Dos hebras de la misma madeja

trabajadores tomeEn esta primera  sección de entrevistas, La Trama de Tomé fue al territorio de Bellavista, lugar donde se emplaza la que fuera una de las más importantes industrias textiles del país. Al recorrer el barrio, se ven los distintos tiempos que estuvo esta fábrica. Quisimos ahondar un poco y entrevistamos a la señora María Zenteno, Presidenta de la Junta de Vecinos Los Tilos, que tiene a su haber un curso de Liderazgo y Gobernanza para dirigentes sociales en la Universidad de Concepción. Ella nos cuenta que Los Tilos fue la primera población surgida desde los trabajadores textiles de Bellavista-Tomé, 96 casas. La señora Zenteno nos dice que su ingreso a la industria fue el 15 de julio de 1970. Trabajó en el salón de ventas, en terminación, apresto seco, sala de costura y terminó en revisión de paños.

Al ser consultada sobre la significación que tiene para ella que la Fábrica Bellavista Oveja Tomé, donde trabajaron generaciones de personas, sea declarada Monumento Histórico Nacional, nos dice: “Pienso que es muy importante. Lástima que en Chile no se protejan como es debido las cosas que son patrimonio. Vea usted las industrias que se han deteriorado, la FIAP se fueron no más. La Bellavista (FBOT) es la entrada a Tomé, es lo textil, y ese reconocimiento que ha tenido esta industria no lo tuvo ni Oveja ni FIAP. Porque después de haber estado quebrada, fue reconocida por la calidad de sus telas”.

Continua con su clara memoria: “En Bellavista trabajaban en los años 70 como mil 800 personas y en todas las secciones existían mujeres, incluso en maestranza existía una secretaria. Los errores en la industria se pagaban con el despido, pero si una hacía bien su pega estaba asegurada. No es lo que pasa ahora en las empresas que uno llega y no está segura. Una está un mes, dos meses, y después fuera. Antes había una seguridad laboral tremenda”.

Nos sigue relatando: “Yo, gracias a la empresa, tengo mi casa. Ella nos donó los terrenos para que se hiciera nuestra población. Empezamos a juntar nuestros pesitos y vendíamos nuestros cortes de paños y las regalías se reducían a dinero. Eso se iba a una libreta de ahorra al Banco del Estado para poder tener nuestra casa. El fléxit del piso, los cilindros de gas, las rejas de madera que eran muy bonitas, se hizo con esa plata. La población no estuvo exenta de conflicto nos cuenta: “Porque con el gobierno militar nos querían quitar las casas; pero, gracias a que teníamos buenos dirigentes, se tomó un abogado y la población quedó para los trabajadores. Recién el año 1977 nos entregaron las casas.

Al ser consultada que significó como mujer trabajar en la fábrica textil, al saber que posiblemente se cierre, nos dice: “Es doloroso. Yo, gracias a dios, soy pensionada. Pero igual da pena, es una tristeza. Nosotros conversamos con más trabajadores de mi misma edad o mayor. Nosotros gracias a la empresa tuvimos casa, educamos a nuestros hijos”.

¿Qué le gustaría que pasara en las dependencias de la industria? “Primero que nada que no desapareciera nada, nada de la fachada, si hay que hacer algo que sea dentro, por ejemplo unos buenos restaurantes para el turismo, hoteles que se necesitan. La capacidad de la empresa lo da”.

Le consultamos si sabía que las maquinaria de la empresa se estaba vendiendo, nos dice: “Si todo lo sacaban de noche. Pero resulta que los vecinos que viven cerca, escuchaban el ruido de la entrada de camiones. Todo el mundo sabía que se estaban llevando de noche las cosas. ¿Por qué lo hacen de noche? Por qué no hay una transparencia”.

Le preguntamos si recordaba algún tipo de tela que se producía en la textil. Nos respondió con mucha propiedad: “Teníamos el blin-blin que era una tela buenísima. Otra era el canciller, parecida al blin-blin pero de menor calidad; teníamos la franela, los casimires, las gabardinas para las fuerzas armadas. También los chalones, las frazadas, los ponchos. Pero las telas con más prestigio eran el blin-blin y los casimires.

María Jesús Vargas Villarroel, joven universitaria dirigente, es segunda directora de la Junta de Vecinos N° 1 de Bellavista, el sector más emblemático, donde se emplazan las casas, el gimnasio, el internado (antiguo casino), el sindicato de trabajadores, la iglesia parroquial, etc. Conversamos con ella.

María Jesús, ¿qué ha significado para ti la FBOT?

Es una gran motivación el patrimonio, ya que en las luchas sociales y en la sociedad actual, la historia y la identidad no son mucho tema. Lo vemos en las grandes transnacionales que vienen a saquear nuestros recursos naturales y matar toda la historia. En ese sentido, una de las luchas grandes es recuperar el patrimonio, porque acá se habla mucho de turismo, pero el turismo de mayor valor no se alimenta del comercio nuevo, sino que el turismo que tiene mayor valor es el que conserva su identidad y el espacio colectivo de una localidad. Eso se ha perdido bastante. Yo me siento muy motivada por el sector Bellavista. Casi toda mi vida he vivido acá. Mi abuelo trabajó en la fábrica. Él me contaba muchas historias de cuando trabajaba además de entregarme valores propios de un abuelo. Él influyó en el pensamiento social que tengo. Él fue jefe de seguridad primero y terminó como jefe de personal y bienestar social.  Tuvo mucho vínculo y cercanía con los trabajadores, y fue impulsor de muchas iniciativas. Estas son quizás mis motivaciones que me ayudan a luchar y estar en las movilizaciones para que la fábrica sea decretada patrimonio de Chile. De esta manera, le dará más seguridad a la infraestructura de la fábrica y así evitaría que fuera demolida, o cambiado en su totalidad el espacio que es patrimonial. No queremos que los privados destruyan este espacio que es muy identitario de Bellavista y de Tomé.

¿Qué esperarías de las autoridades locales, regionales y nacionales?

Es necesario que las autoridades locales y regionales, las juntas de vecinos, los clubes deportivos, los espacios culturales, digan alguna opinión apoyando esta causa. Se ha dicho mucho para qué quieren declarar patrimonio, ¿para que el lugar se pierda y quede como un lugar abandonado? Yo estoy clara que ésta no es la intención de los que luchan por el patrimonio. Esto no está enfocado para que sea un lugar muerto, sino por el contrario para darle vida preservando la estructura de la industria como patrimonial. La idea pienso es que el espacio viva, que se pueda ocupar, que sea útil a la gente. Este es un espacio donde se pueden hacer muchas cosas que la gente quiere en Tomé y en Bellavista. Necesitamos que la gente se informe y pueda tener opinión. De este modo podremos defender con más fuerza cuando este amenazado monumento histórico. Esto no es por cuidar un espacio físico y nada más, sino que esto lleva mucho más tiempo. Nos han puesto unos tremendos edificios a la orilla de nuestra playa, donde estaba la línea férrea, la sala de mantención, la estación, todo eso que era muy histórico y muy patrimonial de Tomé lo perdimos. Solo están la memoria y algunas fotos, pero eso ya no va a estar más. Hoy tenemos edificios y una costanera que si bien es bonita, acabó un poco con lo que es Bellavista. No podemos seguir perdiendo nuestros lugares identitarios e históricos de acá que nos hacen ser lo que somos, Bellavista textil. Por qué se preguntará la gente después. No se va a entender nada si no preservamos esta historia expresada en la conservación de la FBOT.

¿Qué te gustaría que sucediera en la FBOT des pues de ser decretada como Monumento Histórico Nacional?

La fábrica es una infraestructura tan grande que se pueden hacer miles de cosas. Para mí, incentivar lo que son la cultura y el arte. El deporte también. Una escuela popular, un centro de artes escénicas, un anfiteatro, un cine tal vez,  También el espacio serviría para hacer algo más de salud, un barrio bohemio para llamar la atención de los turistas. En fin, un sin fin de cosas. También un lugar con un espacio para un museo vivo que cuente la historia. Que sea también cuidado con la gente.

Claudio Ramírez publicado por La Trama de Tomé

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