Eliminación de la violencia contra las mujeres requiere movilización permanente

El mismo día escogido mundialmente para promover la movilización por la eliminación de la violencia contra las mujeres, el 25 de noviembre, especialistas entrevistados por la Agencia Patricia Galvão advierten que la lucha contra la llamada violencia de género – que pone en riesgo a las mujeres de diferentes latitudes, realidades, países, edades y condiciones socio-culturales y económicas – es un desafío permanente.

Para remarcar la fecha, datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) dados a conocer el viernes (21/11) señalan la gravedad del problema: los estudios indican que una de cada tres mujeres en el mundo es víctima de violencia conyugal. Además de la violencia doméstica, la OMS estima que entre 100 y 140 millones de mujeres han sufrido mutilación genital, 70 millones de niñas se casan antes de los 18 años y 7% de las mujeres corren el riesgo de ser víctimas de violación durante toda la vida.

La médica y profesora del Departamento de Medicina Preventiva de la Facultad de Medicina de la USP (Universidad de São Paulo), que es la única brasileña participando esta serie de estudios de la OMS, Ana Flavia D’Oliveira, dijo que la invisibilidad contribuye a que la violencia de género se perpetúe en la sociedad.

“A pesar de ser frecuentes, pocos casos de violencia sexual salen a la luz porque las víctimas suelen tener vergüenza, pueden ser amenazadas si denuncian, pueden ser culpabilizadas por su propia victimización (como cuando se las acusa de ciertos comportamientos, como beber o usar vestidos cortos). La falta de reconocimiento del problema, de canales receptores de denuncias y de responsabilizar al agresor aumentan la invisibilidad “, explica.

Escenario preocupante

En Brasil, la situación no es menos grave: según la octava edición del Anuario Brasileño de Seguridad Pública, el número total de violaciones registradas en 2013 alcanzó la cifra de 50.320, un promedio de casi seis, cada hora, una a cada 10 minutos. Sin embargo, este número puede ser aún mayor, ya que, según el documento, investigaciones internacionales indican que sólo 35% de las víctimas de violación van a denunciar el crimen a la policía. Esto significa que es posible que, en Brasil, hayan sido cometidas, 143 mil violaciones en 2013, según las estimaciones del Anuario, que elevaría el número de este tipo de violencia a una, cada cuatro minutos.

Con una tasa de 4,4 asesinatos por cada 100 mil mujeres, Brasil está también entre los países con mayor índice de homicidios femeninos: ocupa la séptima posición en un ranking de 84 naciones, según datos del Mapa de la Violencia 2012 (Cebela/Flacso).

En el primer semestre de 2014, la Central de Atención a la Mujer – Llame 180 realizó 265.351 asistencias, siendo que las denuncias de violencia correspondieron a 11% de los registros – es decir, fueron reportados 30.625 casos – solamente por esa vía en seis meses. En el 94% de los casos, el autor de la agresión fue el compañero, ex o alguien familiar de la víctima.

Para cohibir la violencia contra las mujeres en la sociedad brasileña, además de garantizar los derechos en los casos donde la violencia ya ocurrió, mediante adecuado acogimiento de las víctimas y la responsabilización de los agresores, se necesita actuar también para que esas prácticas no se produzcan más, promoviendo la reflexión y el debate público sobre esta grave violación de derechos humanos.

En este sentido, la profesora Ana Flávia señala como primer desafío sacar los casos de la invisibilidad y crear conciencia sobre las desigualdades existentes entre hombres y mujeres, revertiendo discriminaciones basadas en el género, articular estos casos, con especificaciones sociales como raza y clase social, a partir las cuales se genera violaciones a la integridad física, moral o psicológica de la mujer.

Violencia y género

Según la antropóloga e investigadora de la USP Beatriz Accioly, la violencia de género está asociada a convenciones de lo que se espera de hombres y mujeres en la sociedad. “Cuando hablamos de género, que son las construcciones sociales sobre lo que es masculino y lo que es femenino, estamos mirando ciertas características que, asociadas a lo masculino y lo femenino, favorecen violencias”, explica.

Asociar, por ejemplo, la feminidad a la idea de mantenimiento de la relación, de estar casadas, y de que a todas las mujeres les agrada mantener relaciones de pareja, estar casadas, y que ellas son las responsables por mantener los vínculos y hacer que las relaciones afectivas sean duraderas, termina estimulando que se permanezca en una relación independientemente de su calidad o incluso de la violencia doméstica. “También, por ejemplo, cuando se asocia la masculinidad con la agresividad, para resolver las divergencias y asperezas de una manera truculenta, eso también promueve la violencia de género”, ejemplifica la investigadora, que integra el Núcleo de Estudios sobre Marcadores Sociales de la Diferencia de la USP.

En los casos de violencia sexual, es muy común, por ejemplo, que se menosprecie la gravedad del crimen culpando a la propia víctima por la violencia sufrida. “La cuestión de género en la violencia sexual aparece muy asociada a lo que se espera de una moralidad de una mujer ‘recatada’. Entonces, si la mujer no obedece a aquello que se espera de ella, desde el punto de vista de una moral sexual, ella está en riesgo y tal vez termine siendo culpada por la propia violencia que sufrió “, señala.

Estos presuntos papeles asociados a lo masculino y femenino, cargados de desigualdades, contribuyen a que las mujeres estén más expuestas a ciertos tipos de violencia, como la doméstica y la sexual, son naturalizados y reproducidos, muchas veces, por los propios profesionales involucrados en los servicios de protección de las mujeres.

En entrevista al Informativo Compromiso y Actitud, la defensora pública de São Paulo, Juliana Belloque, señala la falta de comprensión de las discriminaciones de género como una de las principales barreras para el acceso de las mujeres a la Justicia en las diferentes realidades en que viven las brasileñas.

“Uno de los grandes retos que permanece – y no sólo en lo referido al Poder Judicial, sino a la sociedad en su conjunto – es la asimilación y la comprensión del concepto de género para que podamos enfrentar de una manera más completa la cuestión de la discriminación. Los jueces y juezas, así como promotores, defensores, abogados y todos aquellos que trabajan con estos temas, son hombres y mujeres insertados en el contexto cultural”, señala.

Prevención

Para Beatriz Accioly, el enfrentamiento de la discriminación basada en el género requiere un esfuerzo colectivo, que involucra varias iniciativas, pasando por los campos de la educación, legislación, y del poder público, y también de los movimientos sociales y organizaciones de la sociedad civil.

Según la antropóloga, las leyes específicas, como la Ley Maria da Penha, tienen importante papel pedagógico para expresar que la violencia no es una salida. “La sociedad brasileña mira la violencia como una forma pedagógica y de resolución de conflictos en el ambiente familiar. Se castigan al niño, la mujer, el anciano – aquellos que usted cree que están en situación de desventaja y que “pueden ser educados”. Dentro de esa lógica, el agresor, muchas veces cree que hay una motivación justa a su práctica, la cuestión es usted señalizar con la ley mostrando que no existe violencia legítima – es decir, que ella no es una forma legítima de resolver conflictos familiares y afectivos”, explica.

El papel de la educación es también fundamental, señala la especialista. “Entendiendo que el género es aprendido, desde el momento más temprano, desde la infancia, hace falta pensar una educación de género que no sea normativa, ni excluyente, y que no favorezca asimetrías, desigualdades y violencias” subraya.

Las redes sociales e la Internet también han sido importantes para la circulación de relatos de víctimas y para la creación de redes de apoyo para las mujeres. “El anonimato de la internet, al mismo tiempo en que favorece ciertas violencias, permite a las personas hablen sobre lo que les sucedió y eso es súper importante”, afirma.

Fuente: Adital / Agência Patrícia Galvão

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