El abandono de los canales comunitarios con la llegada de la TV digital

señal-la-victoria-790x445Cada jueves, desde las seis de la tarde, los vecinos de la población La Victoria conectan sus antenas y sintonizan el canal 3 de la televisión abierta. Ahí ven noticias, programas culturales, dedicados a memoria, contenidos sociales de la iglesia católica, música popular chilena. Todo autogestionado por veinte personas en base a equipos por los que se han endeudado o que les han regalado.

 Se trata de la Señal 3 La Victoria, uno de los canales comunitarios pioneros en Chile, que está al aire desde 1998 a punta de autofinanciamiento, sin un peso de aporte fiscal, y colgándose de la única señal libre del espectro: el canal 3. A pesar de llevar años al aire, es reconocido en el sistema de televisión chileno solo desde la entrada en vigencia de la nueva ley que permite la introducción de la televisión digital terrestre desde mayo de 2014. Antes, la Señal 3 no era ni legal ni ilegal –como es el caso de las radios comunitarias-, simplemente no estaba contemplada en el sistema.

Ahora que son reconocidos por la ley, Señal 3, como el resto de los canales comunitarios, tienen la facultad de postular para ser concesionarios de una de las nuevas señales del sistema de televisión digital que va a sustituir al análogo definitivamente desde el “apagón” fechado para  fines de 2018.

¿El problema? Los requisitos tecnológicos para ser un operador de las nuevas señales implican costos estratosféricos para pequeños canales. Según los cálculos de la Asociación nacional de canales comunitarios de Chile, obtener la antena, el transmisor y el resto de los equipos necesarios para unirse al nuevo sistema supone un costo de 30 millones de pesos por cada canal.

Un monto difícil de costear para canales cuyo sustento base para pagar el consumo de electricidad, comprar cintas o baterías –que en total suman cerca de 300 mil pesos mensuales de gastos- es la publicidad local. En el caso de La Victoria, por el comercial más caro cobran 30 mil pesos mensuales, mientras que los más baratos son para las verdulerías y las carnicerías del barrio. Esa publicidad, las rifas y los aportes voluntarios de los vecinos difícilmente alcanzan para tener la tecnología de punta que les exige la ley.

Además, están contra el tiempo. Los grandes operadores de televisión que ya tenían asignado un canal en el sistema análogo -como lo son TVN, Canal 13, Chilevisión, Mega y La Red- tienen una señal asegurada en el nuevo sistema. Los nuevos operadores, en cambio, deben postular para conseguir una concesión, proceso que comienza en marzo de este año. Como para postular es requisito contar con la tecnología adecuada, muchos de los canales comunitarios van a demorarse en poder postular; mientras tanto, otros canales más grandes, incluso de carácter comercial, tendrán la capacidad de postular, copando los cupos de los pequeños transmisores.

“Esta es una ley engañosa. Hay barreras de entrada de orden tecnológico. Todo eso debería ser subsidiado por el Estado, en todas partes del mundo ha sido así. En cambio acá, por presiones de los grandes operadores, han tratado de evitar el apoyo”, asegura Roberto Trejo, director de la Red de Televisión de Universidades Estatales de Chile y experto en comunicación audiovisual.

“A partir de la ley se reconoce al sector y se dice que va  a tener una reserva que es del 40% (de las señales). Pero en realidad la reserva es que el 60% se destina a los canales actuales. En el otro 40% entran nacionales de carácter cultural, regionales, locales y comunitarios. El problema es de recursos: el primero que llega es el que va a quedar. Es una reserva que no tiene nada de reserva; es la sobra en realidad”, afirma Chiara Sáez, experta en comunicación y políticas públicas, académica del Instituto de la Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile, que ha participado de las mesas de trabajo de la Subtel.

“Se tiene que trabajar con la especificidad de cada sector y luego darle a cada cual en virtud de sus necesidades, que sea un trato equitativo. Apoyar más a los sectores débiles que son el comunitario y el local, pero lo que hemos visto es al revés: se les da más a los nacionales”, señala Sáez.

A pesar de lo anterior, Rodrigo Ramírez, director del programa para TV Digital en la Subsecretaría de Telecomunicaciones de Chile (Subtel), asegura que la máxima de la ley es incluir a los canales comunitarios y que, por lo mismo, al momento de otorgar las concesiones priorizarán el proyecto del canal antes que la marca de sus equipos o si poseen la infraestructura completa. “El destino del canal comunitario no se va a jugar por el nivel de su transmisor, sino por si su proyecto es educativo y aboga por la pluralidad. La parte técnica es sólo un porcentaje; el Estado necesita nuevos actores y democratizar el espectro”, asegura.

“A este gobierno le interesa el desarrollo de la televisión comunitaria, ahora pueden ser concesionarios. Pero sabemos que esto ha sido una barrera de entrada para los canales chicos porque porque tienen que gastar plata en el transmisor y en luz, y no tienen las lucas para esa inversión entonces estamos probando que a través de una frecuencia salga mas de un canal”, agrega.

Se refiere a un plan piloto que está llevando a cabo la Subtel con la Asociación nacional de canales comunitarios en la zona sur poniente de Santiago. Cuatro canales comunitarios del sector ya cuentan con el permiso experimental de la Subtel para comenzar a transmitir dentro del nuevo sistema hasta que se entreguen las concesiones definitivas con un transmisor prestado por una empresa por un plazo de seis meses. “Estamos subiendo a quienes siempre han estado marginados de la del tema de la ley de televisión: los canales comunitarios”, concluye Ramírez sobre el proyecto que incluye la Señal 3 de La Victoria.

Pero Luis “Polo” Lillo, presidente de la Asociación nacional de canales comunitarios y cabecilla de la Señal 3 de La Victoria, no está conforme con el acuerdo porque sabe que no soluciona el problema de fondo.

“Si bien nos va a facilitar las cosas, una golondrina no hace verano. Nosotros entregamos cultura, identidad, educación, memoria, por eso nos tiene miedo la casta política del país. Por eso nos ponen más restricciones. Se ve reflejado en esta ley discriminatoria que perjudica a los sectores populares, a la gente más pobre del país. Pero la ley que hagan nos la pasamos por la raja”, dice Lillo. Asegura que, de aquí a fin de año, van a parar al menos 50 canales comunitarios a lo largo de Chile con o sin ayuda del gobierno.

De la tele comercial a la cultural

Hay dos proyectos de ley pendientes referidos al nuevo sistema de televisión chileno, que fueron parte de las promesas de gobierno de Michelle Bachelet.

Uno de ellos es conocido como Ley larga de TVN, que incluye indicaciones, aun no ingresadas, para que el canal nacional tenga un rol volcado hacia el bien común de la sociedad chilena. En términos prácticos, esto implica tener programación que eduque, fomente el enriquecimiento cultural, tienda a la formación cívica democrática, promueva el pluralismo, la integración regional y fomente las creaciones nacionales (40% de la parrilla programática).

El segundo proyecto es el que crea el Canal cultural. Se trataría de una de las dos señales que, gracias a la nueva ley de TV digital, estarán al alero de la principal señal de TVN y se centrará en emitir únicamente contenido cultural, privilegiando las creaciones nacionales de carácter independiente.

Como las indicaciones no han sido ingresadas, no se sabe a ciencia cierta en qué consistirá este nuevo enfoque cultural de la televisión. Tampoco con cuánto apoyo financiero estatal contará, que es uno de los puntos más controvertidos para los consultados por eldesconcierto.cl, que reclaman que con la nueva ley digital se perpetúa un sistema de televisión centrado en lo comercial.

“El enfoque que sigue predominando en la Televisión digital es el de mercado, no el interés de ciudadanía ni la diversidad sociales que existe en Chile. Las leyes dicen cosas muy bonita, pero de ahí… la ley no cambia la realidad”, dice Roberto Trejo.

El investigador pone como ejemplo de este predominio del mercado el hecho de que TVN deba autofinanciarse con publicidad a pesar de que supuestamente debe responder a las expectativas de un canal público. “No hay política pública sobre la TV. El gran ejemplo de esta suerte de dejar que el mercado resuelva es lo que pasa con TVN. Yo defiendo que el Estado tenga un canal, es bueno para el país y se hace prestando función pública”, alega Roberto Trejo.

Ahora, al estar en uno de los últimos lugares de sintonía a nivel nacional, TVN enfrenta una pérdida de $17.924 millones durante los primeros nueve meses del año 2015, según informó la Superintendencia de Valores y Seguros. La crisis financiera se debe a que esa falta de rating han disminuido los ingresos por publicidad casi a la mitad.

“Hay un agotamiento del modelo de televisión comercial que ha estado ordenando su parrilla sin mirar las nuevas lecturas de qué es lo que consume la gente en términos de contenido, que tiene que ver con otras variables de intereses y de la discusión del rol de la TV abierta, pública, lo que hemos visto con TVN versus otras formas de consumir contenido”, explica Patricia Peña, magíster en comunicación especialista en medios ciudadanos y académica de la Universidad de Chile.

“La nueva norma de TV digital lo que hizo fue buscar una normativa técnica más que solucionar el tema de fondo, que es el contenido”, asegura Paula Gálvez, organizadora del canal comunitario de Pichilemu que también aboga por un vuelco en el sentido de la televisión chilena.

Es precisamente a esa función pública de la televisión a la que apunta el proyecto de la Red de Televisión Universidades del Estado de Chile (UesTV).

UesTV es una alianza de 14 universidades que se creó hace cuatro años con el propósito de generar la primera red nacional de TV educativa y cultural en el nuevo sistema de televisión digital terrestre. Hoy, doce de ellas están funcionando con un permiso experimental de la Subtel y están en proceso de licitación para comprar las antenas y comenzar a transmitir a lo largo de 2016. “Cumple una función distinta que los canales comerciales tradicionales. Además, la idea es que sean laboratorios para las escuelas de diseño, de ingeniería, etc. porque una de las características de la televisión digital es que soporta otros servicios interactivos, como aplicaciones”, dice Trejo del proyecto que se financiará con fondos propios de las universidades.

fuente: El Desconcierto

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