El modelo

Wilson_TapiaPor Wilson Tapia Villalobos

Si se tratara de moda, podríamos hablar de “el modelito”. Pero esto es más estructurado. Y, sobre todo, en la moda se puede elegir de acuerdo a la estética de cada cual. Con el modelo económico que impera en un país, en cambio, no queda más que aceptarlo….o cambiarlo. Pero esto último es un poco complejo. Sobre todo si se trata de un cambio estructural, profundo. Para hacer algo así deberían afectarse los intereses de quienes lo manejan. Éstos se opondrían. Y si los que quieren reemplazarlo por otro modelo logran imponer su idea en las urnas, se escucharán las orugas de los tanques en las calles y el rugir de los jets en el cielo. La alternativa de una revolución armada forma parte de un pensamiento añejo, sobrepasado por los avances tecnológicos (que poseen los que tienen el poder). De esa tecnología que se hace sentir desde los medios de comunicación, hasta el control masivo en las calles. Y esto último lo agradecemos -y a veces lo exigimos-, impactados por los niveles de delincuencia que muestra la TV, propalan las radios y analizan sesudos comentaristas que ya hablan de la necesidad de que los civiles se armen. Es el resultado del sometimiento por el miedo.

Pareciera que esta mirada es un tanto pesimista. Posiblemente. Sobre todo cuando el realismo nos lleva a encontrarnos en un callejón sin salida. ¿Y esto es propio sólo de nuestra época? Pareciera que no. Hasta cuando aún se podían hacer revoluciones y permanecer con vida para disfrutar de los cambios, las cosas no eran muy distintas. Basta con mirar a la Revolución Francesa, que fue el inicio de lo que hoy compartimos. O lo que ocurrió con las naciones en que se impuso el socialismo. En las que el futuro prometido era llegar al comunismo.

Pese a todo, la Humanidad ha avanzado. Pero a medida que el conocimiento permite, por ejemplo, prolongar la vida, las condiciones de esa vida, para los sectores vulnerables, se hace cada vez más dura. La realidad hoy es que todo está en cuestionamiento. Empezando por el esquema machista, el predominio omnímodo de la Iglesia Católica en cuestiones valóricas, las aparentemente impolutas instituciones democráticas, el capitalismo como único sistema de reparto de acuerdo a las aptitudes de cada cual. En fin, todo lo conocido como referente válido, al menos en las últimas centurias. Además, habría que agregar los aportes del conservadurismo, que pone en duda los avances humanistas, rechazando la igualdad entre los seres humanos. Eso se ve en la postura anti inmigración, en la defensa a ultranza de un sistema que continuamente expande la brecha entre ricos y pobres, y en la búsqueda de un reemplazo para la Iglesia Católica que pueda ejercer el mismo poder valórico, político y económico que esta institución alguna vez tuvo.

Esto último se ve en el surgimiento de iglesias evangélicas como referentes políticos en diferentes partes del mundo. Ya no es sólo en el Norte de Europa. Ahora también se suma América Latina. Y, en términos generales, lo es como un factor en extremo conservador. En Brasil, Jair Bolsonaro, un militar (r), diputado ultraderechista del Partido Social Liberal, afinca su postulación presidencial -en la que figura como segundo en las encuestas, después de Lula- en el mundo evangélico.

Se podría decir que este es el lado conservador del mundo político. Y ese sería un aserto incuestionable, si se tuviera certeza de una contrapropuesta coherente. Pero tal cosa no existe en la actualidad.

Lo cierto es que el cambio que hoy vivimos se muestra dentro de un solo modelo económico-político: el neoliberal. Hasta ahora no se conoce una propuesta coherente que sea alternativa. Y lo que antes era la izquierda, con el derrumbe de los socialismos, se quedó sin propuesta ideológica. Las que parecen ser nuevas ideas enarboladas por grupos emergentes, no dejan de ser añejas añoranzas sin nuevo sustento ideológico. Lo que se da también en bastiones de la antigua izquierda, como China. Hoy sería aventurado -y equivocado- sostener que el modelo chino sigue las directrices de la revolución que encabezara Mao.

Pareciera que el realismo se ha impuesto por sobre el idealismo revolucionario. Al menos ya no se puede decir que se aspira a “un mundo mejor”. Quizás a una sociedad nacional mejor, pero sacrificando para ello lo que en algún momento se dio en llamar el internacionalismo proletario. ¿Y con qué ha sido reemplazado aquello? Los comunistas no dan una respuesta. Para los socialistas, la situación es más sencilla, ya que pueden hablar de la socialdemocracia. Pero eso no es una postura coherente para los que, al menos en Chile, levantaron alguna vez la bandera del socialismo marxista.

Sin duda se viven tiempos de cambio. Pero quienes esperaban que los avances tecnológicos y la riqueza creciente del mundo trajeran una realidad más equitativa, estaban equivocados. Los remozamientos que hoy vivimos no hacen más justa la convivencia entre seres los humanos.

Las genuflexiones frente al modelo llevan a que quienes quieren cambiarlo caigan, incluso, en el ridículo. Por eso es que cuando el senador Jaime Quintana habló de la retroexcavadora para terminar con el modelo neoliberal impuesto por la dictadura, desde su propio sector le quitaron apoyo. Algunos llegaron hasta a ridiculizarlo. Es curioso que fuera Quintana, militante de un partido instrumental, como es el Partido por la Democracia (PPD) -o sea con un sustento ideológico laxo, por decir lo menos-, quien hablara de la necesidad de demoler el modelo. Tal propuesta podría haberse esperado de un comunista o hasta de un socialista que siguiera la línea de Salvador Allende. Pero éstos o ya no existen o se adecuaron a una nueva realidad política, que por sobre la necesidad cambios sustantivos, se impone la necesidad de la subsistencia. Esa parece ser la nueva verdad política.
Encuentra y comenta este y otros Aportes en: http://www.wilsontapia.cl

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