Jorge

“Hay algo malo dentro de mí, una especie de programa con error”

Estar solo
Venía recién llegando de unas desconectadas e inolvidables vacaciones por el sur, cuando la noticia del “último jugo de Jorge González” estallaba como olas sobre la playa negra de Niebla en la pantalla del compu. Que estaba ebrio, que estaba drogado, que no dejó actuar a unos humoristas, que estaba hospitalizado en Conce… y debajo de cada noticia, los comentarios repetidos de ese guatón pajero que nunca le ha empatado a nadie que suele ser el troll promedio que habita las redes sociales, erigido ahora en juez infalible, tanto de conducta moral como de calidad artística.

Y es que le moleste a quien le moleste, estamos hablando ni más ni menos que del mejor y más importante artista vivo y en rodaje que tenemos: desde que cambió para siempre lo que entendemos por rock en el país con su disco debut en 1984 hasta esa maravillosa placa íntima que nos regaló hace poco más de un año. Pero claro, estamos en Chilito, el chaqueteo es nuestro deporte nacional favorito y a nuestrxs genios se les valora sólo tras dejar de respirar.

No voy a justificar, cual groupie irreflexiva, sus salidas de madre frente a otros artistas y público ni menos me voy a meter en cagüines de alcoba. Si queremos santos prístinos y ultra consecuentes (que no tenemos, quizá don Clota) no hay que buscarlos en el arte ni menos en el rockanroll. (Si la importancia de los rockeros dependiera de consideraciones morales, estamos claros que una banda como Led Zeppelin -y sus orgías con menores de edad- no tendría la merecida gloria que posee). Por suerte, al menos en el rock, ética y estética son esferas distintas.

Aunque más que las dudosas acusaciones de excesos y drogas (proferidas por tipos con fotos de perfil tragando cervezas y fotos de portada de bandas como AC/DC, pero que despotrican como si fueran acólitos del Pastor Soto) lo que más me llama la atención es la repetición como un mantra de un epíteto que no escuchaba desde el primer año de la administración Piñera: “resentido”.

¿Resentido? ¡Qué sería de nuestras letras sin el resentimiento! Ni la Mistral, ni De Rokha, ni Bolaño ni Lemebel (por nombrar los primeros que se me vienen en mente) serían inimaginables sin ese odio que hierve en las venas frente a lo injusto de la existencia, que de vez en cuando aparece tímidamente en lo mejor de nuestro hip hop o punk y que es casi marca registrada de nuestra única estrella del rock.

…De los vivos, ni más carretero que Charly ni más desafinado que Dylan ni más irascible que Morrissey ni más vende pomá que Bono, Residente o Manu Chao. De los que ya no están, ni más odioso que la Violeta en sus arranques ni más vanidoso que el teatrero Víctor ni más ortodoxo que Neruda y sus loas a Stalin. Ni más divo que Morrison ni más jugoso que Vicious ni más copión que Cerati (en el fondo, ni más ni menos humano que todos aquellos a los que la muerte y las chapitas y poleras han blanqueado hasta la santidad).

¿Que no he nombrado ningún rockero chileno? Obvio, Jorge es EL rockero chileno y así lo reconocen todos, por algo tanto cover suyo, pues mal que mal debe ser quien más himnos le ha legado al cancionero nacional (me faltan dedos en las manos para contar los temazos que conoce y canta todo el país, sin importar edad o estrato social) y su influencia en las siguientes generaciones es más que innegable ¿O acaso alguien puede escuchar Futuro esplendor de Los Miserables o Rebeldes de Alex Anwandter (por nombrar dos discos bien diferentes) sin retrotraerse a La voz de los ’80 y Corazones, respectivamente?

Otra cosa es que Jorge tenga un problema… y grave. Pero yo no soy quien para dar consejos a nadie. De dramones anteriores salieron joyas como Corazones o Libro y esperemos que esta vez al menos salga intacta su salud y que se cuide. El mismo ha dicho que New Order es más grande que Joy Division porque es una celebración de la vida y no de la muerte y en su última visita por estos lados se ganó varias pifias en un bar -ese que está en calle Argentina #470- señalando que sus mejores trabajos los había hecho sobrios y que el “sexo, droga y rocknroll” era una puta mentira.

Igual curioso que todo esto pase en Conce, donde hace 30 años sacudió la ciudad en el Aula Magna en ese mítico concierto que siempre me ha recordado al de los Pistols en Manchester, a minutos de donde ahora está acostado en una clínica esperando el alta… para demostrar que no está descontinuado, ni lo habrán desactivado, que no pueda caminar por Concepción.

Por: Italo Polizzi Bustos VitrinaSur.cl

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