Enrique Moreno: la despedida a un hombre generoso que se conmovió y actuó ante el dolor de los demás

funeral enriqueEste viernes 2 de marzo, en la Parroquia San Pedro y San Pablo, donde debía asumir como párroco en pocos días, se celebró la misa fúnebre del religioso, periodista y amigo de tantos y tantas que le recordaron por su generosidad, compasión, humor y entrega a imagen de Jesús.
Cientos de personas se congregaron desde la tarde del jueves 1 de marzo en la parroquia de La Granja, donde descansan los restos del padre Esteban Gumucio, siervo de Dios, del cual Enrique Moreno era el vicepostulador de la causa de beatificación. Comunidad donde debía llegar como pastor, y que ahora lo recibía en pleno para despedirlo con amor.

Pese al retraso con el que su cuerpo llegó desde Ecuador, donde emprendió rumbo a la casa del padre el pasado 25 de febrero, eso no impidió que una muchedumbre se acercara a despedirlo.

La misa de la tarde del viernes estuvo presidida por el provincial de los Sagrados Corazones, René Cabezón ss.cc., quien concelebró junto a decenas de sacerdotes, obispos, religiosas y una multitud de fieles, familiares, amigos, y colegas de profesión.

Tras la liturgia de la palabra, cuyo Evangelio fue la multiplicación de los panes y los peces, Pablo Fontaine ss.cc., entregó su homilía: “Lo que he experimentado estos días, desde el domingo hasta hoy, la ausencia y presencia de Enrique. Ambas muy intensas. Reconozco que no solo la ausencia que es dolorosa, también la presencia, como si lo tuviera al lado. Cuando uno habla de ausencia, es porque la mitad del alma se nos va con el amigo. La otra mitad está aquí. Estamos alegres por el lugar en el que está, estamos tristes por que la otra mitad se queda acá sola, pero yo tengo la esperanza de pronto volver a verlo”, señaló el religioso.

“Los que han conocido a Enrique no lo han olvidado más. Tal vez los que estamos aquí somos deudores de él, simplemente porque irradiaba el evangelio con naturalidad. Cada día la gente fue lo más importante para él, especialmente pobres y enfermos. Su persona misma parecía ser poco importante para él. Esto fue fruto de un trabajo espiritual constante y serio movido por la gracia ciertamente. Que en un momento tomo la decisión de seguir de cerca el mensaje de Jesús y su persona contra viento y marea. Y el mismo se convirtió en mensaje para muchos”.

“¿Qué palabra para expresar lo que fue Enrique? y pensé: generoso”, señaló Fontaine destacando que Moreno Laval fue un hombre misericordioso, porque experimentó la misericordia de Dios y el amor de Jesús. “De ahí su tranquilidad, su cariño por todos, su dedicación a meditar la palabra, la profundidad de su oración, su disponibilidad para obedecer, y su humor”, agregó.

Luego de mencionar su pasó por la Parroquia San Pedro y San Pablo, Concepción, Roma, Filipinas, Indonesia, Polinesia, Atacama y otros lugares, el religioso recordó: “Por amor al perseguido sufrió la prisión en el Estadio (Nacional) y por amor a los necesitados se esforzó por ser uno de ellos. Como nos decía el Evangelio, Jesús al ver la muchedumbre se conmovió por ellos. Enrique se conmovía fácilmente con la multitud sufriente para llevarlo a la acción”.

Llegando al final de su mensaje, el padre Fontaine expresó “Cuando Jesús sufre, en cada momento de su pasión, lo hace por amor. La Eucaristía que celebramos no solo es un recuerdo de Jesús en su entrega, sino un anuncio de perdón esperanzador de nueva vida. Es lo que hoy pedimos por Enrique y todos los que estamos acá. Que él pueda llegando a esa luz que no tiene ocaso, pueda decir con el salmo: Acuérdate Señor de tu ternura y gran amor que siempre me has mostrado. Que Enrique nos ayude desde allá a lograr una Iglesia que haga más creíble y presente a Jesús, que no se predique a sí misma y que se purifique en la solidaridad con los pobres, lo que no se consigue con decretos sino con la entrega de cada corazón. Que María caminando con su pueblo, nos sostenga la alegría y algo de su valiente entereza en el dolor”.

Al momento de las ofrendas, junto al pan y el vino, se presentó la estola del Padre Enrique y se hizo mención a la camiseta de la Universidad de Chile, que se encontraba sobre el féretro.

El Obispo de Copiapó, Celestino Aos (donde Enrique Moreno aun era párroco de Diego de Almagro), fue el encargado de hacer el responso final junto a los hermanos de Enrique Moreno.

Luego, el provincial de los Sagrados Corazones agradeció a los presentes la cercanía manifestada por diversas congregaciones religiosas y también los mensajes enviados por el Arzobispo de Santiago, cardenal Ricardo Ezzati desde Italia; y por el obispo Pedro Ossandón, vicario de la zona sur, quien junto a Mons. Fernando Chomalí, arzobispo de Concepción, celebraron en la parroquia universitaria de la octava región, una misa por Moreno Laval.

Antes de finalizar la Eucaristía con la bendición de Monseñor Camilo Vial, Candelaria Acevedo, hija de Sebastián Acevedo – quien el 11 de noviembre de 1973 se quemó a lo bonzo para exigir saber del paradero de sus hijos detenidos por la dictadura– también quiso dar su homenaje: “No he querido faltar a la despedida de un amigo que lo conocí cuando mi padre al tratar de buscarnos, nadie le daba respuestas recorriendo comisarías y retenes… pero ahí estaba Enrique, tendiéndole una mano a mi padre y a mi madre, dándole consuelo, fe y esperanza en que podía encontrarnos. Pero un padre siempre espera que las cosas sean rápidas. Él no pudo esperar que pudiéramos aparecer –vivos o muertos- así que tomó una drástica determinación en función del amor, de la rebeldía y de las ganas de saber de nosotros y de miles de otras personas que estaban siendo torturadas en cárceles secretas. Enrique recibió a mi padre ese 11 de noviembre. Mi padre le pide dos cosas que haga, que lo crucifiquen en la catedral de Concepción o él se iba a inmolar en la catedral. Enrique le pide que tenga fe y esperanza, que espere, que puede que en algún momento las autoridades puedan decir donde estábamos. Pero mi padre no aguantó más y las 3 de la tarde decide inmolarse. Enrique va rápidamente a asistirlo, frente a la Plaza de Armas donde prendía su cuerpo y en un gesto de amor y misericordia piden ayuda y lo llevan hacia el hospital. Horas después me dejan en libertad transitoria, y ahí conocí a Enrique. Pudimos conversar, nos pudo entregar esa valentía, esa fuerza que él tenía con nosotros. De ahí siguió una amistad que perduró por 34 años, de hecho Enrique es padrino de mi hermana Erika, de bautismo y confirmación. Yo quiero dar testimonio de esa fuerza, ese carisma, esa forma que él tenía hacia los que sufríamos en ese tiempo lo que fue la dictadura militar. Nosotros nos vamos a llevar su ejemplo, su consecuencia, el amor que él le tenía al prójimo, que queremos verdad, justicia, memoria. Junto a los muchos que aquí también están presentes hay un grupo del movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo y quisimos estar hoy día presentes y dar este sentido homenaje que Enrique, nuestro amigo y compañero, se merece”.

Luego, Carolina sobrina de “Kiko”, leyó un mensaje que Bernardita Moreno envío desde el extranjero en representación de los 27 primos: “Nos vimos poco, pero con un abrazo, una conversa y unas cuantas risas nos poníamos siempre al día. La tecnología nos ayudaba (…) que capacidad para escuchar tenía. Fuiste tú quien me ayudó a comprender lo incomprensible, a aceptar lo inaceptable, a perdonar lo imperdonable, a dar gracias por lo vivido y sufrido, y es que todo tiene un sentido positivo en la vida, incluso tú partida. Dicen que las grandes personas que pasan por esta tierra cuando mueren nos dejan su legado. No creo sea así. Los grandes no piensan en dejar legados. Kiko no dejó un legado, nos dejó su vida, sus pensamientos, su palabra, su testimonio de fe, experiencias, percepciones, y sobre todo sus acciones. Las herramientas para que nosotros construyamos su legado, es decir, una sociedad más justa, más humilde, más inclusiva, más humana, más semejante a la vida de Jesús”.

Para concluir, María Eugenia Moreno, hermana de Enrique expresó “Sé que los quiso mucho a cada uno de los que están acá y a otros que no han podido estar presentes. Como para todos, la partida de Kiko ha sido un golpe muy grande. A ratos tan incompresible. Ha sido más que un hermano. Ha sido un amigo, el mejor compañero. Un hombre austero, cariñoso, en su atareada agenda en Chile y el extranjero siempre se daba el tiempo para hablar por teléfono o contestar un correo”.

Entre esos gestos, María Eugenia recordó una broma que Enrique le hizo cuando pequeña. La invitó al cine después de ir a hacer unos trámites juntos antes de entrar a la congregación. Al terminar de hacerlos, le hizo subir a una micro… y le dijo que ya no irían a ver la película. Unas cuadras después bajarían para correr al cine. “Hace poco tiempo Kiko me dijo: te quiero pedir perdón por la broma que te hice cuando fuimos al cine, y luego nos abrazamos. Habían pasado más de 50 años. Así era Kiko, humilde, tierno y amoroso (…) es un ejemplo de vida. Creo que todo lo que sucedió cuando estuvo detenido en el Estadio Nacional, el sufrimiento suyo y el de sus compañeros presos se lo ofreció a Dios. Él no sentía rencor, no sentía venganza. Solo tenía, como él decía, sed de justicia. Su opción por los más pobres y necesitados fue un ejemplo de vida, un referente que he tratado de seguir en la vida personal y profesional. Tratar de dar voz a los que no tienen acceso. Un excelente periodista con vocación de servicio y yo lo admiraba”.

Tras la ceremonia, un cortejo compuesto de varios autos y buses siguieron en procesión al féretro al Cementerio Católico de la Santísima Trinidad donde ya descansan los restos de Enrique Moreno Laval (2 de octubre 1941 – 25 de febrero 2018).

Por Víctor Villa Castro – Fotos: Nibaldo Pérez
Comunicaciones Iglesia de Santiago

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