El video comunitario y el derecho a la comunicación

Por Pablo Romo

En un país tan diverso, multilingüístico y con alta riqueza biocultural, como México, la existencia de medios comunitarios, independientes y propios es fundamental para la construcción de un dialógo participativo plural, incluyente y democrático. Hoy que se discute la reforma a la Ley Federal de Telecomunicaciones, que  habla de acabar con monopolios mediáticos y abrir el espectro a la competencia privada y extranjera, al menos en lo que respecta a la transferencia de datos digitales (televisión, radio e internet), también se hace necesario hablar de  los otros medios, los que se construyen ajenos al poder económico y político y que desarrollan una lógica emancipadora.

Intentar definir a estos medios no es sencillo: las categorías se diversifican y asumen diferentes nombres según las circunstancias y los contextos. Es así como oímos hablar de medios independientes, ciudadanos, comunitarios, indígenas, participativos, libres, etc. Sin embargo, y pese a esta gran variedad de conceptos, todas estas iniciativas comparten una visión común: los medios al servicio de la gente, es decir, la comunicación como agente liberador.

En este largo recorrido por la construcción de medios propios el video se ha venido consolidando por lo menos en los últimos 15 años, como una herramienta útil y cada vez más accesible para grupos e individuos que se habían, de manera involuntaria, mantenido al margen de los grandes medios de comunicación oficiales y privados. La construcción de estos mecanismos de información debe entenderse como una serie de actos de resistencia política y cultural contra la dinámica homogenizante que reproduce el sistema actual.

En muchas ocasiones el surgimiento de estos medios (comunitarios) está ligado a procesos sociales y organizativos dentro de las comunidades o grupos. La lucha por la defensa del territorio, el reconocimiento a la autonomia de los pueblos, la defensa de los recursos naturales y los derechos civiles han evidenciado, en no pocos momentos, la necesidad de que la sociedad cree, produzca y controle medios propios, que permitan profundizar en las dinámicas organizativas y dar visibilidad a sus demandas. En ese sentido, la comunicación popular y el video comunitario funcionan teniendo como premisa la idea del “nosotros”, es decir, la organización como punto de partida para incluir a las comunidades en los procesos de creación, ya sea incidiendo directamente o desde el imaginario del autor, contribuyendo así al rescate y preservación de las tradiciones mediante la documentación de los saberes propios de la comunidad.

La tarea de estos comunicadores no resulta sencilla si tomamos en cuenta que no existen programas de financiamiento oficiales que promuevan esta actividad. Tampoco se tienen canales de difusión adecuados, ni existe un interés por parte de las autoridades de abrir espacios para la creación de estos medios, aunque curiosamente, los primeros proyectos que acercaron medios audiovisuales a las comunidades fueron financiados y promovidos por el extinto Instituto Nacional Indigenista (INI).

Pese a todo esto los esfuerzos por construir una comunicación libre, independiente y ciudadana, no han cesado; por el contario, se han ido incrementando. Cabe decir que la mayoría de estas iniciativas que hoy continúan vigentes están siendo acompañadas por organizaciones y grupos de la sociedad civil, quienes en conjunto con las comunidades se han dado a la tarea de capacitarse y promover la importancia del derecho a comunicar y comunicarse, pero sobre todo, el derecho a la autorrepresentación.

Adenda: Un poco de historia

La historia del video comunitario –entiéndase también como indígena o participativo– en México, se remonta a los años 80, en aquella década el entonces Instituto Nacional Indigenista (INI) inició una serie de talleres en comunidades indígenas de Oaxaca. Estos talleres sentarían el precedente para un proyecto posterior denominado: “Transferencia de Medios Audiovisuales a Organizaciones y Comunidades Indígenas”.

En 1992 se formo la Organización Mexicana de Videastas Indígenas y dos años después, en 1994, se creó el primer centro de Video Indígena en la Ciudad de Oaxaca. En 1998, tras el levantamiento zapatista, aparece Promedios de Comunicación Comunitaria, organización binacional con sede en México y Chicago, que a través de cursos de capacitación y donación de equipos logra crear los primeros grupos de comunicadores comunitarios zapatistas. El trabajo de estos  comunicadores  fue de vital importancia para difundir por todo el mundo  la causa zapatista y encontrar solidaridad entre diversos colectivos y organizaciones.

Otro ejemplo importante sucedió en Oaxaca durante el movimiento social de 2006,  cuando el 1º de agosto un grupo de mujeres decidió tomar las instalaciones del canal 9 en respuesta a la negativa de la televisora por brindarles un espacio para exponer sus demandas. Aunque la toma del canal fue un episodio breve, que duró tan sólo 3 días, pronto se convertiría en un hito dentro de la lucha por construir medios propios.

Actualmente en el país existen varios proyectos de comunicación popular que se extienden por diversas regiones, principalmente en zonas con presencia indígena. Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Sonora ,Veracruz, Yucatán y Puebla cuentan con experiencias de comunicación comunitaria exitosas que continúan vigentes y en constante transformación.

Pablo Romo (@famosoodie) es videasta y articulista cultural. Trabaja en la Universidad Veracruzana Intercultural y fundó Teocelo TeVe .

Fuente: Icónica

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