“El 2 de octubre no se olvida”: A 50 años de la matanza de Tlatelolco

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La matanza de la Plaza de Tlatelolco es el nombre con el que se conoce a la dura represión que hubo por parte de las fuerzas militares y policiales mexicanas contra estudiantes y trabajadores en medio de una manifestación. Este suceso culminó con un saldo de más de 300 muertos, -cifra no aceptada por el gobierno- y abrió una herida que, cincuenta años después, sigue presente en la memoria colectiva de los mexicanos.

El año 1968 fue muy conmocionado. Los jóvenes del mundo entero cuestionaban el status quo en el cual vivían. En Francia la falta de oportunidades laborales para los jóvenes egresados de las universidades provocó el conocido Mayo del 68, movimiento al cual más adelante se le sumaron sectores obreros y trabajadores. La influencia de esta insurrección no tardó en hacerse sentir en el resto del globo. En Estados Unidos las manifestaciones contra la guerra de Vietnam y el movimiento por los derechos civiles de los afrodescendientes marcaron ese año. Esta efervescencia también llegó a sectores universitarios en México que comenzaron a clamar por mayores libertades civiles y menos autoritarismo por parte de las autoridades. Rápidamente las consignas universitarias se esparcirían por otros grupos de la sociedad civil.

En el 68′ México se preparaba para celebrar sus primeras Olimpiadas en territorio nacional. Los esfuerzos gubernamentales estaban enfocados en la construcción de estadios y recintos deportivos, a pesar de que el país estaba paralelamente atravesando una grave crisis económica. El gobierno de Gustavo Díaz Ordazbuscaba estrategias para disminuir el creciente movimiento social ante las amenazas del Comité de los Juegos Olímpicos de suspenderlos si es que la situación se mantenía. 146 días duró el movimiento hasta su trágico y abrupto final. 

La tarde del 2 de octubre miles de personas se concentraron en la Plaza de las Tres Culturas localizada en la capital mexicana. Los líderes del movimiento darían a conocer un pliego petitorio para el gobierno. A las 6:10 de la tarde un helicóptero que sobrevolaba la plaza lanzó una bengala como señal. Acto seguido comenzaron a disparar desde lo alto de los edificios que bordeaban la plaza, a los cuales se sumaron los disparos de los guardias que resguardaban la concentración contra la multitud y otros ataques de fuerzas policiales infiltradas como civiles entre los manifestantes.

El día después de la tragedia los medios de prensa leales al gobierno minimizaron la masacre tachando el suceso como un enfrentamiento entre terroristas y soldados, donde murieron menos de 30 personas y tan sólo habrían 80 heridos en ambos bandos.  El gobierno de Díaz Ordaz finalmente dio una cifra oficial de 24 muertos. No obstante medios internacionales afirmaron que el número de asesinados era de cientos de civiles. Actualmente todavía no existe un consenso con respecto al total de defunciones, pero se según testimonios es probable que sobrepasen los 300.

La semana pasada por primera vez un órgano del Estado mexicano afirmó que la masacre sufrida por el movimiento estudiantil del 68′ se trató de un “crimen de Estado”.  Jaime Rochín, secretario de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) presentó una resolución que correspondería a la primera reparación colectiva a esta tragedia. Aún así la herida está lejos de cerrarse. Todavía cincuenta años después del hecho no se conocen todos los nombres de los muertos y no se ha hecho justicia.

El aniversario número 50 de este acontecimiento llega en un momento de mucha tensión social por el que está atravesando el país. Hace pocos días se conmemoraron cuatro años de la desaparición de 43 estudiantes normalistas en Ayotzinapa, varias organizaciones sociales decidieron marchar a pesar de la lluvia que cayó ese día para continuar exigiendo verdad y justicia.

El pasado viernes, en contexto del Día Internacional por la Despenalización y Legalización del Aborto una marcha masiva cruzó las calles de la capital con sus pañuelos verdes como insignia demandando que se despenalice el aborto en todo el territorio nacional. De igual forma, a inicios del mes pasado más de 30.000 alumnos se reunieron en el Campus Central de la UNAM para protestar contra los grupos de choque, cuya presencia pretende inhibir la libertad de expresión de la comunidad universitaria, en los enfrentamientos con éstos han resultado varios estudiantes heridos de gravedad. Con todos estos conflictos sociales a flor de piel se realizarán las manifestaciones y actos culturales del 2 de octubre. El contexto de violencia e impunidad presente en la sociedad mexicana parece no haber cambiado mucho aún 50 años después.

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