En tierra de nadie

vicky Por Vicky Quevedo, Directora Foro Ciudadano www.forociudadano.cl

La dignidad no se terremotea.

Vivir sin saber quien es mi vecina tiene un final precipitado si la muralla que nos separa en segundos se desploma dejando dos casas en un mismo terreno, la vecina en el nuestro y nosotros en el de ella, la intimidad de su ventana frente a frente con la nuestra. Vivir sin saber quienes son mis vecinos tiene otro final, siniestro, delirante si lo que se desploma es toda la cuadra, casas de calles adyacentes, almacenes y escuelas. En segundos quedamos todas y todos en un terreno gigante, sin casas, sin calles ni esquinas salvo escombros y rostros incrédulos, con la mirada fija en aquello que solo quedará en la memoria, esos segundos de silencio, en la intimidad profunda de cada ser humano envuelta en la pregunta por un qué pasó hasta que lentamente tratamos de reconstruir el entorno con ayuda de la mirada perpleja, hay que aprender a ver ya con otros ojos.

Algunos lloran, otras abrazan, hay quienes no paran de caminar, están  los que comienzan a mirar, a conocer a los ahora coterráneos de una misma tragedia, todos sin casa. Hablar solo con la familia sin que escuchen y opinen los vecinos es inviable, en forma natural comenzamos a reunirnos entre varios, ¿qué hacer? ¿Mamá cuando va a volver mi sala de clases? hace frío ¿cómo hacemos un cafecito? ¿Vecina ese chaleco es suyo? ¿Me lo presta por favor? aquí hay zapatos si alguien necesita, no veo la antena de la radio comunitaria.

Desde Foro Ciudadano fuimos a visitar la Región de la Araucanía, en coordinación con AMARC y acompañados por la dirección regional de ANARCICH en la región. Llegamos a Temuco y de allí en una camioneta a recorrer 900 kilómetros en dos días logrando visitar 13 radios comunitarias. Algunas dañadas en su estructura, otras en sus equipos desde un micrófono hasta la antena o el transmisor sin los cuales no hay salida al aire, cesan las transmisiones, el mayor dolor de todo radialista. Recorrimos lugares maravillosos, vimos lagos, caídas de agua, cerros sensuales en sus movimientos de lomas que acompañan el paisaje por horas de horas, gente a caballo, o caminando a orilla de camino, micros llenas, pueblos sin edificios, tranquilos, mirando el mar,  bosques de árboles nativos, de pinos y también de escombros. Cruzamos en balsa la entrada de mar de Caleta Toltel, en Queule, llegamos, sacamos el auto y nos estacionamos a unos segundos de la orilla. Un almacén, atendido por don Aurelio, y entre provisiones propias para una isla una salita que al entrar muestra su flamante radio comunitaria donde el pedestal del micrófono es de madera, tallado por una mujer de la Asociación de Pescadores Artesanales de la zona de la que Don Aurelio es su presidente. Usted compra algo y de paso le pide a Don Aurelio que le pase un mensajito por la radio, nos dijo una vecina que si sabía quienes eran sus vecinos.

Parados al lado del almacén, mirando la entrada de mar, Don Aurelio me contó  que estaban parando las cosas que botó el terremoto y a las 6 horas “cómo se nos vino la mar oiga, una ola enorme que mire como nos dejó, se llevó los muelles, cordeles, redes, anclas, botes, se nos fue el bote mas grande que teníamos en la Asociación es que entró con fuerza la mar oiga. ¿Y sabe cuanto demoró en llegar la autoridad pa ver si quedó alguien vivo por acá? Seis día oiga! Seis días! Cuando llegaron, yo les pregunté por qué habían demorado tanto, y sabe que me dijeron?, la verdad Don Aurelio es que ustedes son tierra de nadie…. Y eso me dolió mas que todo lo material perdido”.

Me vine a Santiago con ganas de hacer algo, de ayudar, y me llega un mail de Uppsala-Suecia, de una chilena académica, al saber del terremoto nos hemos convocado varios chilenos que queremos ayudar, ganas de colaborar en el tiempo partiendo ahora con apoyo económico, somos varios, ¿conoces alguna organización? ¿población? ¿radio comunitaria?…. No lo podíamos creer, les mandamos toda la información que teníamos, audio, fotos, llamamos a Don Aurelio para que diera la lista de pérdidas con sus respectivos valores sin decirle exactamente para qué por temor a que no aprobaran, cantidad de mails y por varios días.

Acá  la urgencia de actuar colectivamente y en Uppsala la necesidad de estar en Chile en un momento de tanto dolor, caminar por sus calles pensando en español, por las cercanías del Castillo, o bajando desde la Biblioteca, estacionando la bicicleta en el centro, lidiando con 25 grados bajo cero y pensando en los pueblos que alguna vez conocieron y que hoy ya no existen como eran, son otros, que se están parando, que se puede.  Un mes después, Vicky, incluimos a Isla Los Pinos en los aportes, queremos reparar dos muelles, comprar las anclas, cordeles y redes que nos dijeron. También vamos a reparar el bote más grande. Lo que si es que nos gustaría que al bote le pusieran Uppsala. Me sentí inmensamente feliz, empoderada, un eslabón de una gran cadena de solidaridad, de puente entre coterráneos de Caleta Toltén y Uppsala.

Llamé  de inmediato a Don Aurelio, no lo podía creer, estaba tan emocionado ese señor de manos enormes como buen pescador, almacenero y director de la Radio Lafkenche. Eso si Don Aurelio, están pidiendo que al bote le pongan Uppsala…. Silencio… es que sabe Vicky? Eso tendríamos que entrar a conversarlo…. ¡Esa es dignidad mi alma! Grande Don Aurelio.

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