Golborne: Cuando la buena onda esconde una brutal irresponsabilidad

Por Patricio Segura / El Quinto Poder

Vertiginosa ha sido esta semana. Igual que la pasada, con reuniones secretas, alineamiento de seremis para aprobar HidroAysén, planes Aysén con cifras que no calzan, seremis que no se abstienen, conflictos de interés, informes técnicos modificados, ministro del Interior pre aprobando el proyecto.

La Región de Aysén, esta preciosa tierra enclavada en la Patagonia, está en el ojo del huracán, y como nunca antes, la discusión no sólo se está dando en Santiago. Aysén está protagonizando el debate. Donde los actores locales no son algunos, somos todos los ciudadanos de este lindo territorio que nos hemos movilizado por la dignidad, por defender lo nuestro.

Desde Aysén, esta reserva de vida, queremos aportar a la mirada que en Chile y el mundo debemos tener sobre la relación entre la humanidad y la naturaleza. Dejo el capital de lado, ya que de eso el modelito socioeconómico que vivimos ya nos ha hablado demasiado.

La gente ya no cree todo lo que le dicen. No estamos en los tiempos de Ralco y Pangue, donde si una verdad del porte de una catedral no aparecía en El Mercurio o La Tercera, o en algún canal nacional, no existía.

Hoy los medios digitales han democratizado, en parte, la conversación y la información. Se puede constatar esto en cualquier momento al hablar sobre HidroAysén y escuchar, por ejemplo, que si no se construyen las cinco represas en la Patagonia a Chile se le apagará la luz, como dijo Piñera esta semana, argumento rebatido (complementado diría un político) por su ministro de Energía, el caballero de la eterna sonrisa, sir Laurence Golborne.  Se podría escuchar todo eso, y al momento cualquier persona saldrá a replicar que de dónde tal afirmación, si la energía de HidroAysén la necesitan las mineras del Sistema Interconectado Central. ¿Acaso cree alguien que la información sobre la presión minera por energía los chilenos la consiguieron en El Mercurio o La Tercera, o en algún canal nacional?  Pues no fue así. Ese dato, hoy verdadero como el porte de esa catedral de la que hablaba, le llegó por mail, lo vio en un sitio web, o se lo postearon en Facebook. Y quizás no a él, si es muy adulto, pero sí a su hijo, a su sobrino o a su nieto, que le pasó el dato revelado cuando tuvo oportunidad.

Por eso, cuando uno ya tiene información, cuesta comprarse todo el discurso que nos lanzan, con cara de niño bueno, traje impecable y estilo buena onda, los mismos de siempre que han actuado con irresponsabilidad. Aludo directamente hoy al ministro Laurence Golborne, beatificado en vida por el rescate de los 33 mineros, quien por tal hazaña sería políticamente incombustible y, diga lo que diga, los simples mortales le tenemos que creer.

Pero no estamos en los 90.

Un botón: “Pensemos en esto a 30 o 40 años, dependiendo de si el país crece a un 3 % promedio, a un 4 % promedio, que son tasas bajas, con eficiencia energética, con una serie de cosas, los países aumentan su consumo de energía cuando crecen, eso es desarrollo”.

Y sigue: “Ahora los volúmenes en 30 o 40 años, estamos hablando que pueden ser entre 50 mil y 70 mil megas adicional. Una relación, HidroAysén son 2 mil 700 y algo, por lo tanto estamos hablando de mucha energía en ese horizonte”.  Estas frases dichas esta semana por Laurence Golborne en el programa Última Mirada de Chilevisión.

¿Cuál es el ideario que este ministro, venido del sector privado, está blandiendo como principal argumento con estas frases?  El ideario del crecimiento infinito, de la depredación continua de los ecosistemas y las comunidades, de no mirar atrás para ver qué hemos hecho mal.  Todo, en un planeta que tiene una limitante de fondo: no es infinito, está delimitado por su capacidad biofísica.  Por eso no se entiende la embriaguez de sentirse con un cuerno de la abundancia, que algún día se acabará.  Este error no permite ver a Laurence Golborne ni al Gobierno que representa, y a algunos próceres pasados de moda de la Concertación, que debemos dar un giro. Que debemos cambiar el chip. Que lo que nos propone Golborne, con su sonrisa buena onda, es, además de arrogante al decidir sobre ecosistemas y biodiversidad al propio antojo y de la cual no somos sus propietarios, suicida al acabar con la naturaleza que es la partitura donde se compone la sinfonía que es la existencia del ser humano.  E infinitamente inequitativo, porque si en Chile hay desigualdad no es por falta de producción, es por falta de equidad y mejor distribución de la riqueza. Los recursos naturales y la gente de Chile no pueden estar al servicio del proceso de enriquecimiento de las pocas familias hoy dueñas del país. Eso se tiene que acabar.

Sí, hay que desconfiar de la cara de niño bueno de Golborne, de su traje impecable y de su estilo buena onda, porque es como el capitán del barco que, sonriente y borracho con su propia autosuficiencia, nos conduce a chocar con un iceberg escondido en la noche de la ignorancia y la estupidez.

Pero afortunadamente, miles de ciudadanos que durante toda la semana han salido a las calles a clamar por un cambio fundamental, por un nuevo pacto socioambiental, nos demuestran que tenemos gente disponible para, de un momento a otro, a personas como Golborne, de una vez por todas reemplazar.

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