DESPUÉS DEL TERREMOTO

Por Wilson Tapia  Villalobos

Han pasado 17 días desde el terremoto y Chile, entre réplicas, comienza a volver a la normalidad.  Las secuelas son profundas, trágicas, con huellas materiales y psicológicas. Los especialistas coinciden en que la recuperación será lenta.  No es fácil reponer US$ 30.000 millones que es el cálculo oficial que ha hecho de los daños el gobierno. Y tampoco es sencillo recuperar el equilibrio entre temblores, que a veces llegan a ser nuevos terremotos.

La prueba de la fragilidad psicológica de los chilenos vino de la mano de un corte de energía eléctrica, la noche del domingo 14 de marzo. Un apagón que abarcó nada menos que diez regiones del país.  O sea, casi todo el territorio nacional.  Y la sensación de catástrofe cayó nuevamente sobre una población hipersensibilizada. Los psicólogos recomiendan relajarse llevando a cabo actividades que distraigan la mente.  Una sugerencia difícil de cumplir entre remezones y, en las zonas más afectadas, con  carencias tan elementales como un techo bajo el que guarecerse. Y más ahora que entramos en un otoño que por lo general, en el sur devastado, es siempre lluvioso.

En medio de tanto desastre, ocurren noticias que deben haber traído alegría a algunos chilenos. Como esta información que sólo publicó de manera destacada el Diario Financiero, el mismo día de la asunción del nuevo gobierno. El último ranking Forbes de multimillonarios, ubicó a cinco compatriotas entre los más ricos del mundo.  En medio de ellos se encuentra el presidente Sebastián Piñera que, según la publicación, duplicó su fortuna en los últimos doce meses.  Su patrimonio alcanza hoy a los US$ 2.200 millones. Y en el ranking ocupa el lugar 437, subiendo desde el 701, cuando las cifras consideradas en el 2009 mostraban que su fortuna era de sólo US$ 1.000 millones.

Antecediendo a Piñera están Iris Fontbona -viuda de Andrónico Luksic- y familia (lugar 52), con US$ 11.000 millones; Heliodoro, Bernardo y Patricia Matte (84), con US$ 8.100 millones; Horst Paulmann y familia (154), con US$ 5.000 millones.  El informe señala que a excepción de Paulmann, que no era considerado en el análisis del año anterior, todos los restantes incrementaron considerablemente su fortuna, pese a la severa crisis financiera mundial. Cabe destacar una curiosa condición.  Chile, país pequeño en tamaño, en población y en volumen económico, tiene a cinco de sus hijos entre los más destacados multimillonarios del mundo. Una demostración de la justicia de ubicar a Chile entre las diez naciones que peor reparten su riqueza en el planeta.

A diferencia de lo que acontece con estos connotados compatriotas, el chileno medio enfrenta una realidad extremadamente frágil.  El terremoto dejó al desnudo que uno de los grandes aportes tecnológicos de los últimos años, la telefonía celular, no es mucho más que un negocio extremadamente rendidor. Luego del movimiento sísmico y cada vez que ha habido réplicas o un apagón, la telefonía móvil deja de existir. La explicación de las compañías es que la red nacional está calculada para enfrentar fluidamente la demanda de 1 millón 600 mil usuarios.  ¿Por qué se vendieron, entonces, 16 millones de cupos? Si uno formula esta pregunta, la respuesta es colateral y habla del avance que significa cobertura total para la población. Si se insiste, le responden que mantener la conectividad sin problemas llevaría el valor del minuto de comunicación de $80 pesos, lo que se cobra  actualmente, a $500.  En otros términos, el negocio se hace igual, aunque sólo se pueda conectar el 10% de los usuarios que pagan.

Algo de lo mismo ocurre con las autopistas concesionadas. Pasarelas peatonales en el suelo, puentes de conexión cortados, terraplenes que cedieron. ¿Se aplican aquí los mismos estándares que les exigen en Europa a los constructores españoles? Y, además este es un país sísmico.

Justo en este punto se abre nuevamente el debate acerca de si los servicios básicos pueden quedar librados al juego del mercado.  Una decisión errada en tal sentido podría significar que Chile nuevamente quedara incomunicado. Las autoridades recién asumidas tendrán que resolver este dilema. En la mayoría de los casos, son fervientes partidarios de seguir las leyes del mercado. Pero en esta materia todos los chilenos deberíamos tener algo que decir. Y no ser meros espectadores en una pugna que es más mediática que real.

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