Dos millones más y varios puntos menos

Por Gabriel Rodríguez, periodista.

No son parte del sueldo. Pero el país no está para autoasignaciones, sean las que sean. Ni dos millones, ni 200 lucas. Simplemente la ciudadanía se cansó y no puede aceptar que para unos pocos sea tan fácil asignarse un par de millones, mientras millones de chilenos sobreviven endeudados y agobiados con salarios que no sobrepasan los 300 mil pesos.

El debate de estos días en torno a esta asignación ha demostrado que más allá de las palabras, existen personas que han acompañado y entienden lo que está pasando en nuestro país y otros que parecen creer que todo sigue igual y que la oligarquía en el poder puede repartirse recursos sin límites en un país donde las mujeres con cáncer no pueden comprar sus medicamentos para combatir la feroz enfermedad.

Hace años que el tema de los ingresos de los parlamentarios ronda en los círculos ciudadanos con un manto de oscuridad y rumores. Nuestros senadores y diputados gozan de ingresos y asignaciones que no guardan relación alguna con la realidad del 80% de los chilenos, Cuentan con financiamientos y apoyos que ningún trabajador o profesional podría soñar para desempeñar su trabajo. En un país con 3 millones de pobres, con mil y tantos campamentos, con 200 mil damnificados aún sin casa, con un millón que sobrevive con menos de 150 mil pesos al mes, simplemente la historia de los 2 millones, sea como sea, es inaceptable.

Lo lamento porque ha sido un nuevo disparo en el corazón de la democracia que es el Parlamento y sin duda es pan para hoy y hambre para mañana. El desprestigio de la política y las instituciones de la democracia es sólo pérdida para el pueblo y ganancia para los populistas y los autoritarios.

Cambiar el binominal es urgente y necesario antes que la crisis de credibilidad y adhesión pudiera generar situaciones peligrosas. Pero también se requiere de parlamentarios comprometidos con el servicio público, sobrios, honestos, transparentes y con sentido de la realidad.

Nada podría ser mejor para nuestra democracia que contar con representantes solidarios, que comparten con la ciudadanía la suerte de vivir en un país desigual, con carencias enormes y desafíos gigantescos para lograr un desarrollo con igualdad y equidad. Esa solidaridad implica un siempre cuidadoso y riguroso manejo de los recursos de todos los chilenos.

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