Donar, dar y recuperar

Por Rosario Puga, Corporación La Morada

Fuente: Acción

¿Cómo entender el proyecto de ley sobre exención tributaria a las donaciones como parte del plan de reconstrucción del gobierno? Tendrán que disculpar mi ignorancia pero ¿Por qué una ley especial? Existen una serie de mecanismos para descontar impuestos para las donaciones de beneficencia. ¿Entonces?

Lo primero que se podría pensar es en un gobierno en bancarrota, que apela a un sector de la ciudadanía para superar una crisis. Entonces sería como le recolección del oro de las señoras golpistas que hizo Pinochet al inicio de su gobierno.

Otra posibilidad es que la medida sea el contrapunto para equilibrar la balanza, si se aumenta la carga tributaria a las grandes empresas. Si así fuera el presidente estaría tratando de paliar los “daños colaterales” que provocarían las medidas sobre un circulo empresarial que le es cercano y que ha sido llamado hacerse cargo de la reconstrucción, a través de la asignación a dedo de los negocios que implica.

Pero también puede ser una medida que confiera espacio a de una serie de fundaciones y organizaciones, que se gestionan en base a las actuales leyes de donación, para ampliar su radio de influencia en el contexto de la reconstrucción.

Cualquiera que sea la explicación correcta, como recuerda en su editorial el diario electrónico El Mostrador, el mecanismo del beneficio tributario a las donaciones se ha usado cuantiosamente, hasta el punto que existe un amplio marco legal que lo regula. Y aunque nunca se ha hecho una evaluación sobre los aciertos o problemas de los mecanismos vigentes, en casos como el de las donaciones a proyectos educacionales, es evidente que la ley no evita la conformación de círculos de interés entre donantes y beneficiarios o entre marketing y bien social.

Entonces si el mecanismo existe, la suma urgencia que le ha puesto el gobierno se debe inspirar en algo distinto. La idea de la Moneda es allanar un modo de operación basado en la ampliación del rol de los privados para ser gestores de servicios.

Sabemos que se busca un marco legal para la catástrofe. No se trata de donaciones personales para la beneficencia. Hasta ahora las leyes sobre donaciones permiten el funcionamiento de fundaciones muchas veces sostenidas por los mismos donantes. Desde ese modelo se puede pensar que la intención gubernamental es tener mecanismos más simplificados o sea menos regulados, con los cuales las donaciones operen desde una institucionalidad privada, que presta servicios y establezca una red que sustituya la iniciativa estatal por ejemplo en la recuperación de la red educacional.

El punto es hacer de la crisis una oportunidad, creando atractivas oportunidades de mercado. En clave neoliberal estas medidas siempre aparecen después de acontecimientos de carácter catastrófico y conforman lo que Naomi Kleinn llama “capitalismo del desastre”

El problema es que en este marco la operación de las redes benéficas en las zonas de catástrofe, sustituyen el rol del estado y a la larga debilitan sus instituciones y privatizan bienes públicos.

Oponerse a dar facilidades para la “ayuda” no es una opción muy popular. Se corre el riesgo de ser considerado mezquino y de estar a obstaculizando las soluciones para la superación de la crisis. Más aún frente a una ciudadanía agotada y traumada. Pero el billete con elástico, el ciclo de dar, descontar y recuperar aunque tenga buen marketing es un modo de hacer negocios con la tragedia.

Frente a la urgencia de la Moneda para imponer esta medida y otras como la venta de activos de CODELCO, hay que recordar que frente a las catástrofes “una administración disfruta de seis a nueve meses para poner en marcha cambios legislativos importantes; si no aprovecha la oportunidad de actuar durante ese período concreto, no volverá a disfrutar de ocasión igual”.Lo dijo Milton Friedman, un mes antes de morir en una columna de opinión sobre Nueva Orleáns después de Katrina

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