Escudos y blindajes

peligroPatricio Rivera Moya (Periodista Medio a Medio)

Que Gabriel Valdés  está senil y debiera retirarse a los cuarteles de invierno o buscar asilo en la Fundación Las Rosas, que los empleados públicos tienen una seria inclinación a sacarle el cuerpo al trabajo y por ello llaman a paralizaciones, que los profesores tienen una pésima conducta y carecen de educación, que los mapuches convierten a sus niños y niñas en carne de cañón.

Esto y más han deslizado políticos y funcionarios concertacionistas en los últimos días, encontrando eco y complicidad en los medios del sistema. Caricaturas, simplismo, montajes, en el mas puro estilo de la dictadura, conductas que, supuestamente, debieran haberse superado con el advenimiento de la democracia.

Cierto que no es lo mismo Pinochet que Bachelet, por mucho que rime, cualquier consigna que sostenga aquello es otra caricatura.

La pregunta es, si las llamadas “fuerzas progresistas” se han percatado de los rasgos distintivos que debieran marcarse entre una sociedad  inclusiva y participativa con  una sociedad dominada por el autoritarismo, las armas y la fuerza de la sin razón. Menuda tarea de inducción o de reencuentro con las brújulas para los enamorados del poder como los llamó la Presidenta.

La manipulación de la información está presente en la sociedad chilena, la idea de que aquí nadie puede levantar una reivindicación sin  convertirse en un sujeto problemático, un riesgo social o derechamente un delincuente, construye o reafirma la constitución de una ciudadanía pasiva, conformista, carente de propuesta, abandonada a los especialistas como Velasco, o a las  diversas figuras de centros de estudio que circundan las esferas de poder.

Hasta el momento, la fuerza de los hechos ha evidenciado los permanentes abusos de poder de las fuerzas de orden, el descriterio de la aplicación de las leyes antiterroristas, la falta de voluntad en la instalación de políticas de participación ciudadana y como corolario ha puesto en escena a personeros que lejos de enfrentar los desafíos democráticos, se han escudado  en la defensa de un estado de derecho heredado de la dictadura y maquillado por ellos mismos.

En la demanda y en la exigencia de un nuevo relacionamiento social hay una acción abierta y declarada,  los blindajes vienen de aquellos y aquellas que anhelan mantenerse a flote sobre aguas quietas, quienes apuestan a mantener los equilibrios, no en la sociedad, sino entre los actores y detentadores del modelo económico e ideológico imperante.

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