El vacío

Por Wilson Tapia Villalobos

La discusión nacional está entrando en su apogeo.  Espero que baje algo por las Fiestas.  Pero, seguro, subirá en el diapasón inmediatamente después.  Las elecciones municipales son el 28 de octubre.  Y de allí a que designemos al próximo presidente(a) de la República, hay sólo un respiro. El 17 de noviembre de 2013 es la fecha elegida. Eso del apogeo es por el griterío, no por el contenido.  Y en cuanto al diapasón, el término está perfectamente ocupado.  Subirá la bulla, pero no el tono del razonamiento.

Por estos días la preocupación política está acotada a la Reforma Tributaria, la encuesta CASEN y, en  medida menor, a la Asamblea Constituyente.  Los estudiantes se desgañitan reclamando porque sus padres y ellos han sido estafados; porque la educación es mala; porque las riquezas del país se las llevan unos pocos.  En fin, reclamos justos, pero que en los oídos políticos no resuenan.

Y a uno le empieza a subir la mostaza. Sabe que la Reforma Tributaria es apenas un tapa rabos para ocultar las partes pudendas de un sistema segregador y clasista. Y se da cuenta que ni en el gobierno ni en la oposición existe decisión para hacer una reforma justa, en que los ricos paguen lo que tienen que pagar. Es todo en la medida de lo posible.  Y lo posible lo imponen, como ya se sabe, quienes manejan el poder.

El otro tema, la famosa encuesta. Un simple volador de luces. Si los pobres bajaron 0,2% o subieron 0,3%, importa poco.  Menos aún si la CEPAL fue presionada o no. Lo verdaderamente significativo es que la magnitud de la pobreza siga bordeando el 14% de la población.  En un país en que el Producto Interno Bruto per cápita 2011 fue de US$16.172. Una cifra cercana a los $8 millones por cada chileno. Y que con tales ingresos potenciales, detectados por el Fondo  Monetario Internacional, 2 millones 500 mil chilenos sigan padeciendo hambre, es una aberración.  La encuesta, por tanto, es un pelo de la cola.  Sobre todo que la discusión no aclara como fueron utilizados los guarismos. Así, aumenta la certeza de que los gatos siguen encerrados. Y que en las alturas del poder todos son bueyes, por lo que entre ellos no hay cornadas reales. Como máximo uno que otro empellón, nada más…

La Asamblea Constituyente ya ha pasado a mejor vida.  El presidente del Senado y líder egregio del Partido Socialista, Camilo Escalona, la desahució.  Chile no vive convulsiones que la justifiquen, arguyó.  Como si la voz ciudadana no tuviera derecho a cambiar las convenciones que alguna vez se impuso. Y, en este caso, lo que impuso a sangre y fuego la dictadura militar, con el apoyo de la derecha civil. Si el rechazo proviene de un referente socialista, uno tiene derecho a pensar que aquí hace tiempo que las cosas no caminan.  Que Escalona está más preocupado de ser senador vitalicio que de guardar los principios que alguna vez animaron a su Partido.

Como dato anecdótico, no más, habrá que recordar que el 4 de septiembre se cumplieron 42 años de la elección del Presidente Salvador Allende. No se podía esperar que la fecha fuera recordada en los medios de comunicación masivos que, gracias a la Concertación, están en manos de la derecha. Pero es que tampoco hubo homenajes públicos, ni recuerdos significativos siquiera.  Y a quien le correspondía organizarlos era al Partido Socialista.

Y así es como se va entendiendo lo que pasa en esta pedestre arena política en que se ha transformado Chile. Que sea un mal mundial, sólo agrava las cosas. La política ha devenido en una juerga de amigos, que con algunos tragos de más se pueden hasta echar la bronca, pero después de la resaca los lazos seguirán impolutos para continuar haciendo dinero.  Los únicos perjudicados serán los que los eligen para que, supuestamente, los representen.

Esto me hace recordar un artículo del periodista y escritor español  Arturo Pérez Reverte. En él putea contra de los diputados de su país. Aquí uno podría decir lo mismo, pero no sólo de los diputados.

También hay otros personajes a quienes este tobogán que es la política los encumbró, los desnudó ideológicamente y los vistió con las galas del sistema. Uno de ellos, Nicolás Eyzaguirre. Ex comunista y furibundo izquierdista mientras fue funcionario de la CEPAL, ministro de Hacienda de la administración del Presidente Ricardo Lagos, hoy es presidente del directorio del Canal 13, propiedad del grupo Luksic. Curioso. Este es el mismo grupo económico que para poder tomar el control del Banco Chile recibió el apoyo del Banco Estado.  La institución estatal -propiedad de todos los chilenos- la presidía en ese entonces el socialista Jaime Estévez y el ministro de Hacienda, que visó la operación, era Eyzaguirre. Luego de dejar la presidencia del Banco Estado, Estévez integró el Directorio del Banco Chile y hoy preside la sociedad anónima propietaria del Club de Deportes Universidad Católica.

Es como para putear. Pero más vale serenarse y pensar que el vacío al que hemos llegado, en algún momento se llenará.

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