Femicidio: El silencioso “virus” que avanza en América Latina

7d86e3ce-f304-4519-8f66-da8e1b260137-620x264En abril de este año, BBC Mundo publicó un reportaje alertando sobre “la aterradora manera en que los adolescentes está muriendo en América Latina”. Según consigna el artículo de la multinacional británica, la violencia se ha convertido en uno de los virus más difíciles de combatir en el continente americano, por sobre epidemias como el Zika y otras problemáticas sociales.

Cifras arrojadas por el estudio Global Study on Homicide 2013, a cargo de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), indican que “de las 437 mil personas que murieron a causa de homicidios dolosos en el año, más de un tercio (36%) tuvieron lugar en el continente americano”.

El mismo informe señala que un 43% de los homicidios en el mundo se cometen contra jóvenes de América, llegando a la lapidaria conclusión de que 1 de cada 7 víctimas de homicidio en el mundo corresponde a una o a un joven americano de entre 15 y 29 años.

Sin embargo, uno de los aspectos más preocupantes del informe dice relación con la concentración por género de los tipos de homicidios. Si bien en la estadística global el porcentaje de hombres víctimas de homicidios es casi cuatro veces mayor al de las mujeres, cuando se trata de crímenes cometidos en un contexto familiar las cifras se dan vuelta:

“A nivel global, dos terceras partes de las víctimas de homicidio cometido por compañeros íntimos o familiares son mujeres (43.600 en 2012)”. Además, el estudio indica que el 47% de todas las víctimas mujeres asesinadas en el mundo en 2012 murieron en manos de parejas o familiares.

En América Latina la situación se ha vuelto alarmante. Casos escandalosos de violencia de género han remecido el continente durante el 2016, y la falta de regulación jurídica y estudios que alerten del tema dan cuenta de la poca preocupación que han puesto los gobiernos locales en la violencia género y femicidios en la región.

Tipificación del asesinato contra la mujer

El Comité de Experta/os del Mecanismo de Seguimiento de la Implementación de la Convención de Belém do Pará, define el femicidio como “la muerte violenta de mujeres por razones de género, ya sea que tenga lugar dentro de la familia, unidad doméstica o en cualquier otra relación interpersonal, en la comunidad, por parte de cualquier persona, o que sea perpetrada o tolerada por el Estado y sus agentes, por acción u omisión”.

Sin embargo, esta definición varía dependiendo de la legislación de cada país latinoamericano, generando discrepancias en las estadísticas que miden la cantidad de muertes de mujeres por año en el continente.

Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Perú y República Dominicana son los catorce países que han tipificado el delito de femicidio, mientras que Argentina y Venezuela establecen el homicidio agravado por razones de género en su legislación.

En el caso particular de Chile, recién el 18 de diciembre de 2010 entró en vigencia la Ley de Femicidio, que por primera vez tipifica el crimen de asesinar a una mujer. Según consigna el sitio web del Servicio Nacional de la Mujer (Sernam), “el femicidio se entiende como todo asesinato de una mujer por el sólo hecho de serlo constituyéndose como la expresión máxima de violencia de género. Puede ser cometido por conocidos –maridos, convivientes, novios, familiares, amigos- o desconocidos –violadores, asesinos, grupos criminales-“.

El año 2011 el Circuito de Femicidio, instancia de coordinación gubernamental integrada por la Subsecretaría de Prevención del Delito y la Seguridad Pública – Sernam, Sename y Carabineros de Chile – decidió incluir en las estadísticas sólo los femicidios de pareja, generando que las cifras sean menores a la cantidad real de homicidios contra la mujer en el país.

13418601_1353632944664528_2544220039099209776_oEl panorama latinoamericano

El pasado 12 de abril, la directora de ONU Mujeres para las Américas y el Caribe, Luisa Carvalho, informó que de los 25 países, en los que se comete mayor número de homicidios y cualquier forma de violencia hacia la mujer por cuestiones de género, 14 son latinoamericanos.

De este grupo de 25 países del mundo con mayor número de femicidios, los 10 primeros lugares de los países latinoamericanos son Guatemala en el cuarto puesto, Bahamas en el quinto, Belice en el octavo, Venezuela en el noveno y Colombia en el décimo.

Asimismo, el estudio “Prevenir los Conflictos, Transformar la Justicia, Garantizar la Paz” de la ONU mostró que el número de femicidios en América Latina ha aumentado en los últimos años y que el 98% de ellos permanecen impunes.

Datos oficiales del Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), dieron a conocer que al menos 1.678 mujeres fueron asesinadas en 2014 por razones de género en catorce países de América Latina y tres del Caribe (El Salvador, Honduras y Guatemala).

Finalmente, el estudio indica que 20 países de América Latina y el Caribe cuentan actualmente con leyes de violencia contra las mujeres, pero que solo ocho (40%) asignan recursos específicos en el presupuesto nacional.

#NiUnaMenos

El 3 de junio de 2015, en la Plaza del Congreso en Buenos Aires y en otras cientos de plazas alrededor de toda Argentina, miles de personas se reunieron para protestar contra los femicidios bajo la consigna “Ni una menos”. El grito de basta se convirtió en todo un hito que traspasó las fronteras trasandinas y se instaló prácticamente en todo el continente.

La consigna tiene su origen en un poema de la artista y activista mexicana, Susana Chávez, quien escribió “Ni una muerta más” en relación a la cantidad de femicidios ocurridos en su natal Ciudad Juárez desde 1993 hasta la fecha. El 6 de enero de 2011, la misma Chávez pasó a engrosar la lista de femicidios ocurridos en su ciudad, al ser brutalmente asesinada por tres hombres en circunstancias que nunca fueron aclaradas.

Desde 2015 a la fecha han surgido diversas manifestaciones bajo la consigna “Ni una mujer menos, ni una muerta más”, logrando visibilizar así uno de los mayores problemas que enfrenta la región.

La organización de cientos de mujeres, organizaciones no gubernamentales, intelectuales y simpatizantes de la protesta, ha logrado poner en la agenda pública l
a violencia de género como un problema de suma urgencia para los gobiernos locales y autoridades de la región.

Por Bárbara Barrera Morales, Radio JGM

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