Frente a las alzas de los alimentos : OGM o biodiversidad ?

Nanette Liberona, Polo Izquierdo de la Memoria.

La alimentación, la salud y la vida digna, son derechos humanos fundamentales, sin embargo, el sistema económico capitalista que rige el mundo, no ha querido superar los problemas de hambre, enfermedad y miseria, que afectan a millones de personas. Actualmente los medios de comunicación del mundo entero, hablan de la crisis alimenticia, la que ha llegado a provocar movilizaciones sociales, en varios países, incluyendo Chile, donde las manifestaciones contra las alzas, son cada vez más recurrentes.

Según Aurélien Bernier, éstas son las consecuencias naturales de la globalización. Su artículo nos recuerda, que desde el siglo XVIII y principios del XIX, los economistas Adam Smith y David Ricardo, habían descrito un fenómeno con una lógica incomparable: “la disminución de los precios de los productos alimenticios, permitiría  aumentar el poder de compra, de los asalariados, sin tener que aumentar los sueldos”. Así, la economía liberal, promueve la primicia de que los alimentos deben ser baratos. Esto se ha logrado gracias a la alta producción especializada de algunos países y ha sido facilitado por el libre comercio, que hace dependientes a unos países de las exportaciones de otros, renunciando estos últimos a la soberanía alimenticia e industrial. Es así como la globalización, ha sido promovida por los grandes productores, exportadores y comerciantes del mundo, quienes controlan el poder político de las potencias mundiales y deciden por las grandes mayorías a nivel internacional.

Ante la actual crisis alimenticia, varios temas convergen, sin embargo, uno preocupa particularmente a la opinión pública y científica: “el aumento de la población mundial”. Esta crisis afectaría de aquí al 2050, a 9 millares de personas. Frente a esta alerta, agrónomos, economistas, químicos, al servicio de las potencias mundiales, proponen algunas soluciones, que a nuestro parecer, están lejos de ser alternativas de producción democráticas y de respeto a los derechos humanos. Los países más ricos del mundo, han mantenido su producción agrícola, gracias a las subvenciones estatales y europeas, (en el caso de los países europeos). Sin embargo, estos países ven que comienzan a perder su independencia alimenticia, ya que, el sistema de producción agrícola, se ha visto enfrentado a diversos problemas ligados al capitalismo, como la contaminación, el cambio climático, las sequías, las inundaciones, las guerras. Estas consecuencias, afectan principalmente a los pequeños productores, campesinos e indígenas que viven de la tierra que trabajan, ya sea por salarios miserables o, en el caso de los productores de auto subsistencia, por la contaminación del agua y de la tierra con productos químicos, como desechos industriales en algunos casos, y fertilizantes o pesticidas en otros. El sistema de producción agrícola, liderado por el cultivo intensivo y el monocultivo, se basa en tecnologías que son cada vez más deshumanizante, además de utilizar productos químicos altamente contaminantes.

La mediatización de la crisis alimenticia, ha significado un mayor espacio para proponer como alternativa, la producción de OGM o transgénicos. Este tema causa mucha controversia, en el mundo y es central para la discusión de la soberanía alimenticia en nuestro país, ya que, se han empezado a cultivar OGM (Organismos Genéticamente Modificados) en Chile, sin haber existido una consulta pública previa y sin informar a la población sobre éstos. Los OGM son semillas a las cuales se les ha introducido genes de especies extranjeras de origen vegetal o animal, a través de biotecnologías que dicen buscar el desarrollo de cultivos más resistentes y de mejor calidad. Sin embargo, el monopolio de OGM, lo tienen industrias privadas de biotecnologías, que han logrado invadir las tierras cultivables de varios países, afectando directamente la diversidad genética de las semillas tradicionalmente cultivadas, por las poblaciones locales. Bajo el pretexto de superar la pobreza y el hambre, los cultivos de OGM se han extendido en los países “en desarrollo” tales como: los de Europa del Este, Pakistán, Malí, México, Brasil, Argentina y Paraguay, principales productores de alimentos transgénicos. Estas industrias – la transnacional estadounidense, Monsanto principalmente- tienen objetivos puramente comerciales y producen cada vez más desastres ecológicos, debido al uso indiscriminado de fertilizantes y pesticidas (como el Round Up utilizado desde 1974), que destruyen la tierra y los cultivos de los alrededores. Además, se ha comprobado el impacto producido sobre la salud de los habitantes, de las zonas cercanas a los cultivos de OGM, que reciben por el aire y el agua, sustancias tóxicas derivadas de los productos químicos, los que son vendidos por las mismas industrias de semillas OGM.

En Chile, el Ministerio de Agricultura, anunció el 26 de marzo de 2007, que la industria Monsanto, cultivaría 20 mil hectáreas de soya transgénica, para la producción de semillas. Además, este ministerio, apoyaría a Monsanto, en su intención de introducir en Chile, maíz y raps transgénicos. Ante este anuncio, las organizaciones CLOC, Anamuri y Alianza por una Mejor Calidad de Vida, se han opuesto firmemente, denunciando el impacto que esto provocaría en la agricultura campesina y en la ciudadanía. Estas organizaciones denuncian igualmente, la presión sistemática vivida por las familias campesinas, de parte de este ministerio a través del INDAP, para eliminar la diversidad de la producción y encadenarlas a las grandes empresas agroexportadoras. Por otro lado, el pasado 23 de Octubre, el Instituto de Nutrición y Tecnología de los alimentos de la Universidad de Chile, detectó organismos genéticamente modificados, en cuatro de treinta muestras, de maíces convencionales, comprobando que los cultivos sembrados cerca de predios que multiplican semillas transgénicas para exportación, son contaminados por éstos últimos.

Monsanto, es el mayor productor de semillas estériles, que obligan a los agricultores a comprar semillas todos los años y a depender de esta industria, que los abastece además de fertilizantes y pesticidas, especialmente elaborados para estos cultivos. La ley en Chile prohíbe en principio la producción de alimentos transgénicos, sin embargo, en el año 2002, el gobierno emitió un decreto permitiéndolos oficialmente. El Ministerio de la Agricultura y Monsanto, presentan estos cultivos como una gran oportunidad, para los agricultores, sin mencionar la perdida de la fertilidad de la tierra, la contaminación de los cultivos cercanos, (que no son OGM), la migración de campesinos y la intoxicación que miles de ellos han sufrido al estar en contacto con OGM (provocando distintos tipos de enfermedades y hasta la muerte). Por otra parte, el sitio informativo Grain, anunciaba el 11 de Junio de 2007, que los consumidores del norte, están cada vez más informados de las consecuencias de estos cultivos y rechazan la compra de alimentos OGM, lo que afectará con el tiempo a las exportaciones nacionales. La empresa transnacional Monsanto, posee 90 % de las patentes de maíz, soya, colza y algodón transgénico cultivados en el mundo, siendo en cada país respaldada por los gobiernos. La propagación de esta política, de propiedad industrial, que permite el patentamiento de semillas y animales, llevará a que la reproducción libre de éstos, se vuelva un delito, restringiendo asimismo la biodiversidad. Sin embargo, las propias poblaciones afectadas, están buscando alternativas para proteger sus semillas, en armonía con el medio ambiente y recuperando las múltiples herencias culturales de los pueblos. Este saber popular, deberá ir acompañado de un importante movimiento social, que respalde los riesgos asumidos por los campesinos y grupos que trabajen por la protección de la diversidad genética y por una soberanía alimenticia. En Europa, organizaciones de campesinos, han creado bancos de semillas, para salvaguardar las especies locales. Pero también grupos ecologistas, libertarios y campesinos principalmente, han organizado importantes campañas de información y de estudio sobre estos cultivos, que van a la par de acciones de desobediencia cívica, destruyendo sembrados de OGM frecuentemente.

La crisis alimenticia, es un problema que nos concierne a todos, pero mediatizarla para justificar una agricultura deshumanizante, es solamente una estrategia, de quienes poseen el poder del orden económico internacional. Esto se comprueba con la producción de biocombustibles o agrocombustibles, que vienen a agregarse, a este atentado a la humanidad. Se trata de cultivos vegetales exclusivos, para el reemplazo de los combustibles fósiles. Son monocultivos intensivos, que ocupan grandes extensiones de tierras y absorben grandes cantidades de agua, además de emitir protóxido de azote, un gas que provoca el efecto invernadero, 269 veces más potente que el CO2, producto de los costosos abonos que necesita. Sólo el agrocombustible producido en Brasil, a base de caña de azúcar, reduce el gas a efecto invernadero de 80%, en relación a los carburantes fósiles. Esta aberrante situación, de cultivar alimentos para fabricar energía, para el sistema capitalista, nos lleva a citar a la presidenta del INRA-Francia, quien afirma en una entrevista a la revista Science et Avenir, que el problema de la crisis alimenticia, no es que no haya suficiente cantidad de alimentos, para alimentar a la población mundial; el problema es el modelo de distribución de éstos y el despilfarro de alimentos de las familias ricas. “En América latina -agrega ella- hay enormes cantidades de tierras cultivables, pero habrá que saber cuidarlas para evitar la erosión y la desvitalización producto de los cultivos intensivos”. Los hechos demuestran, que las causas del hambre son políticas y que el aumento de la producción, no modificaría la situación actual. El poner en la mesa esta discusión, puede permitir que los ciudadanos tomen conciencia de su responsabilidad, para evitar el alza de los alimentos, asegurar la biodiversidad, la salud de las personas y el cuidado al medio ambiente. Hoy es urgente poner la economía bajo un control político, de los ciudadanos. Es una tarea que depende de todos nosotros, el exigir a los gobiernos, políticas realmente democráticas y de respeto a los derechos humanos, como son la alimentación, la salud, la vida digna, el derecho a la información, etc. Sin embargo, las acciones de desobediencia cívica, son necesarias dentro de una lógica de solidaridad, cuando los gobiernos no ejercen democráticamente, no escuchan, ni protegen a la población.

Nanette Liberona, Polo Izquierdo de la Memoria.

Fuentes : www.rap-al.org, www.anamuri.cl, www.grain.org, www.ipsenespanol.net; BERNIER Aurélien, “Les révoltes de la faim, conséquences naturelles de la mondialisation”, 30 juin 2008, publicado en: www.legrandsoir.info; Centre d’Information sur l’Environnement. Número especial OGM. IPNS, Mayo 2008 ;Sciences et Avenir, Septiembre 2008.

Foto: Rai Barros

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