Estúpida soberbia

Wilson_TapiaPor Wilson Tapia Villalobos

Es cierto que la estupidez y la soberbia no siempre van juntas, pero cuando se unen, el espectáculo es triste, lamentable y puede ser espeluznante. Dicen que la soberbia florece en los campos en que se está sembrado el poder. Frecuentemente la exhiben quienes manejan esos enredosos arados. Pero también se arropan con ella algunos que sin tener poder realmente, creen que lo tienen, lo que los hace, además de injustos, patéticos, ridículos, estúpidos.

La soberbia no cuenta con un período preciso en que florece. No tiene primavera. Toda época del año le es propicia. Pero algunos momentos son más favorables que otros. Uno de ellos es el que se da en torno a elecciones. Allí se ve lo que podría ser una Feria de la Soberbia. Los candidatos a cualquier cargo, muestran sus flaquezas. Es corriente ver que este proceder autosuficiente los hace caer en la ridiculez. Como cuando Sebastián Piñera habla de cosas que no sabe o miente. A menudo queda como ignorante y descarado.

En el caso de otro candidato, senador Alejandro Guillier, es su liviandad la que lo hace asumir posturas cuestionables. Actitudes que dejan al descubierto su ignorancia sobre temas cruciales. Pero él insiste en que todo está bajo control y hasta amenaza con que si no les gusta su talante de independiente, “que se busquen a otro” candidato.

Su colega periodista Beatriz Sánchez no está mejor. Mujer declaradamente de izquierda, califica al gobierno del Salvador Allende, el más respetado líder histórico del sector, de haber encabezado un gobierno autoritario. Y ella ofrece, de ganar, llevar a cabo una administración feminista. Pura soberbia de creer que están en la cúspide y un simple traspié los hace caer en la estupidez.

Para los críticos de estos tres candidatos, su pecado capital está en su extracción, en su formación o en el área de su desempeño profesional. El primero es un empresario multimillonario -además de PHD en Economía de la Universidad de Harvard- sin referentes valóricos claros y que en su paso por La Moneda nunca habría dejado de lado sus negocios. Prueba de ello es que durante su mandato su fortuna siguió creciendo, lo que ratifica Forbes. Lo ubica como el tercer chileno más rico, con un patrimonio de US$ 2.700 millones. Los otros dos candidatos son periodistas, cuya fama se la deben a esa “caja estúpida” que es la TV.

Pero es evidente que la soberbia nada tiene que ver con la formación profesional o la extracción social. Y si no, vea cómo se comporta un médico, como el senador Guido Girardi, que constantemente está dictando cátedra sobre las más diversas materias. Generalmente, son diatribas soberbias. O el diputado Jorge Tarud, con estudios de Derecho, que su paso por la Cancillería -fue embajador en Arabia Saudita, Australia y China- lo hace sentirse con la autoridad suficiente para emitir débiles opiniones sobre cuanto tema de política exterior se presenta en el país. Y su soberbia alguna vez lo hizo pensar que hasta podría ser presidente de Chile. No tuvo eco en ninguna parte, ni siquiera en su Partido por la Democracia (PPD).

Y la lista es larga, pero hay algunos que sobresalen. Dejando de lado el escenario electoral y el Parlamento, es imposible no fijar la mirada en el Ministerio de Relaciones Exteriores. El canciller Heraldo Muñoz debería llevarse el premio a la soberbia. Este cientista político, actual jefe de la política exterior de Chile, es caso relevante. Cualquier observador de las relaciones internacionales espera que un ministro del área mantenga cierta mesura. Una mesura que impida escalar los conflictos con vecinos o colaboradores cercanos. Pues Heraldo Muños ha hecho exactamente lo contrario. Con Bolivia ha sacado toda su soberbia artillería para descalificar a sus autoridades. En un momento hasta llegó a desafiarlas, como en una pelea de barrio, a que se vieran las caras en La Haya. Una referencia al entredicho que mantienen Chile y la República vecina en el Tribunal Internacional. Constantemente, cuando tiene que responder a una bravata de las autoridades de La Paz, en vez de bajar el tono, o responde altaneramente o con actitudes que nada tienen que ver con la diplomacia (Ciencia o conocimiento de los intereses y relaciones de unas naciones con otras. Cortesía aparente o interesada. Habilidad, sagacidad y disimulo. RAE). O, por lo menos, con lo que entiende la Real Academia de la Lengua por esa importante rama de acción política.

Ahora, La Paz le ha dado otra lección al altanero ministro. Dos carabineros que cruzaron la frontera del vecino en cumplimiento de su labor, fueron detenidos y luego prontamente liberados. Ya se encuentran en Chile. Las autoridades de La Paz hicieron gala de una “cortesía aparente o interesada”. Actuaron “con sagacidad”. Este hecho se produjo poco después de que Chile mantuviera a 9 bolivianos -calificados por La Paz como funcionarios gubernamentales- detenidos en Arica por tres meses y los liberara previo pago de $32 millones. Su delito habría sido similar al de los carabineros. Sin duda, el objetivo del presidente Evo Morales al liberar prontamente a los policías chilenos era mejorar la imagen de su país ante el mundo y ganar puntos en La Haya. Cuestión que, obviamente, no se logra con la soberbia que ha exhibido nuestro ministro de Relaciones. Y en el Tribunal Internacional Chile tiene mucho que perder.

La estúpida soberbia hace daño.

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