Energía ¿hasta qué costo?

Por RICHARD PINCHEIRA AEDO en msn: richard_chillan@hotmail.com

En lo estricto, cualquier actividad nuestra tiene un impacto en nuestro entorno. Este impacto se ha denominado “huella ecológica” que es la suma de todos los impactos que generamos al movilizarnos, consumir recursos, eliminar desechos, etc.

Existen métodos que te permiten medir tu huella ecológica y de esa manera obtener tu línea base de impacto ambiental, pudiendo (si así lo quieres) asumir cambios en tu actuar que disminuyan ese impacto.

De esta forma, tenemos las herramientas para saber que hacemos, que impacto generamos y que medidas podemos tomar para disminuir dicho impacto. Así cualquier persona, sea o no parte de una agrupación ecologista, puede contribuir a un desarrollo sustentable.

En los medios de comunicación nos enteramos que este compromiso se le exige o propone a cada uno de nosotros, incluso a algunas empresas para que inviertan en sistemas menos contaminantes. Diferentes entidades gubernamentales generan textos o realizan foros en torno a estos temas, lo que hace sentir que habría una real intención.

Pero, ¿qué pasa cuando las decisiones a nivel país no consideran estos factores?

Lo primero es una negativa y fuerte señal de la baja preocupación real y concreta hacia nuestro ambiente.

Además, se genera una desconfianza hacia estos eco-compromisos, hacia las propuestas del Ministerio del Medio Ambiente, que pierden toda legitimidad cuando, por ejemplo, se aprueba un proyecto como la Termoeléctrica Los Robles (en la costa de la Región del Maule) y donde las observaciones de la comunidad o el recurso de protección interpuesto por 600 personas de Chanco contra la Corema del Maule fueron rechazados.

Este proyecto pretende consumir 2.230.000 toneladas al año de carbón, que traerá desde Australia y generará más de 4 millones de toneladas de cenizas entre otros tantos efectos ambientales, que siguen siendo justificados con la “necesidad de generar electricidad”.

No es la idea desconocer la necesidad de energía, pero antes debemos lograr un uso eficiente de la energía y paralelamente potenciar de manera óptima las ENRC (Energías  Renovables No Convencionales) como el viento, las mareas o el sol, dejando de lado opciones altamente contaminantes como es el uso de carbón, que nos aleja de las propuestas de reducción de emisiones de carbono a la atmósfera y nos acerca a un peligroso crecimiento a cualquier costo.

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