Feministas Nicaragüenses desde el exilio: “Mientras Ortega esté en el poder nadie estará seguro”

Una mujer con una pañoleta alegórica, en una protesta ciudadana, en Managua. Archivo | Niú

Las feministas han sido parte de la rebelión cívica. Algunas han tenido que exiliarse, y enfrentan sus propias dificultades, permanecen en la lucha por un país libre al que puedan volver. Por Cindy Regidor @cindyregidor /

En Managua, Matagalpa, León, y diferentes ciudades del país, la protesta cívica ha contado con participación de las mujeres. Entre ellas destacan las feministas que, desde hace más de diez años, han mantenido una posición crítica sobre el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Claudia Tenorio e Imara Zamora son dos líderes feministas que se sumaron a las manifestaciones contra la represión y hoy están exiliadas en Costa Rica.

“Ya nosotras como activistas conocíamos la situación y la problemática de Nicaragua, y sabíamos que esto iba a pasar, o quizás ya lo presentíamos”, afirma Claudia Tenorio, socióloga, ambientalista y feminista.

Imara Zamora, originaria de Managua, explica que se unió a las manifestaciones en abril, durante los primeros días de las protestas: “Todo se volvió más violento con la primera muerte y dije: ‘Tengo que salir a la calle a gritar por los que no pueden’”.

Ellas fueron parte de la ciudadanía que hace casi un año se levantó en protesta. Primero por la negligencia del Estado en el incendio de la Reserva Indio Maíz, y luego, por las reformas a la Seguridad Social y la represión desatada por el Gobierno.

Desde las trincheras

“Yo apoyé con las brigadas médicas. Tengo conocimiento en primeros auxilios, viendo que nos estaban cerrando los hospitales de Matagalpa, agrediendo, entonces me sentí comprometida en ese sentido. Tenía que ayudar a mi pueblo, tenía que ayudar a los muchachos y me quedé allí, ayudándoles, apoyando en todo… y me quedé en las trincheras también, pasaba día y noche en las trincheras”, cuenta Tenorio.

En Managua, Zamora apoyó llevando ayuda humanitaria a la Catedral de Managua, a la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN- Managua), pero debido a que la represión se intensificaba y el nivel de peligro aumentaba, su familia decidió que se mudara a Costa Rica.

Exilio, la única opción

En San José son refugiadas. El exilio fue su única opción para escapar de las represalias, por su participación en la rebelión cívica, entre ellas las constantes amenazas. A Tenorio la amenazaron desde las primeras protestas por la negligencia oficial en el incendio de Indio Maíz. “Nos acosaban por las redes, por llamada. En mi barrio llegaban los motorizados a acechar mi casa, llegaban a apedrearla”, recuerda.

Lo más duro en el exilio ha sido alejarse de sus familias y empezar una vida en un país nuevo, sin ningún apoyo económico.

“Entramos sin nada, mejor dicho, no conocía a nadie… era una incertidumbre. Cuando entramos, una familia nos acogió, nos llevó a su casa y nos tuvo allí unos días. Después nos quedamos sin nada, teníamos que dormir en la calle, en la intemperie. Sin embargo, alguien me consiguió trabajo de limpiar piso, limpiar casas y bueno, con mucha dignidad, con mucho orgullo, lo hice”, recuerda Tenorio.

“He dejado a mi familia, a mis amigos y pues, es doloroso porque la verdad los extraño”, dice entre lágrimas Zamora.

Ilustración: Juan García

Asedio en el exilio

En Costa Rica, denuncian que existe asedio y persecución por parte de enviados del Gobierno.

“Todavía aquí sigo siendo amenazada, perseguida. De hecho, aquí identifiqué a un paramilitar y a esa persona la denuncié. Lo digo, no tengo miedo. Sé que al denunciar mi vida estaba más expuesta al peligro, pero yo fui testigo directo de ver esa persona cómo llegó a acecharnos, cómo llegó a dispararnos, cómo nos agredió (en Nicaragua) y yo lo miré directamente, entonces al verlo acá y reconocerlo no podía quedarme callada”, comparte Tenorio.

El daño que sufren también es psicológico, es grande y provoca consecuencias imborrables. Tenorio sufrió un aborto producto de su estado emocional.

“Hace poco estaba embarazada y una semana después de darme cuenta que lo estaba, me entraron muchas emociones y comencé a cuidarme, comencé a amarlo con mucha ilusión, pero el 25 de febrero recibí una llamada del chofer del alcalde de Matagalpa, amenazándome, que viene directamente a este país a matarme, a meterme un tiro en la cabeza, que me iba a hacer picadillo, me iba a hacer zanganadas, atrocidades me dijo… En ese momento lo escucho, me da mucho coraje, mucha impotencia, me da miedo también, porque soy ser humano y me da mucha tristeza y comienzo a sentir un fuerte dolor de cabeza, escalofríos, náuseas, mareos y sentí que la presión se me bajó y de repente sentí el sangrado fuerte… realmente, mataron a mi bebé”, relata.

“No solo me han lastimado, me han hecho daño a mí, sino también mataron a mi hijo, porque si no hubiera sido por esa llamada, hoy mi bebé estuviera en mi vientre todavía, y sé que no solo yo lo he vivido, lo hemos vivido muchas mujeres en este país, lo han vivido nuestras hermanas presas políticas… la tortura psicológica, la persecución psicológica que nos han hecho es horrible”, reflexiona Tenorio.

Una articulación feminista en el exilio

Sus vivencias personales las llevaron a empezar una iniciativa para ayudar a otras mujeres en este país, la Articulación Feminista en el Exilio (AFEX). “Nuestro objetivo, nuestra visión, nuestra misión, es apoyar a las mujeres exiliadas, apoyar lo que se pueda, poner una Casa de la Mujer y poner proyectos autosustentables, darle trabajo a estas mujeres que están sufriendo xenofobia, están sufriendo maltrato”, explica Zamora.

Al igual que muchos refugiados, regresar a Nicaragua es su anhelo. “Yo quisiera, si me decís que mañana ya Nicaragua está bien, yo me voy mañana mismo. Extraño mi país, extraño mi familia, mis amigos, esto es lo más duro que he vivido. Y vos sabes, uno tenía sus metas, su propósito, su vida y uno la dejó en Nicaragua”, comenta una de ellas.

El precio por ejercer su derecho a la protesta ha sido alto, pero Tenorio no se arrepiente. “Es algo que volvería a hacer, si me tocara hacerlo, porque lo hago por mi Nicaragua, por mi vida, por mi familia. Si estas son las consecuencias que nos han tocado solo por levantar nuestra bandera, por defender el color azul y blanco, por alzar nuestras voces, por defender nuestros derechos, porque como ambientalista, como feminista independiente, como profesional, como persona, como mujer era mi deber. No podía quedarme de brazos cruzados viendo tanta injusticia, tanta matanza y tanta persecución contra nosotros”, afirma.

Ese retorno, sin embargo, aún no tiene fecha. “Mientras esté Daniel Ortega en el poder, ningún ciudadano ni ciudadana va a estar segura”, concluyen.

Fuente: Niú

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