Dramas políticos

Por Wilson Tapia Villalobos Hoy el día comenzó con drama. El ex presidente Ricardo Lagos bajó su candidatura presidencial. Su aspiración de volver a La Moneda terminó en el pleno del Comité Central de su Partido, el Socialista de Chile (PS).

Wilson_TapiaPor Wilson Tapia Villalobos

Hoy el día comenzó con drama. El ex presidente Ricardo Lagos bajó su candidatura presidencial. Su aspiración de volver a La Moneda terminó ayer en el pleno del Comité Central de su Partido, el Socialista de Chile (PS). De sus 107 integrantes, 67 se pronunciaron a favor del senador independiente pro radical, Alejandro Guillier, 36 lo hicieron por Lagos y 4 votaron en blanco.

Fue el golpe mortal para la candidatura del ex mandatario, quien ya era el abanderado del Partido por la Democracia (PPD). Sin embargo, eso no bastaba para aspirar a ser el representante de la coalición de gobierno en la próxima elección presidencial de noviembre. No solo por el escaso peso específico que puede tener hoy el PPD -que aún no logra las firmas suficientes para reinscribirse como Partido-, sino por la exigua preferencia que marcaba en las encuestas, alrededor del 2%.

De cualquier modo, lo ocurrido en el PS va bastante más allá del efecto que pueda hacer la derrota en el ego del ex presidente. Lo primero que llama la atención es que un Partido, enfrentado a la decisión de elegir un candidato presidencial, se pronuncie por un hombre ajeno a sus filas. Sobre todo que Ricardo Lagos no es cualquier militante. Se trata de uno de los referentes que hoy puede mostrar el socialismo chileno.

Por otra parte, esto obliga al PPD a sumarse a la candidatura de Guillier, so pena de quedar fuera de las decisiones más importantes que pueda tomar la Nueva Mayoría.  En especial, en materia parlamentaria.  La lista de senadores y diputados tendrá que ser discutida entre los aliados y por lo que se está viendo, el PPD por su cuenta tiene poco poder para presionar.

Sin embargo, la nueva realidad que se crea con la desaparición de la candidatura de Lagos afecta directamente a la existencia de la Nueva Mayoría. De ahora en adelante, las diferencias existentes al interior de la coalición serán explotadas de manera más acentuada por la derecha. Eso se daba por descontado. Lo nuevo es que las relaciones entre socios se harán más tensas.  La Democracia Cristiana sabe que finalmente el PPD se sumará a Guillier y jamás pensaría en contar con el apoyo del Partido Comunista para su candidata, Carolina Goic. Así es que se hace más evidente que nunca que tendrá que llegar con  ella hasta la primera vuelta presidencial. ¿Soportará esa tensión la Nueva Mayoría?  Es difícil saberlo, aunque el atractivo del poder es cada vez más subyugante para quienes lo ejercen.

Hay otros interrogantes que se han abierto. ¿Por qué los socialistas eligieron a un personaje que no es militante de su Partido como abanderado presidencial? Para muchos, la respuesta es simple: la mayoría se dejó llevar por las encuestas. Y, claro, Guillier sumaba casi un 20% más que Lagos. Pero quedarse solo con esa reflexión puede ser engañoso. Es posible que no se trate solo del afán triunfalista y muchos de los integrantes del Comité Central del PS hayan dado una muestra político-ideológica con su voto.  A aquellos se le podrá criticar que despreciaron a uno de sus filas.  Pero sus argumentos pueden ir por la vertiente de preguntarse si Lagos era un verdadero socialista.  Un socialista como Salvador Allende, por ejemplo.  Y la respuesta invariable será que no.  Aunque el tiempo haya cambiado, aunque la política haya cambiado, los ideales siguen siendo los mismos.  Lagos es un socialdemócrata -igual que el PS- pero aggiornado, seguidor de la Tercera Vía, que plantea una economía mixta e ideológicamente se ubica en el centrismo o el reformismo.

En su gobierno, Lagos hizo tenues reformas a las estructuras económicas que heredó de la dictadura.  Y existen áreas que las abrió al gran capital nacional y extranjero sin poner barreras que sirvieran de resguardo a los ciudadanos chilenos.  Uno de esos casos es el de las autopistas, que están entre las más caras de América Latina. Tal vez fue la decepción que causó su gobierno el que hizo que los miembros del Comité Central del Partido Socialista le dieran la espalda. Si así fuera, sería una decisión política que el PS tendrá que plasmar en propuestas que lleve su abanderado presidencial. ¿Estará Guillier, un novato en política, dispuesto a impulsar los cambios estructurales que Chile necesita y que, al parecer, la mayoría de la dirigencia socialista ambiciona?

Sin duda, la renuncia de Lagos abre grandes interrogantes.  Y no son menores las que se relacionan con la calidad del equipo que pueda acompañar a Guillier. Cercano al Partido Radical, hasta ahora no ha dado muestras de propuestas que denoten un trabajo de elaboración profundo. Su identificación con el radicalismo no resuelve las dudas que, en tal sentido, puedan surgir.  En los últimos años, el PR no se ha caracterizado por ser un Partido propositivo ni siquiera en el área que distinguió a algunos de sus más destacados líderes en el pasado: la Educación.

En todo caso, este es un drama político en desarrollo. Nada está dicho aún. Que la renuncia de Lagos pueda ser interpretada como un terremoto político, tal vez sea exagerado.  Pero aceptando que el remezón que produjo es importante, justo sería decir que, más que la renuncia, el verdadero impacto telúrico lo produjo la designación de Guillier.  Es lo nuevo, bueno o malo.  Y dice claramente que ahora no son los partidos, en exclusiva, los que determinan a los líderes. Ese es el resultado más llamativo de este “drama”.

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