Homenaje a una torre de fuego, ayer y hoy

La torre de fuego de la Universidad de Concepción

por Juan Schilling
“Nadie les ha enseñado a hacer lo que están haciendo; nadie le enseña al árbol la forma de dar sus hojas y sus frutos. No se han dejado utilizar, como tantas veces en otros tiempos, a manera de cabezas de puente o pavo de la boda; hoy están solos frente a una realidad resquebrajada, son una inmensa muchedumbre que no acepta ya reajustarse para ingresar ventajosamente en ese mundo que se da en llamar moderno, que no acepta que ese mundo los recupere con la hipócrita reconciliación paternal frente a los hijos pródigos. Algo como una fuente de pura vida, algo como un inmenso amor enfurecido se ha alzado por encima de los inconformismos a medias, en la torre de mando de las tecnocracias, en la fría soberbia de los planes históricos, de las dialécticas esclerosadas. No es el momento de explicar o de calificar esta rebelión contra todos los esquemas prefijados; su sola existencia, aquí y en tantos otros países, la forma incontenible en que se manifiesta, bastan y sobran como prueba de su validez y su verdad. Nada piden los estudiantes que no sea de alguna manera una nueva definición del hombre y la sociedad, del hombre en la sociedad; y lo piden en la única forma en que es posible pedirlo en este momento, sin reivindicaciones parciales, sin nuevos esquemas que pretendan sustituir a los vigentes. Lo piden con una entrega total de su persona, con el gesto elemental e incuestionable de salir a la calle y gritar contra la maquinaria aplastante de un orden desvitalizado y anacrónico. Los estudiantes están haciendo el amor con el único mundo que aman y que los ama; su rebelión es el abrazo primordial, el encuentro en lo más alto en las pulsiones vitales.”
El párrafo anterior fue escrito para Marcha de Montevideo por Julio Cortázar y lleva por título “Homenaje a una torre de fuego”, se refiere a las jornadas de mayo de 1968 en París, lo encontré en el momento justo, por esas cosas del destino, en el libro “Último Round”. Aunque las semejanzas entre la situación actual y la del 68 son reales y cualquiera puede observarlas, no habíamos llegado a apreciar que esa similitud pudiera hacernos confundir un texto de entonces con uno de hoy. Así es la magia de Cortázar.

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