En las honduras de las Américas

hondurasPor César Baeza Hidalgo
Terrible pero cierto. La misma Escuela de las Américas (EA) que propició las famosas dictaduras militares latinoamericanas; que ahora tiene sede en Fort Benning (Georgia); y que entre 1946 hasta 1984 estuvo ubicada en Panamá, tiene mucho que ver con el golpe de Estado y conspiración política que afecta a Honduras en estos días.
Aunque los optimistas quieren ver en el color de piel del nuevo presidente estadounidense una luz de esperanza, la verdad es que los militares autoritarios y los políticos serviles todavía abundan en nuestra América (nuestra, porque está compuesta de 35 países, con 17 dependencias; además de tres departamentos franceses y un estado libre asociado con Estados Unidos, sólo uno de los países que la conforman).
Y si bien las condiciones geopolíticas para instaurar las dictaduras de las décadas de los 60 y 80 (datos del Pentágono) hoy no están dadas, no podemos seguir siendo tan inocentes y pensar que sus tentáculos no continúan adheridos a lo que hacemos o dejamos de hacer en el continente. Su misión fue, y sigue siendo, dentro del marco de la llamada Doctrina de Seguridad Nacional: “Preparar a las naciones latinoamericanas para cooperar con Estados Unidos”.
Poco antes del reciente golpe promovido por los poderes judicial y legislativo en Honduras, el presidente Manuel Zelaya despidió al jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, Romeo Orlando Vásquez Velásquez. El general se negó a dimitir, y recibió el apoyo de los jefes de todas las ramas armadas del país centroamericano. ¿Qué democracia que se respete puede permitir que un general se niegue a acatar las órdenes del presidente de la República?
Se entiende, si sabemos que el mentado militar fue alumno destacado de la Escuela de las Américas (EA) en dos oportunidades por lo menos: En 1976 y 1984. También lo fue el general Luis Javier Prince Suazo, comandante en jefe de la Fuerza Aérea, el año 1996; y sabemos que esta rama jugó un papel fundamental en el golpe hondureño, puesto que en una de sus bases fue recluido el presidente Zelaya antes de ser despachado a Costa Rica.
En Estados Unidos hay voces que han denunciado el intervencionismo de la también llamada “Escuela de Asesinos”. El congresista Joseph Kennedy ha declarado: “La Escuela de las Américas (EA) del Ejército de EE.UU…. es una escuela que ha producido más dictadores que cualquier otra escuela en la historia del mundo”, por citar sólo un ejemplo.
Sin ir más lejos, y volviendo a Honduras, en 1975 Juan Melgar Castro, se convirtió en dictador y recogió su poder a otro graduado de allí: Policarpo Paz García, quien se destacó por reforzar la represión y los asesinatos atribuidos al batallón 3 – 16, escuadrón de la muerte conformado por graduados de la EA hondureños y compañeros de clase de la dictadura argentina.
Por oro lado, el general Humberto Regalado Hernández, es un hondureño representado en la Galería de la Fama de la EA, y como tal, se negó a actuar en contra de los involucrados en el escuadrón de la muerte mencionado cuando se reestableció la “democracia” en el país.
Más ejemplos abundan, en ese país y no decir en distintas partes del continente. Pero lo que preocupa es la señal que pueda dar el recién electo Barack Obama, quien aun no suprime el apoyo militar y económico a Honduras (6 de julio) como es supuesto hacerlo ante una intervención a la soberanía y democracia de un país. Una señal difusa que puede ser interpretada como peligrosa.
Del mismo modo, la negativa del presidente estadounidense de reunirse con el derrocado presidente Zelaya, es una actitud tibia, por decir lo menos, frente a unos hechos que toda la región se ha apresurado a repudiar. Sólo lo recibió el martes pasado (7 de julio) la ex senadora y secretaria de Estado, Hillary Clinton, cuando la situación ya era insostenible.
Hay que esperar unos días más, puede ser que estén estudiando los antecedentes antes de tomar una decisión, pero pienso que hay que apretar el acelerador para definir la posición del país del Norte frente a esta manifestación de fuerza y prepotencia de los militares formados en su seno.
El domingo 5 de julio, Isis Obed Murillo, de 19 años cayó, desarmado como estaba, al piso cercano al aeropuerto por una bala de fusil que impactó su nuca, disparada por un soldado hondureño. Según una crónica de El País (España), el hospital que visitó el periodista estaba atestado de heridos de bala. Todas personas que se manifestaban desarmadas en contra de la intervención. ¿Hay que esperar a que mueran cuántos más?

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