El poder y la felicidad

Por Wilson Tapia Villalobos

Entre tanto despropósito es difícil encontrar miradas positivas, mensajes estimulantes. Es como si todo se confabulara para que el ciudadano chileno sea sepultado por la avalancha de temores que trasmiten los medios de comunicación.  O por las trapacerías que llevan a cabo quienes están donde están para evitar esos abusos. Pero siempre hay hombres y mujeres dispuestos a ensayar caminos diferentes. A intentar, una vez más, buscar la felicidad.Así de simple podría ser la historia de la Humanidad.  Una historia en que constantemente el poder ha logrado montarse sobre sueños para después traicionarlos en aras del interés de quienes lo detentan.  La historia de la Humanidad es la historia del ejercicio del poder.  Ya sea de los monarcas que habrían llegado hasta allí a cumplir el mandato divino de devolvernos al paraíso perdido. Ya sea de los que se autonominaron intermediarios entre los hombres y Dios.  Ya sea de los referentes políticos que prometieron la igualdad y terminaron fundando dinastías o medrando de la confianza de millones para alcanzar lugares de privilegio que antes criticaban.  Ya sea de los empresarios que juraron emular a Jesucristo y montaron una danza de explotación sin fin.En todo lo que se ha visto en las últimas semanas está el desenfado del poder.  La venta del litio fue una demostración más. Julio Ponce Lerou -ex yerno de Augusto Pinochet-, poderoso empresario minero nacido con la dictadura, fue el beneficiado. Y en este negocio, en que se aprovechó información privilegiada, contó con el respaldo de un miembro del directorio de Soquimich, su empresa insignia. Fue Patricio de Solminihac, hermano de Hernán, ministro de Minería. La operación fue detenida, pero no por el ministro, sino por el reclamo de otros oferentes extranjeros.

Pocos días antes habían sido los partos de las madres chilenas los que ocuparon el centro del escándalo. El 49,1% de los nacimientos en el país se hace vía cesárea…el triple de lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud.  Y ese guarismo se eleva a 70,4% en las clínicas privadas, mientras baja a un 38,1% en los hospitales públicos.  Una demostración de que es el lucro el que impera en la Salud.  El ministro de ramo, Jaime Mañalic, habló de una “mala medicina”. Una “mala medicina” que él toleró mientras era jefe máximo de uno de los centros de salud privado más grande del país, la Clínica Las Condes.

En las fiestas de septiembre cientos de miles de chilenos vieron derrumbarse sus aspiraciones de descanso cuando tuvieron que soportar esperas de hasta cinco horas en peajes de carreteras del Sur del país.  ¿Por qué no se levantaron las barreras para terminar con la demora? El precandidato presidencial y ministro de Obras Públicas, Laurence Golborne, salió a explicar que eso habría provocado una abultada cuenta para el Estado. Una explicación pobre, porque libera de cualquier responsabilidad a las concesionarias de las autopistas.  Pone por sobre el interés general el lucro de privados.  Esto lo hizo ver el ex ministro de OOPP y ex presidente Ricardo Lagos. Su opinión no deja de ser curiosa. Él fue responsable de las privatizaciones de las carreteras chilenas y uno de los grandes impulsores de las privatizaciones en general. Y quien, hasta ahora, niega haber cometido un error al ahondar la presencia de particulares en servicios que correspondía manejarlos, por su importancia estratégica, al Estado chileno.

Uno de los últimos escándalos: el descubrimiento del pago de sobreprecio en equipos de detección de drogas para la frontera Norte del país. El Estado iba a ser perjudicado en varios miles de millones de pesos. Han rodado cabezas menores en el Ministerio del Interior, organismo del que dependían las adquisiciones.  Pero la noticia aún está en desarrollo: Esos mismos sobreprecios fueron pagados por equipos que ya tiene en funcionamiento la Fiscalía Nacional.

Para terminar con este recuento vergonzoso, otro hecho paradojal. Diego Hernández, ex presidente de Codelco, la empresa cuprera más grande del mundo, propiedad del Estado chileno, asumió como cabeza de Antofagasta Minerals. Esta empresa pertenece al grupo Luksic, uno de los más poderosos del país. Fue un traspaso acelerado, ya que su renuncia a la estatal se produjo recién a fines de mayo.  Además del conflicto de intereses que la legislación pretende cautelar y que en este caso se habría vulnerado, hay un cierto decoro que el poder hizo avasallar.

Como también hace perder la memoria.  El presidente de la Democracia Cristiana, Ignacio Walter, cree que las soluciones a los problemas del mundo -y de Chile- están en el centro político. En el centro de una política que ya no responde a lo que quieren los ciudadanos.  Entre otras cosas, porque Walter hace declaraciones como la siguiente, hablando de la Asamblea Constituyente: “Quiero ser claro sobre el tema de fondo: la DC siempre estará por la vía institucional, nunca por la ruptura”.  Olvidó que uno de los líderes máximos de la DC, Eduardo Frei Montalba -junto a otros connotados democratacristianos-, estuvo entre los articuladores políticos del golpe contra el gobierno de Salvador Allende (ver “Memorias privadas de un hombre público”, Enrique Silva Cimma. Ed. Andrés Bello. P 313). Olvidó igualmente que Frei fue uno de los tres ex presidentes que asistieron a darle respaldo al dictador.  Los otros dos fueron Gabriel González y Jorge Alessandri.

Estas últimas semanas han sido una especie de compendio. Un resumen de lo que los chilenos pueden esperar de sus dirigentes e instituciones. Y la demostración de que hay quienes están tratando de marcar sendas distintas.  Que hasta ahora tal vez sólo pueden manifestarse a través de vociferar contra lo que no quieren, más que lo que pretenden hacer.  Pese a lo que se piense desde la atalaya conservadora, en ese descontento está el porvenir. Cuando las grandes estructuras sociales comienzan a derrumbarse, es la demostración de que sus constructores fracasaron.  Y quienes deben reconstruir tendrán que utilizar otras perspectivas, otra estética, incluso herramientas que se adecuen mejor a los nuevos materiales.

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