Entrevista a Marco Kremerman: La infamia del sistema previsional chileno

Por Juan Pablo Pavón, Medio  a Medio

Este 2014 se cumplen 33 años de la entrada en vigencia del sistema de AFP en Chile, un modelo de previsión social diseñado sobre la base del principio de competencia, entre cotizantes, afps y fondos. Este sistema que prometió incrementar los beneficios de pensión a todos los trabajadores chilenos, y de paso restarle carga al estado, hoy enfrenta a miles de hombres y mujeres a pensiones de miseria, y hace siete días el gobierno de Michelle Bachelet envió un proyecto de ley para crea una AFP estatal.

La realidad actual de Chile en materia de pensiones, y el resultado de esas promesas puede ser representado estadísticamente. Según la última Ficha Estadística Previsional, al 31 de mayo de este año el monto total de los fondos de pensiones había alcanzado los $US 168.276 millones de dólares. Con un total de 9.661.753 afiliados al sistema, las AFP se encuentran pagando 976.826 pensiones a un monto de $193.213 pesos, menos del sueldo mínimo.  Todo esto en un país donde, según información de Fundación Sol, el sueldo mínimo alcanza para un kilo de pan diario, la movilización diaria de un trabajador, un arriendo básico de 115 mil pesos y 15 litros de leche al mes.

Marco Kremerman, Licenciado en Economía de la Universidad Católica de Chile, actualmente miembro de la Fundación SoI como investigador del área Institucionalidad y Desarrollo, considera que el debate que se está llevando a cabo por parte del gobierno y la comisión de pensiones no apunta a un cambio real en el sistema previsional chileno. Es un convencido de que Chile debe volver a un sistema “de reparto”, donde se sigan las lógicas clásicas de seguridad social; y respecto al tema de generar una AFP estatal es enfático en señalar que “si no existe un cambio profundo en las reglas del juego, cosa que no debería suceder, la AFP estatal sería sólo un actor más dentro del sistema de pensiones”.

– En 1981 el decreto de ley 3.500 termina con el formato clásico de previsión solidaria, pasando a un sistema de capitalización individual manejado por administradoras privadas de fondos (AFP). A 33 años del inicio de esta experiencia, ¿cuál es el resultado?

Chile, sobre todo a partir del año 1952, en que se implementa de manera más sólida un sistema de seguridad social, pasa a un modelo de reparto, donde se opera sobre la base del beneficio definido, es decir, existe una promesa de la pensión que el cotizante va a obtener en relación a los salarios con los cuales ha cotizado en los últimos años. Chile estructura un sistema de cajas. El gran problema con este sistema es que, si bien conserva el principio de solidaridad, beneficio definido y reparto, se torna un sistema más bien heterogéneo, donde según la acumulación de poder de cada grupo de trabajadores (había cajas para empleados particulares, trabajadores públicos, obreros, y de oficios específicos) se empiezan a generar beneficios diferenciados según la  fuerza de cada uno de estos oficios. El sistema de cajas tiene en su génesis la solidaridad, pero se escapa en algunos momentos a este principio.

Se trata de un tema meramente ideológico, traspasar los recursos que los trabajadores van aportando mes a mes por medio de sus cotizaciones, para convertirlos capital de trabajo (dinero fresco) para las grandes empresas.

Este sistema tenía una demanda de recursos al estado que era importante, pero de ninguna manera estaba quebrado. El modelo requería de reformas paramétricas. En gran parte de los países de América Latina, durante los 80 y 90, comienzan a demandarse reformas paramétricas, que principalmente son ajustes a los sistemas de reparto por medio de, por ejemplo, la restricción en la entrega de beneficios,  cambiar la edad de jubilación, aumentar la tasa de cotización, pero en ningún momento se pensó en cambiar el sistema de reparto.

Cambiar de esta manera el sistema previsional sólo se podía hacer en dictadura, lo dice así Carmelo Mesa Lago, quien ha estudiado bastante los sistemas comparados y hoy es parte de la comisión de pensiones.  Él señala que es imposible que lo ocurrido en Chile, el paso de un sistema de reparto a uno total y exclusivamente privado, hubiese pasado en un gobierno democrático.  En muchos países encuentras que existen esquemas privados como complemento al sistema de reparto, ya sea de manera marginal o de forma sustitutiva (elección entre el sistema público y el privado), pero en chile el sistema privado de AFP es el corazón del modelo previsional.

Desde la implementación del sistema de capitalización privado Chile deja de tener un sistema de pensiones, de acuerdo a los principios de seguridad social establecidos por Organización Internacional del Trabajo (OIT). Chile no tiene un sistema de pensiones, tiene un sistema de ahorro forzoso. Quienes actualmente están presentando propuestas para sacar completamente las AFP, lo que demandan es la existencia de un sistema de pensiones basado en los principios de seguridad social, esto es: que tenga los componentes de reparto, los componentes de solidaridad intergeneracional, y que aporte el empleador (dejó de hacerlo desde la puesta en marcha del sistema de AFP).grafico

 

– Durante la dictadura militar, los defensores de un cambio radical en el sistema previsional esgrimían argumentos cómo el costo que implicaba al estado la mantención de un sistema de cajas, que, al año 1970 contenía a un 85 por ciento de la fuerza laboral activa en él. ¿Eran argumentos de peso?

Los estudios de José pablo Arellano (economista chileno) durante los ochenta y parte de los años setenta dan cuenta de lo que estaba sucediendo con las cajas. Efectivamente había un problema con los ingresos del sistema, pero con algunos cambios paramétricos esto podría haber mejorado. Con la cotización del sistema de cajas no sólo se pagaban pensiones, sino que asignaciones familiares, en algún momento se costeó la salud, y otros beneficios para los trabajadores; los principales déficits venían por el lado de las asignaciones familiares.

La discusión técnica apuntaba a que se requerían algunas modificaciones para que el sistema fuera más solvente en el largo plazo, pero la tesis de quienes consideraban que se debía eliminar el sistema de reparto y cambiar por uno privado no se sustentaba en temas técnicos. Es fue un tema absolutamente ideológico, que sólo se pudo realizar a través de un shock como fue la dictadura.

Se inventaron argumentos como que se aumentaría la tasa de ahorro e inversión, mitos que han sido refutados, por ejemplo, por el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, quién luego de publicación de los estudios del Banco Mundial para intentar avalar los cambios en Chile, y apoyar la idea de sistemas “multipilar” en pensiones, es enfático al  señalar que no se ha generado un aumento de ahorros e inversiones a nivel país.

Se trata de un tema meramente ideológico, traspasar los recursos que los trabajadores van aportando mes a mes por medio de sus cotizaciones, para convertirlos capital de trabajo (dinero fresco) para las grandes empresas. Muchas de estas (empresas), a través de las platas de los trabajadores, pueden construir nuevas plantas, invertir, y capitalizarse prácticamente a costo cero. En este sentido, en la lógica de la acumulación de capital, los recursos de las AFP juegan un rol estratégico.

– Uno de los cambios estructurales en el sistema previsional fue el de la capitalización individual y la competencia. José Piñera, sindicado como el autor intelectual del modelo de AFP, defendía la idea de que la competencia entre administradoras de pensiones, y la variación interna entre fondos de cada administradora haría prosperar el sistema ¿Qué pasa en la práctica con esta idea?

El sistema que diseñó José Piñera fue basado en un mundo irreal, donde supuestamente los trabajadores cotizarían durante toda su vida, sin laguna previsionales, y los salarios serían lo suficientemente altos para que su pensión les permitiera tener una vida mínimamente digna. Pensando en un mundo del trabajo donde no existe informalidad, donde no existe subempleo, y todas las formas atípicas de trabajo que han ido surgiendo con el tiempo.

Es un sistema que no está pensado para dar pensiones, sino que su objetivo central es otorgar capital de trabajo a las grandes empresas, vale decir activar la inversión, el ahorro y la economía; generar y profundizar un mercado capital. Como no fue diseñado para entregar pensiones, tenía errores técnicos gruesos, generando supuestos imposibles de cumplir, porque el mundo del trabajo no funciona bajo esos supuestos. Interrumpimos los criterios de solidaridad, y más encima el aporte que hacen los trabajadores, en términos de pensiones, quedan congelados, porque esos dineros son prestados a las empresas en vez de pagar pensiones, que es lo típico de un sistema de reparto.

Cuando uno revisa los saldos de los cotizantes ve que gran parte de las personas que hoy tienen 60 años, a punto de jubilar en el caso de las mujeres y a 5 años en el caso de los hombres, acumula fondos inferiores a los 20 o 30 millones de pesos, que no les permitirá siquiera tener una pensión de 150 mil pesos.

Como estos sistemas privados no quiebran, porque cada persona tiene su propia cuenta, y vemos los resultados solamente después de 20 o 30 años, recién hoy podemos apreciar lo que está pasando: una generación que trabaja lo suficiente, en un sistema totalmente reformado, y al jubilar ve los resultados de lo que acumuló, encontrándose con la realidad lamentable de que el monto no es suficiente para una pensión autofinanciada. Cuando uno revisa los saldos de los cotizantes ve que gran parte de las personas que hoy tienen 60 años, a punto de jubilar en el caso de las mujeres y a 5 años en el caso de los hombres, la mayoría acumula fondos inferiores a los 20 o 30 millones de pesos, que no les permitirá siquiera tener una pensión de 150 mil pesos.

El diseño del sistema de AFP jamás va a permitir que las pensiones  se transformen en lo que debe ser, que es una sustitución de los ingresos de las personas cuando ya no los pueden generar, y al mismo tiempo tener una vida digna y satisfacer las necesidades que cualquier persona tiene, pudiendo llegar a fin de mes sin endeudarse.

– La discusión sobre el sistema previsional y el desarrollo de la comisión de pensiones puso sobre la mesa la idea de generar una AFP estatal. ¿Cuáles serían los resultados de su aplicación? ¿Tienes un pronóstico al respecto?

De poder generarse una AFP estatal, se puede. Lo que pasa es que si no existe un cambio profundo en las reglas del juego, cosa que no debería suceder, la AFP estatal sería sólo un actor más dentro del sistema. Lo que puede pasar es que algunas personas se van a incorporar o cambiar a esa AFP estatal, y podrían tener costos menores en la comisión que se cobra, generando un efecto marginal en los gastos que hacen los trabajadores o en los descuentos mensuales que se les hace. Seguimos operando en la lógica de la capitalización individual, una AFP estatal no va a ser “de reparto”

En términos concretos, que son las pensiones, funciona bajo la misma lógica: cada persona se las arregla por sí mismo, y si no logras acumular fondos millonarios (por ejemplo cien millones de pesos, que te permitan obtener una pensión de 500 mil pesos mensuales) vas a tener serios problemas al momento de jubilar.

Si los cambios, las reformas y la discusión se concentran en que incorporamos un actor más al sistema de AFP, cuyo dueño no es privado sino que el estado, lo que estamos haciendo es postergar el debate de fondo, que es que Chile, como no lo ha hecho en cerca de 35 años, esta vez sí tenga un sistema de pensiones basado en los principios de seguridad social.

– Como Fundación Sol, ¿han presentado alguna idea o proyecto sobre cómo debería ser el funcionamiento del sistema de pensiones en nuestro país?

Sí, vamos a ir a exponer a la Comisión de Pensiones, probablemente en julio, y estamos preparando una propuesta que vaya en la línea de cambiar completamente el sistema que hoy existe en Chile.

– ¿Algunas luces sobre esa propuesta?

Principalmente propondremos que un sistema de reparto no sólo es deseable en términos filosóficos y conceptuales, sino que también va en la línea del resto del mundo. Pese a que existen algunos complementos privados, el eje del modelo de pensiones en el 95 por ciento del mundo es el sistema de reparto.

Lo otro importante es demostrar que “los números dan” si el estado y el empleador van aportando, como deber ser y ocurre en la mayoría de los países del mundo, a la previsión de sus trabajadores. Hoy en chile se aporta un diez por ciento de la remuneración por parte del trabajador, y el aporte del empleador es cero.  En muchos países el aporte del trabajador no puede ser más del 50 por ciento del aporte total, eso está en el convenio 102 de la OIT del año 1952, que Chile no ha ratificado.

Suponiendo que el empleador aportara lo mismo que el trabajador, hoy, con esa misma tasa de cotización, y en un sistema de reparto donde esas cotizaciones que ingresan sirvan para pagar inmediatamente las pensiones, los números perfectamente dan. El gobierno tiene un buen fondo de reservas de pensiones, que hoy día supera los 7500 millones de dólares, permitiendo estructurar un buen sistema, que sea financiable a largo plazo y considere las condiciones laborales del Chile actual; que incorpore un buen sistema de pensiones mínimas sociales, que superen el valor actual, que actualmente es de 82 mil pesos, un 40 por ciento del sueldo mínimo; y que estructure un sistema de seguridad social completo. Al menos esos principios estarán en nuestra propuesta.

– ¿Es factible una reforma estructural al sistema de previsión dentro de este gobierno?

Eso es más difícil… porque no sólo tiene que ver con las pensiones, sino con el modelo económico completo. Tiene que ver con el sistema capitalista, ya que las AFP se transformaron en un gran botín, los recursos que los trabajadores aportan mes a mes, para financiar las inversiones de las empresas. Es un recurso a costo cero, que al ir a buscarlo al mercado ya tendrá un valor adicional.

Estamos hablando de meternos a fondo con el modelo de desarrollo chileno, principalmente considerando que la mayoría de las platas que se invierten en chile reproducen la matriz productiva que nosotros tenemos desde las últimas décadas, que la concentrada en las materias primas, con poco valor agregado y poca tecnología, asociada a los bancos y al retail. Cuando uno revisa el curso de los 160 mil millones de dólares que manejan las AFP, encontramos que cerca de 40 mil millones están en diez grandes empresas chilena y en diez bancos, a través de acciones y bonos que se entregan a las estos para endeudarse.

Cambiar pronto va a ser muy difícil, porque se requiere una correlación de fuerzas distinta, probablemente, a la que hoy existe en chile. Se necesita también la decisión clara de un gobierno. Lo que ha hecho el gobierno es hacer esta apuesta de la AFP estatal, que de ninguna manera va a cambiar la estructura y los resultados en las malas pensiones que se entregan hoy en Chile.

En segundo lugar, esta comisión de expertos de pensiones tiene una conformación en la cual los grupos más críticos a las AFP no están presentes. Si bien algunos de los miembros aportarán algo distinto a lo que hay, lo más críticos a este modelo, que han venido trabajando desde hace tiempo por un sistema distinto, no están ahí. Por lo tanto es muy difícil que el resultado de esa comisión sea el recuperar un modelo de reparto como el eje central del sistema de pensiones en Chile.

 

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