve meses sacando basura y escombros, soportando temperaturas de 40 grados sobre cero”, rememora.

Esa experiencia, dice, “le liquidó” la columna, así que con el tiempo debió jubilar por invalidez e incapacidad física.

Pero en Huachipato Polizzi no estuvo tranquilo. Allá por el 76, junto a otros compañeros, empezaron a organizarse en los que llamaron “la resistencia dentro de la empresa”. con el fin de democratizar la organización sindical en manos de dirigentes designados.

“Yo tenía en ese tiempo unos treinta años, esa juventud y mi espíritu demócrata me empujaban a luchar por recuperar la democracia. Eso hizo que nos juntáramos a conversar con gente del PC, del MIR y otros anarcos como yo. Al poco tiempo formamos un Frente de Trabajadores Libres, en el que se incluía hasta la DC”.

Fue así como en las primeras elecciones del sindicato Huachipato lograron ventajas sobre el oficialismo, eligiendo a cinco dirigentes. Poco después se formó el Movimiento Alternativa Sindical, MAS, en la  misma senda de recuperar el sindicato y de formar conciencia en los trabajadores para recuperar la democracia.

Cuando se anuncia la creación del sistema de AFP, dentro de Huachipato el grupo disidente encabezó  la resistencia al traspaso hacia las administradores de fondos de pensiones.

“Hicimos el boletín La Ultima Colada, que era contestatario, clandestino, que llamaba a no inscribirse  en las AFP, que llamaba a rechazar este asunto de las isapres, a rechazar el Código Laboral”, recuerda.

Nace el Tasys

Pero los afanes libertarios de Juan Polizzi no se centraban sólo en Huachipato. El 23 de julio de 1978, y por iniciativa de Juvenal Candia, que era dirigente gráfico, participó en la creación del Taller de Análisis Sindical y Social, Tasys. Funcionaban en Heras 855, en Concepción, participando dirigentes de Machasa de Chiguayante,  de los textiles de Tomé, del sindicato de gráfico inter empresa de Concepción, el sindicato de choferes y trabajadores  de base de Huachipato.

“Hicimos muchos sindicatos en ese tiempo. Había que jugársela. En una oportunidad estábamos haciendo un sindicato de chóferes y necesitábamos 75 porque era interempresas. Era una noche en Chiguayante y había un tremendo temporal. Nos faltaban como cinco socios, y ya los inspectores se querían ir. Alejandro Pozo, dirigente de los chóferes, me dijo que demorara un poco la cosa, y salió. Yo me puse a hablar un rato y de repente apareció como con diez viejos, así que firmaron y quedó listo el sindicato. Cuando se fueron los inspectores le pregunté a Alejandro, ¿de dónde sacaste a los viejos? Fui a la bodega de la esquina, hablé con los viejos y los traje p’ acá,  me contestó. Así que después hubo que ponerse con una chuica, pero había que hacerlo porque estábamos en dictadura”.

Por más de 20 años, el Tasys funcionó en Heras, apoyando la formación de sindicatos, de juntas de vecinos y de otras organizaciones.  Cuando no pudieron pagar el arriendo, entregaron la sede y se fueron al Barrio Norte, donde funcionaron otros diez años en una casa que, luego del terremoto, debieron entregar.  Así que se quedaron sin sede, pero Polizzi sostiene que “en cualquier momento podemos pararnos de nuevo”.

De la mano del Tasys también vio la luz- en 1984- el Taller Literario Mano de Obra, que Polizzi define como “el aparato cultural del Tasys”, que editado libros, revistas y diversas publicaciones destacando la capacidad creadora de los trabajadores.

Relegado en Punitaqui

Por cierto que estas actividades libertarias de Juan Polizzi lo hicieron más que conocido en dictadura como un férreo opositor al régimen de Pinochet. Era frecuente encontrarlo en las manifestaciones públicas que se efectuaban en el centro de Concepción o en actos de repudio a la dictadura.  Y, claro, en más de una vez fue detenido por carabineros.Active Image

La efervescencia producida a partir de 1983 con las primeras protestas populares, acentuaron también la represión hacia los opositores. Fue así que en 1984, luego de una detención de cinco días, Polizzi junto a otros opositores fue relegado a la localidad de Punitaqui, cerca de Ovalle, en la IV región.

Llegaron al cuartel de carabineros de la localidad un día en la noche. Querían ubicar al sacerdote del pueblo, Cupertino Cortés, pero andaba en una de las numerosas iglesias de los pueblos del interior, así que debieron esperarlo. No les permitieron dormir en la comisaría, y los llevaron a una casa que, según les dijeron, era una pensión.

“Nos metieron en una pieza y nos dejaron encerrados. Nosotros lo único que queríamos era descansar, así que dormimos. Después supimos que ese lugar era un prostíbulo…”

Fueron a la iglesia y se contactaron con el párroco quien les dio una buena recepción. Les permitió quedarse en una casa que estaba en construcción y que ellos ayudaron a terminar.

Vivieron muchas anécdotas en el pueblo, recuerda Polizzi. Cuando llegaron, relata, los vecinos pensaban que eran terroristas y no se atrevían a acercarse. Hasta que en una misa, el sacerdote habló de la Parábola del Buen Samaritano y les dijo a los fieles “aquí tenemos la oportunidad que nos puso el Señor -el señor Pinochet, en realidad, acota Polizzi- de ayudar y así nos empezaron a llegar hartas cosas”.

Tanto fue, que el día de la procesión de la virgen, los relegados arreglaron el coloso que transportaba la imagen y no sólo eso, sino que estuvieron en primera fila junto al cura y los bomberos, casi como autoridades del pueblo.

Igual vivieron situaciones insólitas y hasta un poco ridículas, pues debían firmar tres veces al día. “En el día había un calor sofocante, así que para ir a formar teníamos que bañarnos con ropa, porque en el trayecto se secaba y nos protegía del sol. Era bien ridícula la cosa, hasta los mismos pacos lo consideraban, porque quién se iba a escapar por el desierto…”

El sueño de Barrio Norte

Junto con la lucha sindical y social, Juan Polizzi ha sido el símbolo de la lucha de los habitantes de Barrio Norte, hasta donde llegó a vivir en 1977. Al poco tiempo empezaron a reunirse con algunos vecinos y a “armar la resistencia”. Fue así como formaron un cordón entre Paicaví y el río Andalién con piquetes que salían a las protestas.

Después se involucró en la junta de vecinos. Diez veces ganó la presidencia, encabezando la organización durante veinte años. Pero el 2012, no quiso seguir, aunque reconoce que igual varios vecinos y también los dirigentes le consultan. Ahora está más involucrado en el Comité Pro Comuna Andalién, pero ya lo identifican como “alcalde de Barrio Norte”. Pero Polizzi se lo toma con una dosis de humor. “Esta es una cosa jocosa, si yo jamás voy a ser autoridad de nada, sería inmoral de mi parte, porque siempre he estado en contra de las autoridades, no me puedo convertir en una”, sostiene.
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Su apuesta por la comuna va en serio, porque está convencido que Barrio Norte tiene las características para serlo.

“Más allá que Barrio Norte tiene 80 mil habitantes y un tremendo desarrollo inmobiliario en San Andrés, Lomas de Bellavista,  creemos que está abandonado, que las cosas que se han hecho han sido porque nosotros hemos estado ahí dándole. De hecho uno de los barrios más pavimentados que hay en Concepción es Barrio Norte, que  tiene el 90 por ciento de la calles, pero eso es porque la gente se organizó en comités y exigimos y marchamos…”

Una historia para contar

No sólo le apasiona la cuestión social, también las letras. Ha escrito y publicado en sencillas autoediciones por lo menos diez libros. El más reciente, “Cuentos para no olvidar”, lo editó su amigo Patricio Turra, fallecido el 30 de mayo pasado.

Su objetivo es bastante claro: “No quiero que se olvide cómo fue la dictadura, porque están tratando de maquillarla. Creo que los milicos van a ser milicos toda la vida, ellos no son democráticos, están al servicio de los dueños del país. No hay que olvidarse que aquí hubo una verdadera Gestapo que era la CNI, que tomaba a la gente, la torturaba de la peor forma posible, la mataba, muchos cabros no se imaginan lo que pasó. Tengo más cuentos, pero quería sacar este libro. Me ofrecieron que me lo podía financiar algún empresario con los impuestos, pero yo creía que eso era inconsecuente conmigo, le pedí plata a mi hija que me hizo un préstamo y el libro salió como yo quería, sin tener que pedir nada, incluso he recuperado plata, lo vendo a dos lucas, tampoco quiero hacerme rico. La idea es que los jóvenes sepan que en esa época tú salías a la calle y no sabías si ibas a volver vivo…”

A sus 67 años, Juan Salvador Polizzi tiene cuerda para rato. Pero se lo toma con calma. Ahora está empeñado en concretar el proyecto de comuna y dejarla en manos de los jóvenes. Porque su plan es dedicarse a escribir. “Las ando chuteando todas y uno se desdibuja un poco también”. Con todo, confiesa con una amplia sonrisa que no se queja porque ha tenido una buena vida.

“Haría lo mismo si tuviera que empezar de nuevo. Estoy feliz con mi familia, con mis amigos, con mis cinco nietos… El hijo de mi hija es como yo, lo han echado de varios colegios, parece que hay algo genético, pero yo me hago el gil…”

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