Erradicar el hambre en el mundo, una meta aún pendiente.

La Habana, 16 oct. Mientras líderes mundiales y organizaciones civiles coinciden en valorar la erradicación del hambre como una meta posible a nivel global, el objetivo de llevar ese indicador a cero todavía hoy parece distante.

Organismos como el Programa Mundial de Alimentos y la Organización de la ONU para la Agricultura y Alimentación (FAO) han destacado los avances alcanzados en los últimos años para eliminar el problema, como el hecho de que solo en 2013 se redujo en 37 millones el número de hambrientos.

Según el informe titulado El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo, presentado por la FAO en septiembre último, la cifra de personas en esas condiciones disminuyó en más de 100 millones durante la última década, y en 209 millones desde 1992.

Con motivo de conmemorarse este 16 de octubre el Día Mundial de la Alimentación, las entidades de la ONU también han destacado el hecho de que 63 países han logrado el propósito de reducir ese flagelo a la mitad antes de 2015.

Pero en el orbe existen aún 805 millones de habitantes que no reciben los alimentos suficientes para llevar una vida activa saludable.

La organización alemana Ayuda contra el Hambre en el Mundo (Welthungerhilfe) difundió recientemente que la cantidad de seres humanos hambrientos no disminuye tan rápido como se esperaba, y en 16 naciones -entre ellas Iraq, Suazilandia, Comores y Burundi- el problema es muy serio, incluso grave.

Según la presidenta de Welthungerhilfe, BÃñrbel Dieckmann, los conflictos armados como los de Siria e Iraq agravan la situación, pues quienes huyen están expuestos a la llamada hambre encubierta o subalimentación, lo que trae dolencias y desarrollo físico precario.

A ello se une el fenómeno de la llamada hambre invisible, un tipo de enfermedad definida como carencia de micronutrientes, la cual sufren dos mil millones de personas.

El informe presentando por la organización alemana junto al Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias, precisó que este tipo de padecimiento es poco conocido y afecta a las poblaciones con falta de nutrientes esenciales como zinc, hierro, yodo, y las vitaminas A y B.

Los efectos de no contar con esos elementos en las cantidades necesarias pueden ser imperceptibles a corto plazo, pero con el tiempo influyen en el alza de la tasa de mortalidad infantil y materna, discapacidad física, y debilitamiento del sistema inmunitario y de las capacidades intelectuales.

Esa enfermedad provoca la muerte de mil 100 millones de niños en el planeta, fundamentalmente en países como Eritrea, Burundi, Laos, Mozambique, Níger, República Centroafricana, Madagascar, Haití y Etiopía.

Durante una reunión de alto nivel celebrada en el marco de la 69 Asamblea General de la ONU, el secretario general de la organización, Ban Ki-moon, afirmó que la erradicación del hambre es un objetivo alcanzable e instó a la comunidad internacional a redoblar sus esfuerzos para lograrlo.

Sin embargo, reconoció que una de cada nueve personas aún padece ese mal, y con el aumento de la población y el cambio climático, la tarea de eliminarlo se torna cada vez más urgente.

Por su parte, el director general de la FAO, José Graziano da Silva, sostuvo que la paz mundial y el desarrollo sostenible no se alcanzarán mientras haya hambre, y pidió a los Estados a hacer de la seguridad alimentaria la primera preocupación de sus sociedades.

A pesar de esos llamados, que durante las últimas décadas resultan frecuentes en foros internacionales, existen datos alarmantes como el hecho de que anualmente se desperdician en el orbe mil 300 millones de toneladas de alimentos.

Un panel de expertos de la FAO indicó en julio que las pérdidas derivadas de ese desperdicio ascienden a unos 680 mil millones de dólares en los territorios industrializados y a 310 mil millones en las naciones en desarrollo.

Del 19 al 21 de noviembre próximo tendrá lugar en Roma, Italia, la Segunda Conferencia Internacional sobre la Alimentación, encaminada a hacer que ese tema tenga una mayor relevancia y presencia en la agenda internacional y en la política nacional.

Más de 20 años después de realizarse la primera de esas citas, en 1992, tanto la ONU como otras organizaciones intergubernamentales y la sociedad civil, políticos, investigadores, el sector privado y los consumidores abordarán los retos del siglo XXI.

Los países que participarán en ese encuentro firmaron una declaración conjunta en la cual asumieron que la responsabilidad principal para vencer el hambre es de los gobiernos y aceptaron un marco de acción compuesto por cerca 50 recomendaciones.

Con esos antecedentes, la cumbre podría ser el escenario propicio para asumir nuevos compromisos en el enfrentamiento contra ese flagelo, pero lo más importante deberá ser la puesta en práctica de medidas que realmente ataquen las raíces de un problema pendiente por tantas décadas.

pgh/crc/mar

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